1 Reyes 1
1
COMO el rey David era viejo, y entrado en días, cubríanle
de vestidos, mas no se calentaba.
2
Dijéronle por tanto sus siervos: Busquen á mi señor
el rey una moza virgen, para que esté delante del rey, y lo abrigue,
y duerma á su lado, y calentará á mi señor
el rey.
3
Y buscaron una moza hermosa por todo el término de Israel, y hallaron
á Abisag Sunamita, y trajéronla al rey.
4
Y la moza era hermosa, la cual calentaba al rey, y le servía: mas
el rey nunca la conoció.
5
Entonces Adonía hijo de Haggith se levantó, diciendo: Yo
reinaré. E hízose de carros y gente de á caballo,
y cincuenta hombres que corriesen delante de él.
6
Y su padre nunca lo entristeció en todos sus días con decirle:
¿Por qué haces así? Y también éste
era de hermoso parecer; y habíalo engendrado después de
Absalom.
7
Y tenía tratos con Joab hijo de Sarvia, y con Abiathar sacerdote,
los cuales ayudaban á Adonía.
8
Mas Sadoc sacerdote, y Benaía hijo de Joiada, y Nathán profeta,
y Semei, y Reihi, y todos los grandes de David, no seguían á
Adonía.
9
Y matando Adonía ovejas y vacas y animales engordados junto á
la peña de Zoheleth, que está cerca de la fuente de Rogel,
convidó á todos sus hermanos los hijos del rey, y á
todos los varones de Judá, siervos del rey:
10
Mas no convidó á Nathán profeta, ni á Benaía,
ni á los grandes, ni á Salomón su hermano.
11
Y habló Nathán á Bath-sheba madre de Salomón,
diciendo: ¿No has oído que reina Adonía hijo de Haggith,
sin saberlo David nuestro señor?
12
Ven pues ahora, y toma mi consejo, para que guardes tu vida, y la vida
de tu hijo Salomón.
13
Ve, y entra al rey David, y dile: Rey señor mío, ¿no
has tú jurado á tu sierva, diciendo: Salomón tu hijo
reinará después de mí, y él se sentará
en mi trono? ¿por qué pues reina Adonía?
14
Y estando tú aún hablando con el rey, yo entraré
tras ti, y acabaré tus razones.
15
Entonces Bath-sheba entró al rey á la cámara: y el
rey era muy viejo; y Abisag Sunamita servía al rey.
16
Y Bath-sheba se inclinó, é hizo reverencia al rey. Y el
rey dijo: ¿Qué tienes?
17
Y ella le respondió: Señor mío, tú juraste
á tu sierva por Jehová tu Dios, diciendo: Salomón
tu hijo reinará después de mí, y él se sentará
en mi trono;
18
Y he aquí ahora Adonía reina: y tú, mi señor
rey, ahora no lo supiste.
19
Ha matado bueyes, y animales engordados, y muchas ovejas, y ha convidado
á todos los hijos del rey, y á Abiathar sacerdote, y á
Joab general del ejército; mas á Salomón tu siervo
no ha convidado.
20
Entre tanto, rey señor mío, los ojos de todo Israel están
sobre ti, para que les declares quién se ha de sentar en el trono
de mi señor el rey después de él.
21
De otra suerte acontecerá, cuando mi señor el rey durmiere
con sus padres, que yo y mi hijo Salomón seremos tenidos por culpables.
22
Y estando aún hablando ella con el rey, he aquí Nathán
profeta, que vino.
23
Y dieron aviso al rey, diciendo: He aquí Nathán profeta:
el cual como entró al rey, postróse delante del rey inclinando
su rostro á tierra.
24
Y dijo Nathán: Rey señor mío, ¿has tú
dicho: Adonía reinará después de mí, y él
se sentará en mi trono?
25
Porque hoy ha descendido, y ha matado bueyes, y animales engordados, y
muchas ovejas, y ha convidado á todos los hijos del rey, y á
los capitanes del ejército, y también á Abiathar
sacerdote; y he aquí, están comiendo y bebiendo delante
de él, y han dicho: ¡Viva el rey Adonía!
26
Mas ni á mí tu siervo, ni á Sadoc sacerdote, ni á
Benaía hijo de Joiada, ni á Salomón tu siervo, ha
convidado.
27
¿Es este negocio ordenado por mi señor el rey, sin haber
declarado á tu siervo quién se había de sentar en
el trono de mi señor el rey después de él?
28
Entonces el rey David respondió, y dijo: Llamadme á Bath-sheba.
Y ella entró á la presencia del rey, y púsose delante
del rey.
29
Y el rey juró, diciendo: Vive Jehová, que ha redimido mi
alma de toda angustia,
30
Que como yo te he jurado por Jehová Dios de Israel, diciendo: Tu
hijo Salomón reinará después de mí, y él
se sentará en mi trono en lugar mío; que así lo haré
hoy.
31
Entonces Bath-sheba se inclinó al rey, su rostro á tierra,
y haciendo reverencia al rey, dijo: Viva mi señor el rey David
para siempre.
32
Y el rey David dijo: Llamadme á Sadoc sacerdote, y á Nathán
profeta, y á Benaía hijo de Joiada. Y ellos entraron á
la presencia del rey.
33
Y el rey les dijo: Tomad con vosotros los siervos de vuestro señor,
y haced subir á Salomón mi hijo en mi mula, y llevadlo á
Gihón:
34
Y allí lo ungirán Sadoc sacerdote y Nathán profeta
por rey sobre Israel; y tocaréis trompeta, diciendo: ¡Viva
el rey Salomón!
35
Después iréis vosotros detrás de él, y vendrá
y se sentará en mi trono, y él reinará por mí;
porque á él he ordenado para que sea príncipe sobre
Israel y sobre Judá.
36
Entonces Benaía hijo de Joiada respondió al rey, y dijo:
Amén. Así lo diga Jehová, Dios de mi señor
el rey.
37
De la manera que Jehová ha sido con mi señor el rey, así
sea con Salomón; y él haga mayor su trono que el trono de
mi señor el rey David.
38
Y descendió Sadoc sacerdote, y Nathán profeta, y Benaía
hijo de Joiada, y los Ceretheos y los Peletheos, é hicieron subir
á Salomón en la mula del rey David, y lleváronlo
á Gihón.
39
Y tomando Sadoc sacerdote el cuerno del aceite del tabernáculo,
ungió á Salomón: y tocaron trompeta, y dijo todo
el pueblo: ¡Viva el rey Salomón!
40
Después subió todo el pueblo en pos de él, y cantaba
la gente con flautas, y hacían grandes alegrías, que parecía
que la tierra se hundía con el clamor de ellos.
41
Y oyólo Adonía, y todos los convidados que con él
estaban, cuando ya habían acabado de comer. Y oyendo Joab el sonido
de la trompeta, dijo: ¿Por qué se alborota la ciudad con
estruendo?
42
Estando aún él hablando, he aquí Jonathán
hijo de Abiathar sacerdote vino, al cual dijo Adonía: Entra, porque
tú eres hombre de esfuerzo, y traerás buenas nuevas.
43
Y Jonathán respondió, y dijo á Adonía: Ciertamente
nuestro señor el rey David ha hecho rey á Salomón:
44
Y el rey ha enviado con él á Sadoc sacerdote y á
Nathán profeta, y á Benaía hijo de Joiada, y también
á los Ceretheos y á los Peletheos, los cuales le hicieron
subir en la mula del rey;
45
Y Sadoc sacerdote y Nathán profeta lo han ungido en Gihón
por rey: y de allá han subido con alegrías, y la ciudad
está llena de estruendo. Este es el alboroto que habéis
oído.
46
Y también Salomón se ha sentado en el trono del reino.
47
Y aun los siervos del rey han venido á bendecir á nuestro
señor el rey David, diciendo: Dios haga bueno el nombre de Salomón
más que tu nombre, y haga mayor su trono que el tuyo. Y el rey
adoró en la cama.
48
Y también el rey habló así: Bendito sea Jehová
Dios de Israel, que ha dado hoy quien se siente en mi trono, viéndolo
mis ojos.
49
Ellos entonces se estremecieron, y levantáronse todos los convidados
que estaban con Adonía, y fuése cada uno por su camino.
50
Mas Adonía, temiendo de la presencia de Salomón, levantóse
y fuése, y cogió los cornijales del altar.
51
Y fué hecho saber á Salomón, diciendo: He aquí
que Adonía tiene miedo del rey Salomón: pues ha cogido los
cornijales del altar, diciendo: Júreme hoy el rey Salomón
que no matará á cuchillo á su siervo.
52
Y Salomón dijo: Si él fuere virtuoso, ni uno de sus cabellos
caerá en tierra: mas si se hallare mal en él, morirá.
53
Y envió el rey Salomón, y trajéronlo del altar; y
él vino, é inclinóse al rey Salomón. Y Salomón
le dijo: Vete á tu casa.
1 Reyes 2
1
Y LLEGARONSE los días de David para morir, y mandó á
Salomón su hijo, diciendo:
2
Yo voy el camino de toda la tierra: esfuérzate, y sé varón.
3
Guarda la ordenanza de Jehová tu Dios, andando en sus caminos,
y observando sus estatutos y mandamientos, y sus derechos y sus testimonios,
de la manera que está escrito en la ley de Moisés, para
que seas dichoso en todo lo que hicieres, y en todo aquello á que
te tornares;
4
Para que confirme Jehová la palabra que me habló, diciendo:
Si tus hijos guardaren su camino, andando delante de mí con verdad,
de todo su corazón, y de toda su alma, jamás, dice, faltará
á ti varón del trono de Israel.
5
Y ya sabes tú lo que me ha hecho Joab hijo de Sarvia, lo que hizo
á dos generales del ejército de Israel, á Abner hijo
de Ner, y á Amasa hijo de Jether, los cuales él mató,
derramando en paz la sangre de guerra, y poniendo la sangre de guerra
en su talabarte que tenía sobre sus lomos, y en sus zapatos que
tenía en sus pies.
6
Tú pues harás conforme á tu sabiduría; no
dejarás descender sus canas á la huesa en paz.
7
Mas á los hijos de Barzillai Galaadita harás misericordia,
que sean de los convidados á tu mesa; porque ellos vinieron así
á mí, cuando iba huyendo de Absalom tu hermano.
8
También tienes contigo á Semei hijo de Gera, hijo de Benjamín,
de Bahurim, el cual me maldijo con una maldición fuerte el día
que yo iba á Mahanaim. Mas él mismo descendió á
recibirme al Jordán, y yo le juré por Jehová, diciendo:
Yo no te mataré á cuchillo.
9
Empero ahora no lo absolverás: que hombre sabio eres, y sabes cómo
te has de haber con él: y harás descender sus canas con
sangre á la sepultura.
10
Y David durmió con sus padres, y fué sepultado en la ciudad
de David.
11
Los días que reinó David sobre Israel fueron cuarenta años:
siete años reinó en Hebrón, y treinta y tres años
reinó en Jerusalem.
12
Y se sentó Salomón en el trono de David su padre, y fué
su reino firme en gran manera.
13
Entonces Adonía hijo de Haggith vino á Bath-sheba madre
de Salomón; y ella dijo: ¿Es tu venida de paz? Y él
respondió: Sí, de paz.
14
En seguida dijo: Una palabra tengo que decirte. Y ella dijo: Di.
15
Y él dijo: Tú sabes que el reino era mío, y que todo
Israel había puesto en mí su rostro, para que yo reinara:
mas el reino fué traspasado, y vino á mi hermano; porque
por Jehová era suyo.
16
Y ahora yo te hago una petición: no me hagas volver mi rostro.
Y ella le dijo: Habla.
17
El entonces dijo: Yo te ruego que hables al rey Salomón, (porque
él no te hará volver tu rostro,) para que me dé á
Abisag Sunamita por mujer.
18
Y Bath-sheba dijo: Bien; yo hablaré por ti al rey.
19
Y vino Bath-sheba al rey Salomón para hablarle por Adonía.
Y el rey se levantó á recibirla, é inclinóse
á ella, y volvió á sentarse en su trono, é
hizo poner una silla á la madre del rey, la cual se sentó
á su diestra.
20
Y ella dijo: Una pequeña petición pretendo de ti; no me
hagas volver mi rostro. Y el rey le dijo: Pide, madre mía, que
yo no te haré volver el rostro.
21
Y ella dijo: Dése Abisag Sunamita por mujer á tu hermano
Adonía.
22
Y el rey Salomón respondió, y dijo á su madre: ¿Por
qué pides á Abisag Sunamita para Adonía? Demanda
también para él el reino, porque él es mi hermano
mayor; y tiene también á Abiathar sacerdote, y á
Joab hijo de Sarvia.
23
Y el rey Salomón juró por Jehová, diciendo: Así
me haga Dios y así me añada, que contra su vida ha hablado
Adonía esta palabra.
24
Ahora pues, vive Jehová, que me ha confirmado y me ha puesto sobre
el trono de David mi padre, y que me ha hecho casa, como me había
dicho, que Adonía morirá hoy.
25
Entonces el rey Salomón envió por mano de Benaía
hijo de Joiada, el cual dió sobre él, y murió.
26
Y á Abiathar sacerdote dijo el rey: Vete á Anathoth á
tus heredades, que tú eres digno de muerte; mas no te mataré
hoy, por cuanto has llevado el arca del Señor Jehová delante
de David mi padre, y además has sido trabajado en todas las cosas
en que fué trabajado mi padre.
27
Así echó Salomón á Abiathar del sacerdocio
de Jehová, para que se cumpliese la palabra de Jehová que
había dicho sobre la casa de Eli en Silo.
28
Y vino la noticia hasta Joab: porque también Joab se había
adherido á Adonía, si bien no se había adherido á
Absalom. Y huyó Joab al tabernáculo de Jehová, y
asióse á los cornijales del altar.
29
Y fué hecho saber á Salomón que Joab había
huído al tabernáculo de Jehová, y que estaba junto
al altar. Entonces envió Salomón á Benaía
hijo de Joiada, diciendo: Ve, y da sobre él.
30
Y entró Benaía al tabernáculo de Jehová, y
díjole: El rey ha dicho que salgas. Y él dijo: No, sino
aquí moriré. Y Benaía volvió con esta respuesta
al rey, diciendo: Así habló Joab, y así me respondió.
31
Y el rey le dijo: Haz como él ha dicho; mátale y entiérralo,
y quita de mí y de la casa de mi padre la sangre que Joab ha derramado
injustamente.
32
Y Jehová hará tornar su sangre sobre su cabeza: que él
ha muerto dos varones más justos y mejores que él, á
los cuales mató á cuchillo sin que mi padre David supiese
nada: á Abner hijo de Ner, general del ejército de Israel,
y á Amasa hijo de Jether, general de ejército de Judá.
33
La sangre pues de ellos recaerá sobre la cabeza de Joab, y sobre
la cabeza de su simiente para siempre: mas sobre David y sobre su simiente,
y sobre su casa y sobre su trono, habrá perpetuamente paz de parte
de Jehová.
34
Entonces Benaía hijo de Joiada subió, y dió sobre
él, y matólo; y fué sepultado en su casa en el desierto.
35
Y el rey puso en su lugar á Benaía hijo de Joiada sobre
el ejército: y á Sadoc puso el rey por sacerdote en lugar
de Abiathar.
36
Después envió el rey, é hizo venir á Semei,
y díjole: Edifícate una casa en Jerusalem, y mora ahí,
y no salgas de allá á una parte ni á otra;
37
Porque sabe de cierto que el día que salieres, y pasares el torrente
de Cedrón, sin duda morirás, y tu sangre será sobre
tu cabeza.
38
Y Semei dijo al rey: La palabra es buena; como el rey mi señor
ha dicho, así lo hará tu siervo. Y habitó Semei en
Jerusalem muchos días.
39
Pero pasados tres años, aconteció que se le huyeron á
Semei dos siervos á Achîs, hijo de Maachâ, rey de Gath.
Y dieron aviso á Semei, diciendo: He aquí que tus siervos
están en Gath.
40
Levantóse entonces Semei, y enalbardó su asno, y fué
á Gath, á Achîs, á procurar sus siervos. Fué
pues Semei, y volvió sus siervos de Gath.
41
Díjose luego á Salomón como Semei había ido
de Jerusalem hasta Gath, y que había vuelto.
42
Entonces el rey envió, é hizo venir á Semei, y díjole:
¿No te conjuré yo por Jehová, y te protesté,
diciendo: El día que salieres, y fueres acá ó acullá,
sabe de cierto que has de morir? Y tú me dijiste: La palabra es
buena, yo la obedezco.
43
¿Por qué pues no guardaste el juramento de Jehová,
y el mandamiento que yo te impuse?
44
Dijo además el rey á Semei: Tú sabes todo el mal,
el cual tu corazón bien sabe, que cometiste contra mi padre David;
Jehová pues, ha tornado el mal sobre tu cabeza.
45
Y el rey Salomón será bendito, y el trono de David será
firme perpetuamente delante de Jehová.
46
Entonces el rey mandó á Benaía hijo de Joiada, el
cual salió é hirióle; y murió. Y el reino
fué confirmado en la mano de Salomón.
1 Reyes 3
1
Y SALOMON hizo parentesco con Faraón rey de Egipto, porque tomó
la hija de Faraón, y trájola á la ciudad de David,
entre tanto que acababa de edificar su casa, y la casa de Jehová,
y los muros de Jerusalem alrededor.
2
Hasta entonces el pueblo sacrificaba en los altos; porque no había
casa edificada al nombre de Jehová hasta aquellos tiempos.
3
Mas Salomón amó á Jehová, andando en los estatutos
de su padre David: solamente sacrificaba y quemaba perfumes en los altos.
4
E iba el rey á Gabaón, porque aquél era el alto principal,
y sacrificaba allí, mil holocaustos sacrificaba Salomón
sobre aquel altar.
5
Y aparecióse Jehová á Salomón en Gabaón
una noche en sueños, y díjo le Dios: Pide lo que quisieres
que yo te dé.
6
Y Salomón dijo: Tú hiciste gran misericordia á tu
siervo David mi padre, según que él anduvo delante de ti
en verdad, en justicia, y con rectitud de corazón para contigo:
y tú le has guardado esta tu grande misericordia, que le diste
hijo que se sentase en su trono, como sucede en este día.
7
Ahora pues, Jehová Dios mío, tú has puesto á
mí tu siervo por rey en lugar de David mi padre: y yo soy mozo
pequeño, que no sé cómo entrar ni salir.
8
Y tu siervo está en medio de tu pueblo al cual tú escogiste;
un pueblo grande, que no se puede contar ni numerar por su multitud.
9
Da pues á tu siervo corazón dócil para juzgar á
tu pueblo, para discernir entre lo bueno y lo malo: porque ¿quién
podrá gobernar este tu pueblo tan grande?
10
Y agradó delante de Adonai que Salomón pidiese esto.
11
Y díjole Dios: Porque has demandado esto, y no pediste para ti
muchos días, ni pediste para ti riquezas, ni pediste la vida de
tus enemigos, mas demandaste para ti inteligencia para oir juicio;
12
He aquí lo he hecho conforme á tus palabras: he aquí
que te he dado corazón sabio y entendido, tanto que no haya habido
antes de ti otro como tú, ni después de ti se levantará
otro como tú.
13
Y aun también te he dado las cosas que no pediste, riquezas y gloria:
tal, que entre los reyes ninguno haya como tú en todos tus días.
14
Y si anduvieres en mis caminos, guardando mis estatutos y mis mandamientos,
como anduvo David tu padre, yo alargaré tus días.
15
Y como Salomón despertó, vió que era sueño:
y vino á Jerusalem, y presentóse delante del arca del pacto
de Jehová, y sacrificó holocaustos, é hizo pacíficos;
hizo también banquete á todos sus siervos.
16
En aquella sazón vinieron dos mujeres rameras al rey, y presentáronse
delante de él.
17
Y dijo la una mujer: ¡Ah, señor mío! yo y esta mujer
morábamos en una misma casa, y yo parí estando con ella
en la casa.
18
Y aconteció al tercer día después que yo parí,
que ésta parió también, y morábamos nosotras
juntas; ninguno de fuera estaba en casa, sino nosotras dos en la casa.
19
Y una noche el hijo de esta mujer murió, porque ella se acostó
sobre él.
20
Y levantóse á media noche, y tomó á mi hijo
de junto á mí, estando yo tu sierva durmiendo, y púsolo
á su lado, y púsome á mi lado su hijo muerto.
21
Y como yo me levanté por la mañana para dar el pecho á
mi hijo, he aquí que estaba muerto: mas observéle por la
mañana, y vi que no era mi hijo, que yo había parido.
22
Entonces la otra mujer dijo: No; mi hijo es el que vive, y tu hijo es
el muerto. Y la otra volvió á decir: No; tu hijo es el muerto,
y mi hijo es el que vive. Así hablaban delante del rey.
23
El rey entonces dijo: Esta dice: Mi hijo es el que vive, y tu hijo es
el muerto: y la otra dice: No, mas el tuyo es el muerto, y mi hijo es
el que vive.
24
Y dijo el rey: Traedme un cuchillo. Y trajeron al rey un cuchillo.
25
En seguida el rey dijo: Partid por medio el niño vivo, y dad la
mitad á la una, y la otra mitad á la otra.
26
Entonces la mujer cuyo era el hijo vivo, habló al rey (porque sus
entrañas se le conmovieron por su hijo), y dijo: ¡Ah, señor
mío! dad á ésta el niño vivo, y no lo matéis.
Mas la otra dijo: Ni á mí ni á ti; partidlo.
27
Entonces el rey respondió, y dijo: Dad á aquélla
el hijo vivo, y no lo matéis: ella es su madre.
28
Y todo Israel oyó aquel juicio que había dado el rey: y
temieron al rey, porque vieron que había en él sabiduría
de Dios para juzgar.
1 Reyes 4
1
FUÉ pues el rey Salomón rey sobre todo Israel.
2
Y estos fueron los príncipes que tuvo: Azarías hijo de Sadoc,
sacerdote;
3
Elioreph y Ahía, hijos de Sisa, escribas; Josaphat hijo de Ahilud,
canciller;
4
Benaía hijo de Joiada era sobre el ejército; y Sadoc y Abiathar
eran los sacerdotes;
5
Azaría hijo de Nathán era sobre los gobernadores; Zabud
hijo de Nathán era principal oficial, amigo del rey;
6
Y Ahisar era mayordomo; y Adoniram hijo de Abda era sobre el tributo.
7
Y tenía Salomón doce gobernadores sobre todo Israel, los
cuales mantenían al rey y á su casa. Cada uno de ellos estaba
obligado á abastecer por un mes en el año.
8
Y estos son los nombres de ellos: el hijo de Hur en el monte de Ephraim;
9
El hijo de Decar, en Maccas, y en Saalbim, y en Beth-semes, y en Elón,
y en Beth-hanan;
10
El hijo de Hesed, en Aruboth; éste tenía también
á Sochô y toda la tierra de Ephet.
11
El hijo de Abinadab, en todos los términos de Dor: éste
tenía por mujer á Thaphat hija de Salomón;
12
Baana hijo de Ahilud, en Taanach y Megiddo, y en toda Beth-san, que es
cerca de Zaretán, por bajo de Jezreel, desde Beth-san hasta Abel-mehola,
y hasta la otra parte de Jocmeam;
13
El hijo de Geber, en Ramoth de Galaad; éste tenía también
las ciudades de Jair hijo de Manasés, las cuales estaban en Galaad;
tenía también la provincia de Argob, que era en Basán,
sesenta grandes ciudades con muro y cerraduras de bronce;
14
Ahinadab hijo de Iddo, en Mahanaim;
15
Ahimaas en Nephtalí; éste tomó también por
mujer á Basemath hija de Salomón.
16
Baana hijo de Husai, en Aser y en Aloth;
17
Josaphat hijo de Pharua, en Issachâr;
18
Semei hijo de Ela, en Benjamín;
19
Geber hijo de Uri, en la tierra de Galaad, la tierra de Sehón rey
de los Amorrheos, y de Og rey de Basán; éste era el único
gobernador en aquella tierra.
20
Judá é Israel eran muchos, como la arena que está
junto á la mar en multitud, comiendo y bebiendo y alegrándose.
21
Y Salomón señoreaba sobre todos los reinos, desde el río
de la tierra de los Filisteos hasta el término de Egipto: y traían
presentes, y sirvieron á Salomón todos los días que
vivió.
22
Y la despensa de Salomón era cada día treinta coros de flor
de harina, y sesenta coros de harina.
23
Diez bueyes engordados, y veinte bueyes de pasto, y cien ovejas; sin los
ciervos, cabras, búfalos, y aves engordadas.
24
Porque él señoreaba en toda la región que estaba
de la otra parte del río, desde Tiphsa hasta Gaza, sobre todos
los reyes de la otra parte del río; y tuvo paz por todos lados
en derredor suyo.
25
Y Judá é Israel vivían seguros, cada uno debajo de
su parra y debajo de su higuera, desde Dan hasta Beer-seba, todos los
días de Salomón.
26
Tenía además de esto Salomón cuarenta mil caballos
en sus caballerizas para sus carros, y doce mil jinetes.
27
Y estos gobernadores mantenían al rey Salomón, y á
todos los que á la mesa del rey Salomón venían, cada
uno un mes; y hacían que nada faltase.
28
Hacían también traer cebada y paja para los caballos y para
las bestias de carga, al lugar donde él estaba, cada uno conforme
al cargo que tenía.
29
Y dió Dios á Salomón sabiduría, y prudencia
muy grande, y anchura de corazón como la arena que está
á la orilla del mar.
30
Que fué mayor la sabiduría de Salomón que la de todos
los orientales, y que toda la sabiduría de los Egipcios.
31
Y aun fué más sabio que todos los hombres; más que
Ethán Ezrahita, y que Emán y Calchôl y Darda, hijos
de Mahol: y fué nombrado entre todas las naciones de alrededor.
32
Y propuso tres mil parábolas; y sus versos fueron mil y cinco.
33
También disertó de los árboles, desde el cedro del
Líbano hasta el hisopo que nace en la pared. Asimismo disertó
de los animales, de las aves, de los reptiles, y de los peces.
34
Y venían de todos los pueblos á oir la sabiduría
de Salomón, y de todos los reyes de la tierra, donde había
llegado la fama de su sabiduría.