Daniel 1
1
EN el año tercero del reinado de Joacim rey de Judá, vino
Nabucodonosor rey de Babilonia á Jerusalem, y cercóla.
2
Y el Señor entregó en sus manos á Joacim rey de Judá,
y parte de los vasos de la casa de Dios, y trájolos á tierra
de Sinar, á la casa de su dios: y metió los vasos en la
casa del tesoro de su dios.
3
Y dijo el rey á Aspenaz, príncipe de sus eunucos, que trajese
de los hijos de Israel, del linaje real de los príncipes,
4
Muchachos en quienes no hubiese tacha alguna, y de buen parecer, y enseñados
en toda sabiduría, y sabios en ciencia, y de buen entendimiento,
é idóneos para estar en el palacio del rey; y que les enseñase
las letras y la lengua de los Caldeos.
5
Y señalóles el rey ración para cada día de
la ración de la comida del rey, y del vino de su beber: que los
criase tres años, para que al fin de ellos estuviesen delante del
rey.
6
Y fueron entre ellos, de los hijos de Judá, Daniel, Ananías,
Misael y Azarías:
7
A los cuales el príncipe de los eunucos puso nombres: y puso á
Daniel, Beltsasar; y á Ananías, Sadrach; y á Misael,
Mesach; y á Azarías, Abed-nego.
8
Y Daniel propuso en su corazón de no contaminarse en la ración
de la comida del rey, ni en el vino de su beber: pidió por tanto
al príncipe de los eunucos de no contaminarse.
9
(Y puso Dios á Daniel en gracia y en buena voluntad con el príncipe
de los eunucos.)
10
Y dijo el príncipe de los eunucos á Daniel: Tengo temor
de mi señor el rey, que señaló vuestra comida y vuestra
bebida; pues luego que él habrá visto vuestros rostros más
tristes que los de los muchachos que son semejantes á vosotros,
condenaréis para con el rey mi cabeza.
11
Entonces dijo Daniel á Melsar, que estaba puesto por el príncipe
de los eunucos sobre Daniel, Ananías, Misael, y Azarías:
12
Prueba, te ruego, tus siervos diez días, y dennos legumbres á
comer, y agua á beber.
13
Parezcan luego delante de ti nuestros rostros, y los rostros de los muchachos
que comen de la ración de la comida del rey; y según que
vieres, harás con tus siervos.
14
Consintió pues con ellos en esto, y probó con ellos diez
días.
15
Y al cabo de los diez días pareció el rostro de ellos mejor
y más nutrido de carne, que los otros muchachos que comían
de la ración de comida del rey.
16
Así fué que Melsar tomaba la ración de la comida
de ellos, y el vino de su beber, y dábales legumbres.
17
Y á estos cuatro muchachos dióles Dios conocimiento é
inteligencia en todas letras y ciencia: mas Daniel tuvo entendimiento
en toda visión y sueños.
18
Pasados pues los días al fin de los cuales había dicho el
rey que los trajesen, el príncipe de los eunucos los trajo delante
de Nabucodonosor.
19
Y el rey habló con ellos, y no fué hallado entre todos ellos
otro como Daniel, Ananías, Misael, y Azarías: y así
estuvieron delante del rey.
20
Y en todo negocio de sabiduría é inteligencia que el rey
les demandó, hallólos diez veces mejores que todos los magos
y astrólogos que había en todo su reino.
21
Y fué Daniel hasta el año primero del rey Ciro.
Daniel 2
1
Y EN el segundo año del reinado de Nabucodonosor, soñó
Nabucodonosor sueños, y perturbóse su espíritu, y
su sueño se huyó de él.
2
Y mandó el rey llamar magos, astrólogos, y encantadores,
y Caldeos, para que mostrasen al rey sus sueños. Vinieron pues,
y se presentaron delante del rey.
3
Y el rey les dijo: He soñado un sueño, y mi espíritu
se ha perturbado por saber del sueño.
4
Entonces hablaron los Caldeos al rey en lengua aramea: Rey, para siempre
vive: di el sueño á tus siervos, y mostraremos la declaración.
5
Respondió el rey y dijo á los Caldeos: El negocio se me
fué: si no me mostráis el sueño y su declaración,
seréis hechos cuartos, y vuestras casas serán puestas por
muladares.
6
Y si mostrareis el sueño y su declaración, recibiréis
de mí dones y mercedes y grande honra: por tanto, mostradme el
sueño y su declaración.
7
Respondieron la segunda vez, y dijeron: Diga el rey el sueño á
sus siervos, y mostraremos su declaración.
8
El rey respondió, y dijo: Yo conozco ciertamente que vosotros ponéis
dilaciones, porque veis que el negocio se me ha ido.
9
Si no me mostráis el sueño, una sola sentencia será
de vosotros. Ciertamente preparáis respuesta mentirosa y perversa
que decir delante de mí, entre tanto que se muda el tiempo: por
tanto, decidme el sueño, para que yo entienda que me podéis
mostrar su declaración.
10
Los Caldeos respondieron delante del rey, y dijeron: No hay hombre sobre
la tierra que pueda declarar el negocio del rey: demás de esto,
ningún rey, príncipe, ni señor, preguntó cosa
semejante á ningún mago, ni astrólogo, ni Caldeo.
11
Finalmente, el negocio que el rey demanda, es singular, ni hay quien lo
pueda declarar delante del rey, salvo los dioses cuya morada no es con
la carne.
12
Por esto el rey con ira y con grande enojo, mandó que matasen á
todos los sabios de Babilonia.
13
Y publicóse el mandamiento, y los sabios eran llevados á
la muerte; y buscaron á Daniel y á sus compañeros
para matarlos.
14
Entonces Daniel habló avisada y prudentemente á Arioch,
capitán de los de la guarda del rey, que había salido para
matar los sabios de Babilonia.
15
Habló y dijo á Arioch capitán del rey: ¿Qué
es la causa que este mandamiento se publica de parte del rey tan apresuradamente?
Entonces Arioch declaró el negocio á Daniel.
16
Y Daniel entró, y pidió al rey que le diese tiempo, y que
él mostraría al rey la declaración.
17
Fuése luego Daniel á su casa, y declaró el negocio
á Ananías, Misael, y Azarías, sus compañeros,
18
Para demandar misericordias del Dios del cielo sobre este misterio, y
que Daniel y sus compañeros no pereciesen con los otros sabios
de Babilonia.
19
Entonces el arcano fué revelado á Daniel en visión
de noche; por lo cual bendijo Daniel al Dios del cielo.
20
Y Daniel habló, y dijo: Sea bendito el nombre de Dios de siglo
hasta siglo: porque suya es la sabiduría y la fortaleza:
21
Y él es el que muda los tiempos y las oportunidades: quita reyes,
y pone reyes: da la sabiduría á los sabios, y la ciencia
á los entendidos:
22
El revela lo profundo y lo escondido: conoce lo que está en tinieblas,
y la luz mora con él.
23
A ti, oh Dios de mis padres, confieso y te alabo, que me diste sabiduría
y fortaleza, y ahora me enseñaste lo que te pedimos; pues nos has
enseñado el negocio del rey.
24
Después de esto Daniel entró á Arioch, al cual el
rey había puesto para matar á los sabios de Babilonia; fué,
y díjole así: No mates á los sabios de Babilonia:
llévame delante del rey, que yo mostraré al rey la declaración.
25
Entonces Arioch llevó prestamente á Daniel delante del rey,
y díjole así: Un varón de los trasportados de Judá
he hallado, el cual declarará al rey la interpretación.
26
Respondió el rey, y dijo á Daniel, al cual llamaban Beltsasar:
¿Podrás tú hacerme entender el sueño que vi,
y su declaración?
27
Daniel respondió delante del rey, y dijo: El misterio que el rey
demanda, ni sabios, ni astrólogos, ni magos, ni adivinos lo pueden
enseñar al rey.
28
Mas hay un Dios en los cielos, el cual revela los misterios, y él
ha hecho saber al rey Nabucodonosor lo que ha de acontecer á cabo
de días. Tu sueño, y las visiones de tu cabeza sobre tu
cama, es esto:
29
Tú, oh rey, en tu cama subieron tus pensamientos por saber lo que
había de ser en lo por venir; y el que revela los misterios te
mostró lo que ha de ser.
30
Y á mí ha sido revelado este misterio, no por sabiduría
que en mí haya, más que en todos los vivientes, sino para
que yo notifique al rey la declaración, y que entiendieses los
pensamientos de tu corazón.
31
Tú, oh rey, veías, y he aquí una grande imagen. Esta
imagen, que era muy grande, y cuya gloria era muy sublime, estaba en pie
delante de ti, y su aspecto era terrible.
32
La cabeza de esta imagen era de fino oro; sus pechos y sus brazos, de
plata; su vientre y sus muslos, de metal;
33
Sus piernas de hierro; sus pies, en parte de hierro, y en parte de barro
cocido.
34
Estabas mirando, hasta que una piedra fué cortada, no con mano,
la cual hirió á la imagen en sus pies de hierro y de barro
cocido, y los desmenuzó.
35
Entonces fué también desmenuzado el hierro, el barro cocido,
el metal, la plata y el oro, y se tornaron como tamo de las eras del verano:
y levantólos el viento, y nunca más se les halló
lugar. Mas la piedra que hirió á la imagen, fué hecha
un gran monte, que hinchió toda la tierra.
36
Este es el sueño: la declaración de él diremos también
en presencia del rey.
37
Tú, oh rey, eres rey de reyes; porque el Dios del cielo te ha dado
reino, potencia, y fortaleza, y majestad.
38
Y todo lo que habitan hijos de hombres, bestias del campo, y aves del
cielo, él ha entregado en tu mano, y te ha hecho enseñorear
sobre todo: tú eres aquella cabeza de oro.
39
Y después de ti se levantará otro reino menor que tú;
y otro tercer reino de metal, el cual se enseñoreará de
toda la tierra.
40
Y el reino cuarto será fuerte como hierro; y como el hierro desmenuza
y doma todas las cosas, y como el hierro que quebranta todas estas cosas,
desmenuzará y quebrantará.
41
Y lo que viste de los pies y los dedos, en parte de barro cocido de alfarero,
y en parte de hierro, el reino será dividido; mas habrá
en él algo de fortaleza de hierro, según que viste el hierro
mezclado con el tiesto de barro.
42
Y por ser los dedos de los pies en parte de hierro, y en parte de barro
cocido, en parte será el reino fuerte, y en parte será frágil.
43
Cuanto á aquello que viste, el hierro mezclado con tiesto de barro,
mezclaránse con simiente humana, mas no se pegarán el uno
con el otro, como el hierro no se mistura con el tiesto.
44
Y en los días de estos reyes, levantará el Dios del cielo
un reino que nunca jamás se corromperá: y no será
dejado á otro pueblo este reino; el cual desmenuzará y consumirá
todos estos reinos, y él permanecerá para siempre.
45
De la manera que viste que del monte fué cortada una piedra, no
con manos, la cual desmenuzó al hierro, al metal, al tiesto, á
la plata, y al oro; el gran Dios ha mostrado al rey lo que ha de acontecer
en lo por venir: y el sueño es verdadero, y fiel su declaración.
46
Entonces el rey Nabucodonosor cayó sobre su rostro, y humillóse
á Daniel, y mandó que le sacrificasen presentes y perfumes.
47
El rey habló á Daniel, y dijo: Ciertamente que el Dios vuestro
es Dios de dioses, y el Señor de los reyes, y el descubridor de
los misterios, pues pudiste revelar este arcano.
48
Entonces el rey engrandeció á Daniel, y le dió muchos
y grandes dones, y púsolo por gobernador de toda la provincia de
Babilonia, y por príncipe de los gobernadores sobre todos los sabios
de Babilonia.
49
Y Daniel solicitó del rey, y él puso sobre los negocios
de la provincia de Babilonia á Sadrach, Mesach, y Abed-nego: y
Daniel estaba á la puerta del rey.
Daniel 3
1
EL rey Nabucodonosor hizo una estatua de oro, la altura de la cual era
de sesenta codos, su anchura de seis codos: levantóla en el campo
de Dura, en la provincia de Babilonia.
2
Y envió el rey Nabucodonosor á juntar los grandes, los asistentes
y capitanes, oidores, receptores, los del consejo, presidentes, y á
todos los gobernadores de las provincias, para que viniesen á la
dedicación de la estatua que el rey Nabucodonosor había
levantado.
3
Fueron pues reunidos los grandes, los asistentes y capitanes, los oidores,
receptores, los del consejo, los presidentes, y todos los gobernadores
de las provincias, á la dedicación de la estatua que el
rey Nabucodonosor había levantado: y estaban en pie delante de
la estatua que había levantado el rey Nabucodonosor.
4
Y el pregonero pregonaba en alta voz: Mándase á vosotros,
oh pueblos, naciones, y lenguas,
5
En oyendo el son de la bocina, del pífano, del tamboril, del arpa,
del salterio, de la zampoña, y de todo instrumento músico,
os postraréis y adoraréis la estatua de oro que el rey Nabucodonosor
ha levantado:
6
Y cualquiera que no se postrare y adorare, en la misma hora será
echado dentro de un horno de fuego ardiendo.
7
Por lo cual, en oyendo todos los pueblos el son de la bocina, del pífano,
del tamboril, del arpa, del salterio, de la zampoña, y de todo
instrumento músico, todos los pueblos, naciones, y lenguas, se
postraron, y adoraron la estatua de oro que el rey Nabucodonosor había
levantado.
8
Por esto en el mismo tiempo algunos varones Caldeos se llegaron, y denunciaron
de los Judíos.
9
Hablando y diciendo al rey Nabucodonosor: Rey, para siempre vive.
10
Tú, oh rey, pusiste ley que todo hombre en oyendo el son de la
bocina, del pífano, del tamboril, del arpa, del salterio, de la
zampoña, y de todo instrumento músico, se postrase y adorase
la estatua de oro:
11
Y el que no se postrase y adorase, fuese echado dentro de un horno de
fuego ardiendo.
12
Hay unos varones Judíos, los cuales pusiste tú sobre los
negocios de la provincia de Babilonia; Sadrach, Mesach, y Abed-nego: estos
varones, oh rey, no han hecho cuenta de ti; no adoran tus dioses, no adoran
la estatua de oro que tú levantaste.
13
Entonces Nabucodonosor dijo con ira y con enojo que trajesen á
Sadrach, Mesach, y Abed-nego. Al punto fueron traídos estos varones
delante del rey.
14
Habló Nabucodonosor, y díjoles: ¿Es verdad Sadrach,
Mesach, y Abed-nego, que vosotros no honráis á mi dios,
ni adoráis la estatua de oro que he levantado?
15
Ahora pues, ¿estáis prestos para que en oyendo el son de
la bocina, del pífano, del tamboril, del arpa, del salterio, de
la zampoña, y de todo instrumento músico, os postréis,
y adoréis la estatua que he hecho? Porque si no la adorareis, en
la misma hora seréis echados en medio de un horno de fuego ardiendo:
¿y qué dios será aquel que os libre de mis manos?
16
Sadrach, Mesach, y Abed-nego respondieron y dijeron al rey Nabucodonosor:
no cuidamos de responderte sobre este negocio.
17
He aquí nuestro Dios á quien honramos, puede librarnos del
horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará.
18
Y si no, sepas, oh rey, que tu dios no adoraremos, ni tampoco honraremos
la estatua que has levantado.
19
Entonces Nabucodonosor fué lleno de ira, y demudóse la figura
de su rostro sobre Sadrach, Mesach, y Abed-nego: así habló,
y ordenó que el horno se encendiese siete veces tanto de lo que
cada vez solía.
20
Y mandó á hombres muy vigorosos que tenía en su ejército,
que atasen á Sadrach, Mesach, y Abed-nego, para echarlos en el
horno de fuego ardiendo.
21
Entonces estos varones fueron atados con sus mantos, y sus calzas, y sus
turbantes, y sus vestidos, y fueron echados dentro del horno de fuego
ardiendo.
22
Y porque la palabra del rey daba priesa, y había procurado que
se encendiese mucho, la llama del fuego mató á aquellos
que habían alzado á Sadrach, Mesach, y Abed-nego.
23
Y estos tres varones, Sadrach, Mesach, y Abed-nego, cayeron atados dentro
del horno de fuego ardiendo.
24
Entonces el rey Nabucodonosor se espantó, y levantóse apriesa,
y habló, y dijo á los de su consejo: ¿No echaron
tres varones atados dentro del fuego? Ellos respondieron y dijeron al
rey: Es verdad, oh rey.
25
Respondió él y dijo: He aquí que yo veo cuatro varones
sueltos, que se pasean en medio del fuego, y ningún daño
hay en ellos: y el parecer del cuarto es semejante á hijo de los
dioses.
26
Entonces Nabucodonosor se acercó á la puerta del horno de
fuego ardiendo, y habló y dijo: Sadrach, Mesach, y Abed-nego, siervos
del alto Dios, salid y venid. Entonces Sadrach, Mesach, y Abed-nego, salieron
de en medio del fuego.
27
Y juntáronse los grandes, los gobernadores, los capitanes, y los
del consejo del rey, para mirar estos varones, como el fuego no se enseñoreó
de sus cuerpos, ni cabello de sus cabezas fué quemado, ni sus ropas
se mudaron, ni olor de fuego había pasado por ellos.
28
Nabucodonosor habló y dijo: Bendito el Dios de ellos, de Sadrach,
Mesach, y Abed-nego, que envió su ángel, y libró
sus siervos que esperaron en él, y el mandamiento del rey mudaron,
y entregaron sus cuerpos antes que sirviesen ni adorasen otro dios que
su Dios.
29
Por mí pues se pone decreto, que todo pueblo, nación, ó
lengua, que dijere blasfemia contra el Dios de Sadrach, Mesach, y Abed-nego,
sea descuartizado, y su casa sea puesta por muladar; por cuanto no hay
dios que pueda librar como éste.
30
Entonces el rey engrandeció á Sadrach, Mesach, y Abed-nego
en la provincia de Babilonia.
Daniel 4
1
NABUCODONOSOR rey, á todos los pueblos, naciones, y lenguas, que
moran en toda la tierra: Paz os sea multiplicada:
2
Las señales y milagros que el alto Dios ha hecho conmigo, conviene
que yo las publique.
3
¡Cuán grandes son sus señales, y cuán potentes
sus maravillas! Su reino, reino sempiterno, y su señorío
hasta generación y generación.
4
Yo Nabucodonosor estaba quieto en mi casa, y floreciente en mi palacio.
5
Vi un sueño que me espantó, y las imaginaciones y visiones
de mi cabeza me turbaron en mi cama.
6
Por lo cual yo puse mandamiento para hacer venir delante de mí
todos los sabios de Babilonia, que me mostrasen la declaración
del sueño.
7
Y vinieron magos, astrólogos, Caldeos, y adivinos: y dije el sueño
delante de ellos, mas nunca me mostraron su declaración;
8
Hasta tanto que entró delante de mí Daniel, cuyo nombre
es Beltsasar, como el nombre de mi dios, y en el cual hay espíritu
de los dioses santos, y dije el sueño delante de él, diciendo:
9
Beltsasar, príncipe de los magos, ya que he entendido que hay en
ti espíritu de los dioses santos, y que ningún misterio
se te esconde, exprésame las visiones de mi sueño que he
visto, y su declaración.
10
Aquestas las visiones de mi cabeza en mi cama: Parecíame que veía
un árbol en medio de la tierra, cuya altura era grande.
11
Crecía este árbol, y hacíase fuerte, y su altura
llegaba hasta el cielo, y su vista hasta el cabo de toda la tierra.
12
Su copa era hermosa, y su fruto en abundancia, y para todos había
en él mantenimiento. Debajo de él se ponían á
la sombra las bestias del campo, y en sus ramas hacían morada las
aves del cielo, y manteníase de él toda carne.
13
Veía en las visiones de mi cabeza en mi cama, y he aquí
que un vigilante y santo descendía del cielo.
14
Y clamaba fuertemente y decía así: Cortad el árbol,
y desmochad sus ramas, derribad su copa, y derramad su fruto: váyanse
las bestias que están debajo de él, y las aves de sus ramas.
15
Mas la cepa de sus raíces dejaréis en la tierra, y con atadura
de hierro y de metal entre la hierba del campo; y sea mojado con el rocío
del cielo, y su parte con las bestias en la hierba de la tierra.
16
Su corazón sea mudado de corazón de hombre, y séale
dado corazón de bestia, y pasen sobre él siete tiempos.
17
La sentencia es por decreto de los vigilantes, y por dicho de los santos
la demanda: para que conozcan los vivientes que el Altísimo se
enseñorea del reino de los hombres, y que á quien él
quiere lo da, y constituye sobre él al más bajo de los hombres.
18
Yo el rey Nabucodonosor he visto este sueño. Tú pues, Beltsasar,
dirás la declaración de él, porque todos los sabios
de mi reino nunca pudieron mostrarme su interpretación: mas tú
puedes, porque hay en ti espíritu de los dioses santos.
19
Entonces Daniel, cuyo nombre era Beltsasar, estuvo callando casi una hora,
y sus pensamientos lo espantaban: El rey habló, y dijo: Beltsasar,
el sueño ni su declaración no te espante. Respondió
Beltsasar, y dijo: Señor mío, el sueño sea para tus
enemigos, y su declaración para los que mal te quieren.
20
El árbol que viste, que crecía y se hacía fuerte,
y que su altura llegaba hasta el cielo, y su vista por toda la tierra;
21
Y cuya copa era hermosa, y su fruto en abundancia, y que para todos había
mantenimiento en él; debajo del cual moraban las bestias del campo,
y en sus ramas habitaban las aves del cielo,
22
Tú mismo eres, oh rey, que creciste, y te hiciste fuerte, pues
creció tu grandeza, y ha llegado hasta el cielo, y tu señorío
hasta el cabo de la tierra.
23
Y cuanto á lo que vió el rey, un vigilante y santo que descendía
del cielo, y decía: Cortad el árbol y destruidlo: mas la
cepa de sus raíces dejaréis en la tierra, y con atadura
de hierro y de metal en la hierba del campo; y sea mojado con el rocío
del cielo, y su parte sea con las bestias del campo, hasta que pasen sobre
él siete tiempos:
24
Esta es la declaración, oh rey, y la sentencia del Altísimo,
que ha venido sobre el rey mi señor:
25
Que te echarán de entre los hombres, y con las bestias del campo
será tu morada, y con hierba del campo te apacentarán como
á los bueyes, y con rocío del cielo serás bañado;
y siete tiempos pasarán sobre ti, hasta que entiendas que el Altísimo
se enseñorea en el reino de los hombres, y que á quien él
quisiere lo dará.
26
Y lo que dijeron, que dejasen en la tierra la cepa de las raíces
del mismo árbol, significa que tu reino se te quedará firme,
luego que entiendas que el señorío es en los cielos.
27
Por tanto, oh rey, aprueba mi consejo, y redime tus pecados con justicia,
y tus iniquidades con misericordias para con los pobres; que tal vez será
eso una prolongación de tu tranquilidad.
28
Todo aquesto vino sobre el rey Nabucodonosor.
29
A cabo de doce meses, andándose paseando sobre el palacio del reino
de Babilonia,
30
Habló el rey, y dijo: ¿No es ésta la gran Babilonia,
que yo edifiqué para casa del reino, con la fuerza de mi poder,
y para gloria de mi grandeza?
31
Aun estaba la palabra en la boca del rey, cuando cae una voz del cielo:
A ti dicen, rey Nabucodonosor; el reino es traspasado de ti:
32
Y de entre los hombres te echan, y con las bestias del campo será
tu morada, y como á los bueyes te apacentarán: y siete tiempos
pasarán sobre ti, hasta que conozcas que el Altísimo se
enseñorea en el reino de los hombres, y á quien él
quisiere lo da.
33
En la misma hora se cumplió la palabra sobre Nabucodonosor, y fué
echado de entre los hombres; y comía hierba como los bueyes, y
su cuerpo se bañaba con el rocío del cielo, hasta que su
pelo creció como de águila, y sus uñas como de aves.
34
Mas al fin del tiempo yo Nabucodonosor alcé mis ojos al cielo,
y mi sentido me fué vuelto; y bendije al Altísimo, y alabé
y glorifiqué al que vive para siempre; porque su señorío
es sempiterno, y su reino por todas las edades.
35
Y todos los moradores de la tierra por nada son contados: y en el ejército
del cielo, y en los habitantes de la tierra, hace según su voluntad:
ni hay quien estorbe su mano, y le diga: ¿Qué haces?
36
En el mismo tiempo mi sentido me fué vuelto, y la majestad de mi
reino, mi dignidad y mi grandeza volvieron á mí, y mis gobernadores
y mis grandes me buscaron; y fuí restituído á mi
reino, y mayor grandeza me fué añadida.
37
Ahora yo Nabucodonosor alabo, engrandezco y glorifico al Rey del cielo,
porque todas sus obras son verdad, y sus caminos juicio; y humillar puede
á los que andan con soberbia.
Daniel 5
1
EL rey Belsasar hizo un gran banquete á mil de sus príncipes,
y en presencia de los mil bebía vino.
2
Belsasar, con el gusto del vino, mandó que trajesen los vasos de
oro y de plata que Nabucodonosor su padre había traído del
templo de Jerusalem; para que bebiesen con ellos el rey y sus príncipes,
sus mujeres y sus concubinas.
3
Entonces fueron traídos los vasos de oro que habían traído
del templo de la casa de Dios que estaba en Jerusalem, y bebieron con
ellos el rey y sus príncipes, sus mujeres y sus concubinas.
4
Bebieron vino, y alabaron á los dioses de oro y de plata, de metal,
de hierro, de madera, y de piedra.
5
En aquella misma hora salieron unos dedos de mano de hombre, y escribían
delante del candelero sobre lo encalado de la pared del palacio real,
y el rey veía la palma de la mano que escribía.
6
Entonces el rey se demudó de su color, y sus pensamientos lo turbaron,
y desatáronse las ceñiduras de sus lomos, y sus rodillas
se batían la una con la otra.
7
El rey clamó en alta voz que hiciesen venir magos, Caldeos, y adivinos.
Habló el rey, y dijo á los sabios de Babilonia: Cualquiera
que leyere esta escritura, y me mostrare su declaración, será
vestido de púrpura, y tendrá collar de oro á su cuello;
y en el reino se enseñoreará el tercero.
8
Entonces fueron introducidos todos los sabios del rey, y no pudieron leer
la escritura, ni mostrar al rey su declaración.
9
Entonces el rey Belsasar fué muy turbado, y se le mudaron sus colores
y alteráronse sus príncipes.
10
La reina, por las palabras del rey y de sus príncipes, entró
á la sala del banquete. Y habló la reina, y dijo: Rey, para
siempre vive, no te asombren tus pensamientos, ni tus colores se demuden:
11
En tu reino hay un varón, en el cual mora el espíritu de
los dioses santos; y en los días de tu padre se halló en
él luz é inteligencia y sabiduría, como ciencia de
los dioses: al cual el rey Nabucodonosor, tu padre, el rey tu padre constituyó
príncipe sobre todos los magos, astrólogos, Caldeos, y adivinos:
12
Por cuanto fué hallado en él mayor espíritu, y ciencia,
y entendimiento, interpretando sueños, y declarando preguntas,
y deshaciendo dudas, es á saber, en Daniel; al cual el rey puso
por nombre Beltsasar. Llámese pues ahora á Daniel, y él
mostrará la declaración.
13
Entonces Daniel fué traído delante del rey. Y habló
el rey, y dijo á Daniel: ¿Eres tú aquel Daniel de
los hijos de la cautividad de Judá, que mi padre trajo de Judea?
14
Yo he oído de ti que el espíritu de los dioses santos está
en ti, y que en ti se halló luz, y entendimiento y mayor sabiduría.
15
Y ahora fueron traídos delante de mí, sabios, astrólogos,
que leyesen esta escritura, y me mostrasen su interpretación: pero
no han podido mostrar la declaración del negocio.
16
Yo pues he oído de ti que puedes declarar las dudas, y desatar
dificultades. Si ahora pudieres leer esta escritura, y mostrarme su interpretación,
serás vestido de púrpura, y collar de oro tendrás
en tu cuello, y en el reino serás el tercer señor.
17
Entonces Daniel respondió, y dijo delante del rey: Tus dones sean
para ti, y tus presentes dalos á otro. La escritura yo la leeré
al rey, y le mostraré la declaración.
18
El altísimo Dios, oh rey, dió á Nabucodonosor tu
padre el reino, y la grandeza, y la gloria, y la honra:
19
Y por la grandeza que le dió, todos los pueblos, naciones, y lenguas,
temblaban y temían delante de él. Los que él quería
mataba, y daba vida á los que quería: engrandecía
á los que quería, y á los que quería humillaba.
20
Mas cuando su corazón se ensoberbeció, y su espíritu
se endureció en altivez, fué depuesto del trono de su reino,
y traspasaron de él la gloria:
21
Y fué echado de entre los hijos de los hombres; y su corazón
fué puesto con las bestias, y con los asnos monteses fué
su morada. Hierba le hicieron comer, como á buey, y su cuerpo fué
bañado con el rocío del cielo, hasta que conoció
que el altísimo Dios se enseñorea del reino de los hombres,
y que pondrá sobre él al que quisiere.
22
Y tú, su hijo Belsasar, no has humillado tu corazón, sabiendo
todo esto:
23
Antes contra el Señor del cielo te has ensoberbecido, é
hiciste traer delante de ti los vasos de su casa, y tú y tus príncipes,
tus mujeres y tus concubinas, bebisteis vino en ellos: demás de
esto, á dioses de plata y de oro, de metal, de hierro, de madera,
y de piedra, que ni ven, ni oyen, ni saben, diste alabanza: y al Dios
en cuya mano está tu vida, y cuyos son todos tus caminos, nunca
honraste.
24
Entonces de su presencia fué enviada la palma de la mano que esculpió
esta escritura.
25
Y la escritura que esculpió es: MENE, MENE, TEKEL, UPHARSIN.
26
La declaración del negocio es: MENE: Contó Dios tu reino,
y halo rematado.
27
TEKEL: Pesado has sido en balanza, y fuiste hallado falto.
28
PERES: Tu reino fué rompido, y es dado á Medos y Persas.
29
Entonces, mandándolo Belsasar, vistieron á Daniel de púrpura,
y en su cuello fué puesto un collar de oro, y pregonaron de él
que fuese el tercer señor en el reino.
30
La misma noche fué muerto Belsasar, rey de los Caldeos.
31
Y Darío de Media tomó el reino, siendo de sesenta y dos
años.
Daniel 6
1
PARECIO bien á Darío constituir sobre el reino ciento veinte
gobernadores, que estuviesen en todo el reino.
2
Y sobre ellos tres presidentes, de los cuales Daniel era el uno, á
quienes estos gobernadores diesen cuenta, porque el rey no recibiese daño.
3
Pero el mismo Daniel era superior á estos gobernadores y presidentes,
porque había en él más abundancia de espíritu:
y el rey pensaba de ponerlo sobre todo el reino.
4
Entonces los presidentes y gobernadores buscaban ocasiones contra Daniel
por parte del reino; mas no podían hallar alguna ocasión
ó falta, porque él era fiel, y ningún vicio ni falta
fué en él hallado.
5
Entonces dijeron aquellos hombres: No hallaremos contra este Daniel ocasión
alguna, si no la hallamos contra él en la ley de su Dios.
6
Entonces estos gobernadores y presidentes se juntaron delante del rey,
y le dijeron así: Rey Darío, para siempre vive:
7
Todos los presidentes del reino, magistrados, gobernadores, grandes y
capitanes, han acordado por consejo promulgar un real edicto, y confirmarlo,
que cualquiera que demandare petición de cualquier dios ú
hombre en el espacio de treinta días, sino de ti, oh rey, sea echado
en el foso de los leones.
8
Ahora, oh rey, confirma el edicto, y firma la escritura, para que no se
pueda mudar, conforme á la ley de Media y de Persia, la cual no
se revoca.
9
Firmó pues el rey Darío la escritura y el edicto.
10
Y Daniel, cuando supo que la escritura estaba firmada, entróse
en su casa, y abiertas las ventanas de su cámara que estaban hacia
Jerusalem, hincábase de rodillas tres veces al día, y oraba,
y confesaba delante de su Dios, como lo solía hacer antes.
11
Entonces se juntaron aquellos hombres, y hallaron á Daniel orando
y rogando delante de su Dios.
12
Llegáronse luego, y hablaron delante del rey acerca del edicto
real: ¿No has confirmado edicto que cualquiera que pidiere á
cualquier dios ú hombre en el espacio de treinta días, excepto
á ti, oh rey, fuese echado en el foso de los leones? Respondió
el rey y dijo: Verdad es, conforme á la ley de Media y de Persia,
la cual no se abroga.
13
Entonces respondieron y dijeron delante del rey: Daniel que es de los
hijos de la cautividad de los Judíos, no ha hecho cuenta de ti,
oh rey, ni del edicto que confirmaste; antes tres veces al día
hace su petición.
14
El rey entonces, oyendo el negocio, pesóle en gran manera, y sobre
Daniel puso cuidado para librarlo; y hasta puestas del sol trabajó
para librarle.
15
Empero aquellos hombres se reunieron cerca del rey, y dijeron al rey:
Sepas, oh rey, que es ley de Media y de Persia, que ningún decreto
ú ordenanza que el rey confirmare pueda mudarse.
16
Entonces el rey mandó, y trajeron á Daniel, y echáronle
en el foso de los leones. Y hablando el rey dijo á Daniel: El Dios
tuyo, á quien tú continuamente sirves, él te libre.
17
Y fué traída una piedra, y puesta sobre la puerta del foso,
la cual selló el rey con su anillo, y con el anillo de sus príncipes,
porque el acuerdo acerca de Daniel no se mudase.
18
Fuése luego el rey á su palacio, y acostóse ayuno;
ni instrumentos de música fueron traídos delante de él,
y se le fué el sueño.
19
El rey, por tanto, se levantó muy de mañana, y fué
apriesa al foso de los leones:
20
Y llegándose cerca del foso llamó á voces á
Daniel con voz triste: y hablando el rey dijo á Daniel: Daniel,
siervo del Dios viviente, el Dios tuyo, á quien tú continuamente
sirves ¿te ha podido librar de los leones?
21
Entonces habló Daniel con el rey: oh rey, para siempre vive.
22
El Dios mío envió su ángel, el cual cerró
la boca de los leones, para que no me hiciesen mal: porque delante de
él se halló en mí justicia: y aun delante de ti,
oh rey, yo no he hecho lo que no debiese.
23
Entonces se alegró el rey en gran manera á causa de él,
y mandó sacar á Daniel del foso: y fué Daniel sacado
del foso, y ninguna lesión se halló en él, porque
creyó en su Dios.
24
Y mandándolo el rey fueron traídos aquellos hombres que
habían acusado á Daniel, y fueron echados en el foso de
los leones, ellos, sus hijos, y sus mujeres; y aun no habían llegado
al suelo del foso, cuando los leones se apoderaron de ellos, y quebrantaron
todos sus huesos.
25
Entonces el rey Darío escribió á todos los pueblos,
naciones, y lenguas, que habitan en toda la tierra: Paz os sea multiplicada:
26
De parte mía es puesta ordenanza, que en todo el señorío
de mi reino todos teman y tiemblen de la presencia del Dios de Daniel:
porque él es el Dios viviente y permanente por todos los siglos,
y su reino tal que no será desecho, y su señorío
hasta el fin.
27
Que salva y libra, y hace señales y maravillas en el cielo y en
la tierra; el cual libró á Daniel del poder de los leones.
28
Y este Daniel fué prosperado durante el reinado de Darío,
y durante el reinado de Ciro, Persa.