Hechos 1
1
EN el primer tratado, oh Teófilo, he hablado de todas las cosas
que Jesús comenzó á hacer y á enseñar,
2
Hasta el día en que, habiendo dado mandamientos por el Espíritu
Santo á los apóstoles que escogió, fué recibido
arriba;
3
A los cuales, después de haber padecido, se presentó vivo
con muchas pruebas indubitables, apareciéndoles por cuarenta días,
y hablándo les del reino de Dios.
4
Y estando juntos, les mandó que no se fuesen de Jerusalem, sino
que esperasen la promesa del Padre, que oísteis, dijo, de mí.
5
Porque Juan á la verdad bautizó con agua, mas vosotros seréis
bautizados con el Espíritu Santo no muchos días después
de estos.
6
Entonces los que se habían juntado le preguntaron, diciendo: Señor,
¿restituirás el reino á Israel en este tiempo?
7
Y les dijo: No toca á vosotros saber los tiempos ó las sazones
que el Padre puso en su sola potestad;
8
Mas recibiréis la virtud del Espíritu Santo que vendrá
sobre vosotros; y me sereís testigos en Jerusalem, en toda Judea,
y Samaria, y hasta lo último de la tierra.
9
Y habiendo dicho estas cosas, viéndo lo ellos, fué alzado;
y una nube le recibió y le quitó de sus ojos.
10
Y estando con los ojos puestos en el cielo, entre tanto que él
iba, he aquí dos varones se pusieron junto á ellos en vestidos
blancos;
11
Los cuales también les dijeron: Varones Galileos, ¿qué
estáis mirando al cielo? este mismo Jesús que ha sido tomado
desde vosotros arriba en el cielo, así vendrá como le habéis
visto ir al cielo.
12
Entonces se volvieron á Jerusalem del monte que se llama del Olivar,
el cual está cerca de Jerusalem camino de un sábado.
13
Y entrados, subieron al aposento alto, donde moraban Pedro y Jacobo, y
Juan y Andrés, Felipe y Tomás, Bartolomé y Mateo,
Jacobo hijo de Alfeo, y Simón Zelotes, y Judas hermano de Jacobo.
14
Todos éstos perseveraban unánimes en oración y ruego,
con las mujeres, y con María la madre de Jesús, y con sus
hermanos.
15
Y en aquellos días, Pedro, levantándose en medio de los
hermanos, dijo (y era la compañía junta como de ciento y
veinte en número):
16
Varones hermanos, convino que se cumpliese la Escritura, la cual dijo
antes el Espíritu Santo por la boca de David, de Judas, que fué
guía de los que prendieron á Jesús;
17
El cuál era contado con nosotros, y tenía suerte en este
ministerio.
18
Este, pues, adquirió un campo del salario de su iniquidad, y colgándose,
reventó por medio, y todas sus entrañas se derramaron.
19
Y fué notorio á todos los moradores de Jerusalem; de tal
manera que aquel campo es llamado en su propia lengua, Acéldama,
que es, Campo de sangre.
20
Porque está escrito en el libro de los salmos: Sea hecha desierta
su habitación, Y no haya quien more en ella; y: Tome otro su obispado.
21
Conviene, pues, que de estos hombres que han estado juntos con nosotros
todo el tiempo que el Señor Jesús entró y salió
entre nosotros,
22
Comenzando desde el bautismo de Juan, hasta el día que fué
recibido arriba de entre nosotros, uno sea hecho testigo con nosotros
de su resurrección.
23
Y señalaron á dos: á José, llamado Barsabas,
que tenía por sobrenombre Justo, y á Matías.
24
Y orando, dijeron: Tú, Señor, que conoces los corazones
de todos, muestra cuál escoges de estos dos,
25
Para que tome el oficio de este ministerio y apostolado, del cual cayó
Judas por transgresión, para irse á su lugar.
26
Y les echaron suertes, y cayó la suerte sobre Matías; y
fué contado con los once apóstoles.
Hechos 2
1
Y COMO se cumplieron los días de Pentecostés, estaban todos
unánimes juntos;
2
Y de repente vino un estruendo del cielo como de un viento recio que corría,
el cual hinchió toda la casa donde estaban sentados;
3
Y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, que se asentó
sobre cada uno de ellos.
4
Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron á
hablar en otras lenguas, como el Espíritu les daba que hablasen.
5
Moraban entonces en Jerusalem Judíos, varones religiosos, de todas
las naciones debajo del cielo.
6
Y hecho este estruendo, juntóse la multitud; y estaban confusos,
porque cada uno les oía hablar su propia lengua.
7
Y estaban atónitos y maravillados, diciendo: He aquí ¿no
son "Galileos todos estos que hablan?
8
¿Cómo, pues, les oímos nosotros hablar cada uno en
nuestra lengua en que somos nacidos?
9
Partos y Medos, y Elamitas, y los que habitamos en Mesopotamia, en Judea
y en Capadocia, en el Ponto y en Asia,
10
En Phrygia y Pamphylia, en Egipto y en las partes de Africa que está
de la otra parte de Cirene, y Romanos extranjeros, tanto Judíos
como convertidos,
11
Cretenses y Arabes, les oímos hablar en nuestras lenguas las maravillas
de Dios.
12
Y estaban todos atónitos y perplejos, diciendo los unos á
los otros: ¿Qué quiere ser esto?
13
Mas otros burlándose, decían: Que están llenos de
mosto.
14
Entonces Pedro, poniéndose en pie con los once, alzó su
voz, y hablóles diciendo: Varones Judíos, y todos los que
habitáis en Jerusalem, esto os sea notorio, y oid mis palabras.
15
Porque éstos no están borrachos, como vosotros pensáis,
siendo la hora tercia del día;
16
Mas esto es lo que fué dicho por el profeta Joel:
17
Y será en los postreros días, dice Dios, Derramaré
de mi Espíritu sobre toda carne, Y vuestros hijos y vuestras hijas
profetizarán; Y vuestros mancebos verán visiones, Y vuestros
viejos soñarán sueños:
18
Y de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días
Derramaré de mi Espíritu, y profetizarán.
19
Y daré prodigios arriba en el cielo, Y señales abajo en
la tierra, Sangre y fuego y vapor de humo:
20
El sol se volverá en tinieblas, Y la luna en sangre, Antes que
venga el día del Señor, Grande y manifiesto;
21
Y será que todo aquel que invocare el nombre del Señor,
será salvo.
22
Varones Israelitas, oid estas palabras: Jesús Nazareno, varón
aprobado de Dios entre vosotros en maravillas y prodigios y señales,
que Dios hizo por él en medio de vosotros, como también
vosotros sabéis;
23
A éste, entregado por determinado consejo y providencia de Dios,
prendisteis y matasteis por manos de los inicuos, crucificándole;
24
Al cual Dios levantó, sueltos los dolores de la muerte, por cuanto
era imposible ser detenido de ella.
25
Porque David dice de él: Veía al Señor siempre delante
de mí: Porque está á mi diestra, no seré conmovido.
26
Por lo cual mi corazón se alegró, y gozóse mi lengua;
Y aun mi carne descansará en esperanza;
27
Que no dejarás mi alma en el infierno, Ni darás á
tu Santo que vea corrupción.
28
Hicísteme notorios los caminos de la vida; Me henchirás
de gozo con tu presencia.
29
Varones hermanos, se os puede libremente decir del patriarca David, que
murió, y fué sepultado, y su sepulcro está con nosotros
hasta del día de hoy.
30
Empero siendo profeta, y sabiendo que con juramento le había Dios
jurado que del fruto de su lomo, cuanto á la carne, levantaría
al Cristo que se sentaría sobre su trono;
31
Viéndolo antes, habló de la resurrección de Cristo,
que su alma no fué dejada en el infierno, ni su carne vió
corrupción.
32
A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos
testigos.
33
Así que, levantado por la diestra de Dios, y recibiendo del Padre
la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis
y oís.
34
Porque David no subió á los cielos; empero él dice:
Dijo el Señor á mi Señor: Siéntate á
mi diestra,
35
Hasta que ponga á tus enemigos por estrado de tus pies.
36
Sepa pues ciertísimamente toda la casa de Israel, que á
éste Jesús que vosotros crucificasteis, Dios ha hecho Señor
y Cristo.
37
Entonces oído esto, fueron compungidos de corazón, y dijeron
á Pedro y á los otros apóstoles: Varones hermanos,
¿qué haremos?
38
Y Pedro les dice: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros
en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis
el don del Espíritu Santo.
39
Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos
los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios
llamare.
40
Y con otras muchas palabras testificaba y exhortaba, diciendo: Sed salvos
de esta perversa generación.
41
Así que, los que recibieron su palabra, fueron bautizados: y fueron
añadidas á ellos aquel día como tres mil personas.
42
Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, y en la comunión,
y en el partimiento del pan, y en las oraciones.
43
Y toda persona tenía temor: y muchas maravillas y señales
eran hechas por los apóstoles.
44
Y todos los que creían estaban juntos; y tenían todas las
cosas comunes;
45
Y vendían las posesiones, y las haciendas, y repartíanlas
á todos, como cada uno había menester.
46
Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo
el pan en las casas, comían juntos con alegría y con sencillez
de corazón,
47
Alabando á Dios, y teniendo gracia con todo el pueblo. Y el Señor
añadía cada día á la iglesia los que habían
de ser salvos.
Hechos 3
1
PEDRO y Juan subían juntos al templo á la hora de oración,
la de nona.
2
Y un hombre que era cojo desde el vientre de su madre, era traído;
al cual ponían cada día á la puerta del templo que
se llama la Hermosa, para que pidiese limosna de los que entraban en el
templo.
3
Este, como vió á Pedro y á Juan que iban á
entrar en el templo, rogaba que le diesen limosna.
4
Y Pedro, con Juan, fijando los ojos en él, dijo: Mira á
nosotros.
5
Entonces él estuvo atento á ellos, esperando recibir de
ellos algo.
6
Y Pedro dijo: Ni tengo plata ni oro; mas lo que tengo te doy: en el nombre
de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda.
7
Y tomándole por la mano derecha le levantó: y luego fueron
afirmados sus pies y tobillos;
8
Y saltando, se puso en pie, y anduvo; y entró con ellos en el templo,
andando, y saltando, y alabando á Dios.
9
Y todo el pueblo le vió andar y alabar á Dios.
10
Y conocían que él era el que se sentaba á la limosna
á la puerta del templo, la Hermosa: y fueron llenos de asombro
y de espanto por lo que le había acontecido.
11
Y teniendo á Pedro y á Juan el cojo que había sido
sanado, todo el pueblo concurrió á ellos al pórtico
que se llama de Salomón, atónitos.
12
Y viendo esto Pedro, respondió al pueblo: Varones Israelitas, ¿por
qué os maravilláis de esto? ó ¿por qué
ponéis los ojos en nosotros, como si con nuestra virtud ó
piedad hubiésemos hecho andar á éste?
13
El Dios de Abraham, y de Isaac, y de Jacob, el Dios de nuestros padres
ha glorificado á su Hijo Jesús, al cual vosotros entregasteis,
y negasteis delante de Pilato, juzgando él que había de
ser suelto.
14
Mas vosotros al Santo y al Justo negasteis, y pedisteis que se os diese
un homicida;
15
Y matasteis al Autor de la vida, al cual Dios ha resucitado de los muertos;
de lo que nosotros somos testigos.
16
Y en la fe de su nombre, á éste que vosotros veis y conocéis,
ha confirmado su nombre: y la fe que por él es, ha dado á
este esta completa sanidad en presencia de todos vosotros.
17
Mas ahora, hermanos, sé que por ignorancia lo habéis hecho,
como también vuestros príncipes.
18
Empero, Dios ha cumplido así lo que había antes anunciado
por boca de todos sus profetas, que su Cristo había de padecer.
19
Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean
borrados vuestros pecados; pues que vendrán los tiempos del refrigerio
de la presencia del Señor,
20
Y enviará á Jesucristo, que os fué antes anunciado:
21
Al cual de cierto es menester que el cielo tenga hasta los tiempos de
la restauración de todas las cosas, que habló Dios por boca
de sus santos profetas que han sido desde el siglo.
22
Porque Moisés dijo á los padres: El Señor vuestro
Dios os levantará profeta de vuestros hermanos, como yo; á
él oiréis en todas las cosas que os hablare.
23
Y será, que cualquiera alma que no oyere á aquel profeta,
será desarraigada del pueblo.
24
Y todos los profetas desde Samuel y en adelante, todos los que han hablado,
han anunciado estos días.
25
Vosotros sois los hijos de los profetas, y del pacto que Dios concertó
con nuestros padres, diciendo á Abraham: Y en tu simiente serán
benditas todas las familias de la tierra.
26
A vosotros primeramente, Dios, habiendo levantado á su Hijo, le
envió para que os bendijese, á fin de que cada uno se convierta
de su maldad.
Hechos 4
1
Y HABLANDO ellos al pueblo, sobrevinieron los sacerdotes, y el magistrado
del templo, y los Saduceos,
2
Resentidos de que enseñasen al pueblo, y anunciasen en Jesús
la resurrección de los muertos.
3
Y les echaron mano, y los pusieron en la cárcel hasta el día
siguiente; porque era ya tarde.
4
Mas muchos de los que habían oído la palabra, creyeron;
y fué el número de los varones como cinco mil.
5
Y aconteció al día siguiente, que se juntaron en Jerusalem
los príncipes de ellos, y los ancianos, y los escribas;
6
Y Anás, príncipe de los sacerdotes, y Caifás, y Juan
y Alejandro, y todos los que eran del linaje sacerdotal;
7
Y haciéndolos presentar en medio, les preguntaron: ¿Con
qué potestad, ó en qué nombre, habéis hecho
vosotros esto?
8
Entonce Pedro, lleno del Espíritu Santo, les dijo: Príncipes
del pueblo, y ancianos de Israel:
9
Pues que somos hoy demandados acerca del beneficio hecho á un hombre
enfermo, de qué manera éste haya sido sanado,
10
Sea notorio á todos vosotros, y á todo el pueblo de Israel,
que en el nombre de Jesucristo de Nazaret, al que vosotros crucificasteis
y Dios le resucitó de los muertos, por él este hombre está
en vuestra presencia sano.
11
Este es la piedra reprobada de vosotros los edificadores, la cual es puesta
por cabeza del ángulo.
12
Y en ningún otro hay salud; porque no hay otro nombre debajo del
cielo, dado á los hombres, en que podamos ser salvos.
13
Entonces viendo la constancia de Pedro y de Juan, sabido que eran hombres
sin letras é ignorantes, se maravillaban; y les conocían
que habían estado con Jesús.
14
Y viendo al hombre que había sido sanado, que estaba con ellos,
no podían decir nada en contra.
15
Mas les mandaron que se saliesen fuera del concilio; y conferían
entre sí,
16
Diciendo: ¿Qué hemos de hacer á estos hombres? porque
de cierto, señal manifiesta ha sido hecha por ellos, notoria á
todos los que moran en Jerusalem, y no lo podemos negar.
17
Todavía, porque no se divulgue más por el pueblo, amenacémoslos,
que no hablen de aquí adelante á hombre alguno en este nombre.
18
Y llamándolos, les intimaron que en ninguna manera hablasen ni
enseñasen en el nombre de Jesús.
19
Entonces Pedro y Juan, respondiendo, les dijeron: Juzgad si es justo delante
de Dios obedecer antes á vosotros que á Dios:
20
Porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído.
21
Ellos entonces los despacharon amenazándolos, no hallando ningún
modo de castigarlos, por causa del pueblo; porque todos glorificaban á
Dios de lo que había sido hecho.
22
Porque el hombre en quien había sido hecho este milagro de sanidad,
era de más de cuarenta años.
23
Y sueltos, vinieron á los suyos, y contaron todo lo que los príncipes
de los sacerdotes y los ancianos les habían dicho.
24
Y ellos, habiéndolo oído, alzaron unánimes la voz
á Dios, y dijeron: Señor, tú eres el Dios que hiciste
el cielo y la tierra, la mar, y todo lo que en ellos hay;
25
Que por boca de David, tu siervo, dijiste: ¿Por qué han
bramado las gentes, Y los pueblos han pensado cosas vanas?
26
Asistieron los reyes de la tierra, Y los príncipes se juntaron
en uno Contra el Señor, y contra su Cristo.
27
Porque verdaderamente se juntaron en esta ciudad contra tu santo Hijo
Jesús, al cual ungiste, Herodes y Poncio Pilato, con los Gentiles
y los pueblos de Israel,
28
Para hacer lo que tu mano y tu consejo habían antes determinado
que había de ser hecho.
29
Y ahora, Señor, mira sus amenazas, y da á tus siervos que
con toda confianza hablen tu palabra;
30
Que extiendas tu mano á que sanidades, y milagros, y prodigios
sean hechos por el nombre de tu santo Hijo Jesús.
31
Y como hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló;
y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaron la palabra
de Dios con confianza.
32
Y la multitud de los que habían creído era de un corazón
y un alma: y ninguno decía ser suyo algo de lo que poseía;
mas todas las cosas les eran comunes.
33
Y los apóstoles daban testimonio de la resurrección del
Señor Jesús con gran esfuerzo; y gran gracia era en todos
ellos.
34
Que ningún necesitado había entre ellos: porque todos los
que poseían heredades ó casas, vendiéndolas, traían
el precio de lo vendido,
35
Y lo ponían á los pies de los apóstoles; y era repartido
á cada uno según que había menester.
36
Entonces José, que fué llamado de los apóstoles por
sobrenombre, Bernabé, (que es interpretado, Hijo de consolación)
Levita, natural de Cipro,
37
Como tuviese una heredad, la vendió, y trajo el precio, y púsolo
á los pies de los apóstoles.
Hechos 5
1
MAS un varón llamado Ananías, con Safira su mujer, vendió
una posesión,
2
Y defraudó del precio, sabiéndolo también su mujer;
y trayendo una parte, púsola á los pies de los apóstoles.
3
Y dijo Pedro: Ananías, ¿por qué ha llenado Satanás
tu corazón á que mintieses al Espíritu Santo, y defraudases
del precio de la heredad?
4
Reteniéndola, ¿no se te quedaba á ti? y vendida,
¿no estaba en tu potestad? ¿Por qué pusiste esto
en tu corazón? No has mentido á los hombres, sino á
Dios.
5
Entonces Ananías, oyendo estas palabras, cayó y espiró.
Y vino un gran temor sobre todos los que lo oyeron.
6
Y levantándose los mancebos, le tomaron, y sacándolo, sepultáronlo.
7
Y pasado espacio como de tres horas, sucedió que entró su
mujer, no sabiendo lo que había acontecido.
8
Entonces Pedro le dijo: Dime: ¿vendisteis en tanto la heredad?
Y ella dijo: Sí, en tanto.
9
Y Pedro le dijo: ¿Por qué os concertasteis para tentar al
Espíritu del Señor? He aquí á la puerta los
pies de los que han sepultado á tu marido, y te sacarán.
10
Y luego cayó á los pies de él, y espiró: y
entrados los mancebos, la hallaron muerta; y la sacaron, y la sepultaron
junto á su marido.
11
Y vino un gran temor en toda la iglesia, y en todos los que oyeron estas
cosas.
12
Y por las manos de los apóstoles eran hechos muchos milagros y
prodigios en el pueblo; y estaban todos unánimes en el pórtico
de Salomón.
13
Y de los otros, ninguno osaba juntarse con ellos; mas el pueblo los alababa
grandemente.
14
Y los que creían en el Señor se aumentaban más, gran
número así de hombres como de mujeres;
15
Tanto que echaban los enfermos por las calles, y los ponían en
camas y en lechos, para que viniendo Pedro, á lo menos su sombra
tocase á alguno de ellos.
16
Y aun de las ciudades vecinas concurría multitud á Jerusalem,
trayendo enfermos y atormentados de espíritus inmundos; los cuales
todos eran curados.
17
Entonces levantándose el príncipe de los sacerdotes, y todos
los que estaban con él, que es la secta de los Saduceos, se llenaron
de celo;
18
Y echaron mano á los apóstoles, y pusiéronlos en
la cárcel pública.
19
Mas el ángel del Señor, abriendo de noche las puertas de
la cárcel, y sacándolos, dijo:
20
Id, y estando en el templo, hablad al pueblo todas las palabras de esta
vida.
21
Y oído que hubieron esto, entraron de mañana en el templo,
y enseñaban. Entre tanto, viniendo el príncipe de los sacerdotes,
y los que eran con él, convocaron el concilio, y á todos
los ancianos de los hijos de Israel, y enviaron á la cárcel
para que fuesen traídos.
22
Mas como llegaron los ministros, y no los hallaron en la cárcel,
volvieron, y dieron aviso,
23
Diciendo: Por cierto, la cárcel hemos hallado cerrada con toda
seguridad, y los guardas que estaban delante de las puertas; mas cuando
abrimos, á nadie hallamos dentro.
24
Y cuando oyeron estas palabras el pontífice y el magistrado del
templo y los príncipes de los sacerdotes, dudaban en qué
vendría á parar aquello.
25
Pero viniendo uno, dióles esta noticia: He aquí, los varones
que echasteis en la cárcel, están en el templo, y enseñan
al pueblo.
26
Entonces fué el magistrado con los ministros, y trájolos
sin violencia; porque temían del pueblo ser apedreados.
27
Y como los trajeron, los presentaron en el concilio: y el príncipe
de los sacerdotes les preguntó,
28
Diciendo: ¿No os denunciamos estrechamente, que no enseñaseis
en este nombre? y he aquí, habéis llenado á Jerusalem
de vuestra doctrina, y queréis echar sobre nosotros la sangre de
este hombre.
29
Y respondiendo Pedro y los apóstoles, dijeron: Es menester obedecer
á Dios antes que á los hombres.
30
El Dios de nuestros padres levantó á Jesús, al cual
vosotros matasteis colgándole de un madero.
31
A éste ha Dios ensalzado con su diestra por Príncipe y Salvador,
para dar á Israel arrepentimiento y remisión de pecados.
32
Y nosotros somos testigos suyos de estas cosas, y también el Espíritu
Santo, el cual ha dado Dios á los que le obedecen.
33
Ellos, oyendo esto, regañaban, y consultaban matarlos.
34
Entonces levantándose en el concilio un Fariseo llamado Gamaliel,
doctor de la ley, venerable á todo el pueblo, mandó que
sacasen fuera un poco á los apóstoles.
35
Y les dijo: Varones Israelitas, mirad por vosotros acerca de estos hombres
en lo que habéis de hacer.
36
Porque antes de estos días se levantó Teudas, diciendo que
era alguien; al que se agregó un número de hombres como
cuatrocientos: el cual fué matado; y todos los que le creyeron
fueron dispersos, y reducidos á nada.
37
Después de éste, se levantó Judas el Galileo en los
días del empadronamiento, y llevó mucho pueblo tras sí.
Pereció también aquél; y todos los que consintieron
con él, fueron derramados.
38
Y ahora os digo: Dejaos de estos hombres, y dejadlos; porque si este consejo
ó esta obra es de los hombres, se desvanecerá:
39
Mas si es de Dios, no la podréis deshacer; no seáis tal
vez hallados resistiendo á Dios.
40
Y convinieron con él: y llamando á los apóstoles,
después de azotados, les intimaron que no hablasen en el nombre
de Jesús, y soltáronlos.
41
Y ellos partieron de delante del concilio, gozosos de que fuesen tenidos
por dignos de padecer afrenta por el Nombre.
42
Y todos los días, en el templo y por las casas, no cesaban de enseñar
y predicar á Jesucristo.
Hechos 6
1
EN aquellos días, creciendo el número de los discípulos,
hubo murmuración de los Griegos contra los Hebreos, de que sus
viudas eran menospreciadas en el ministerio cotidiano.
2
Así que, los doce convocaron la multitud de los discípulos,
y dijeron: No es justo que nosotros dejemos la palabra de Dios, y sirvamos
á las mesas.
3
Buscad pues, hermanos, siete varones de vosotros de buen testimonio, llenos
de Espíritu Santo y de sabiduría, los cuales pongamos en
esta obra.
4
Y nosotros persistiremos en la oración, y en el ministerio de la
palabra.
5
Y plugo el parecer á toda la multitud; y eligieron á Esteban,
varón lleno de fe y de Espíritu Santo, y á Felipe,
y á Prócoro, y á Nicanor, y á Timón,
y á Parmenas, y á Nicolás, prosélito de Antioquía:
6
A estos presentaron delante de los apóstoles, los cuales orando
les pusieron las manos encima.
7
Y crecía la palabra del Señor, y el número de los
discípulos se multiplicaba mucho en Jerusalem: también una
gran multitud de los sacerdotes obedecía á la fe.
8
Empero Esteban, lleno de gracia y de potencia, hacía prodigios
y milagros grandes en el pueblo.
9
Levantáronse entonces unos de la sinagoga que se llama de los Libertinos,
y Cireneos, y Alejandrinos, y de los de Cilicia, y de Asia, disputando
con Esteban.
10
Mas no podían resistir á la sabiduría y al Espíritu
con que hablaba.
11
Entonces sobornaron á unos que dijesen que le habían oído
hablar palabras blasfemas contra Moisés y Dios.
12
Y conmovieron al pueblo, y á los ancianos, y á los escribas;
y arremetiendo le arrebataron, y le trajeron al concilio.
13
Y pusieron testigos falsos, que dijesen: Este hombre no cesa de hablar
palabras blasfemas contra este lugar santo y la ley:
14
Porque le hemos oído decir, que Jesús de Nazaret destruirá
este lugar, y mudará las ordenanzas que nos dió Moisés.
15
Entonces todos los que estaban sentados en el concilio, puestos los ojos
en él, vieron su rostro como el rostro de un ángel.