Romanos 1
1
PABLO, siervo de Jesucristo, llamado á ser apóstol, apartado
para el evangelio de Dios,
2
Que él había antes prometido por sus profetas en las santas
Escrituras,
3
Acerca de su Hijo, (que fué hecho de la simiente de David según
la carne;
4
El cual fué declarado Hijo de Dios con potencia, según el
espíritu de santidad, por la resurrección de los muertos),
de Jesucristo Señor nuestro,
5
Por el cual recibimos la gracia y el apostolado, para la obediencia de
la fe en todas las naciones en su nombre,
6
Entre las cuales sois también vosotros, llamados de Jesucristo:
7
A todos los que estáis en Roma, amados de Dios, llamados santos:
Gracia y paz tengáis de Dios nuestro Padre, y del Señor
Jesucristo.
8
Primeramente, doy gracias á mi Dios por Jesucristo acerca de todos
vosotros, de que vuestra fe es predicada en todo el mundo.
9
Porque testigo me es Dios, al cual sirvo en mi espíritu en el evangelio
de su Hijo, que sin cesar me acuerdo de vosotros siempre en mis oraciones,
10
Rogando, si al fin algún tiempo haya de tener, por la voluntad
de Dios, próspero viaje para ir á vosotros.
11
Porque os deseo ver, para repartir con vosotros algún don espiritual,
para confirmaros;
12
Es á saber, para ser juntamente consolado con vosotros por la común
fe vuestra y juntamente mía.
13
Mas no quiero, hermanos, que ingnoréis que muchas veces me he propuesto
ir á vosotros (empero hasta ahora he sido estorbado), para tener
también entre vosotros algún fruto, como entre los demás
Gentiles.
14
A Griegos y á bárbaros, á sabios y á no sabios
soy deudor.
15
Así que, cuanto á mí, presto estoy á anunciar
el evangelio también á vosotros que estáis en Roma.
16
Porque no me avergüenzo del evangelio: porque es potencia de Dios
para salud á todo aquel que cree; al Judío primeramente
y también al Griego.
17
Porque en él la justicia de Dios se descubre de fe en fe; como
está escrito: Mas el justo vivirá por la fe.
18
Porque manifiesta es la ira de Dios del cielo contra toda impiedad é
injusticia de los hombres, que detienen la verdad con injusticia:
19
Porque lo que de Dios se conoce, á ellos es manifiesto; porque
Dios se lo manifestó.
20
Porque las cosas invisibles de él, su eterna potencia y divinidad,
se echan de ver desde la creación del mundo, siendo entendidas
por las cosas que son hechas; de modo que son inexcusables:
21
Porque habiendo conocido á Dios, no le glorificaron como á
Dios, ni dieron gracias; antes se desvanecieron en sus discursos, y el
necio corazón de ellos fué entenebrecido.
22
Diciéndose ser sabios, se hicieron fatuos,
23
Y trocaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de
hombre corruptible, y de aves, y de animales de cuatro pies, y de serpientes.
24
Por lo cual también Dios los entregó á inmundicia,
en las concupiscencias de sus corazones, de suerte que contaminaron sus
cuerpos entre sí mismos:
25
Los cuales mudaron la verdad de Dios en mentira, honrando y sirviendo
á las criaturas antes que al Criador, el cual es bendito por los
siglos. Amén.
26
Por esto Dios los entregó á afectos vergonzosos; pues aun
sus mujeres mudaron el natural uso en el uso que es contra naturaleza:
27
Y del mismo modo también los hombres, dejando el uso natural de
las mujeres, se encendieron en sus concupiscencias los unos con los otros,
cometiendo cosas nefandas hombres con hombres, y recibiendo en sí
mismos la recompensa que convino á su extravío.
28
Y como á ellos no les pareció tener á Dios en su
noticia, Dios los entregó á una mente depravada, para hacer
lo que no conviene,
29
Estando atestados de toda iniquidad, de fornicación, de malicia,
de avaricia, de maldad; llenos de envidia, de homicidios, de contiendas,
de engaños, de malignidades;
30
Murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios,
altivos, inventores de males, desobedientes á los padres,
31
Necios, desleales, sin afecto natural, implacables, sin misericordia:
32
Que habiendo entendido el juicio de Dios que los que hacen tales cosas
son dignos de muerte, no sólo las hacen, más aún
consienten á los que las hacen.
Romanos 2
1
POR lo cual eres inexcusable, oh hombre, cuaquiera que juzgas: porque
en lo que juzgas á otro, te condenas á ti mismo; porque
lo mismo haces, tú que juzgas.
2
Mas sabemos que el juicio de Dios es según verdad contra los que
hacen tales cosas.
3
¿Y piensas esto, oh hombre, que juzgas á los que hacen tales
cosas, y haces las mismas, que tú escaparás del juicio de
Dios.?
4
¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, y fhfifhfi ignorando
que su benignidad te guía á arrepentimiento?
5
Mas por tu dureza, y por tu corazón no arrepentido, atesoras para
ti mismo ira para el día de la ira y de la manifestación
del justo juicio de Dios;
6
El cual pagará á cada uno conforme á sus obras:
7
A los que perseverando en bien hacer, buscan gloria y honra e inmortalidad,
la vida eterna.
8
Mas á los que son contenciosos, y no obedecen á la verdad,
antes obedecen á la injusticia, enojo é ira;
9
Tribulación y angustia sobre toda persona humana que obra lo malo,
el Judío primeramente, y también el Griego.
10
Mas gloria y honra y paz á cualquiera que obra el bien, al Judío
primeramente, y también al Griego.
11
Porque no hay acepción de personas para con Dios.
12
Porque todos lo que sin ley pecaron, sin ley también perecerán;
y todos los que en la ley pecaron, por la ley serán juzgados:
13
Porque no los oidores de la ley son justos para con Dios, mas los hacedores
de la ley serán justificados.
14
Porque los Gentiles que no tienen ley, naturalmente haciendo lo que es
de la ley, los tales, aunque no tengan ley, ellos son ley á sí
mismos:
15
Mostrando la obra de la ley escrita en sus corazones, dando testimonio
juntamente sus conciencias, y acusándose y también excusándose
sus pensamientos unos con otros;
16
En el día que juzgará el Señor lo encubierto de los
hombres, conforme á mi evangelio, por Jesucristo.
17
He aquí, tú tienes el sobrenombre de Judío, y estás
reposado en la ley, y te glorías en Dios,
18
Y sabes su voluntad, y apruebas lo mejor, instruído por la ley;
19
Y confías que eres guía de los ciegos, luz de los que están
en tinieblas,
20
Enseñador de los que no saben, maestro de niños, que tienes
la forma de la ciencia y de la verdad en la ley:
21
Tú pues, que enseñas á otro, ¿no te enseñas
á ti mismo? ¿Tú, que predicas que no se ha de hurtar,
hurtas?
22
¿Tú, que dices que no se ha de adulterar, adulteras? ¿Tú,
que abominas los ídolos, cometes sacrilegio?
23
¿Tú, que te jactas de la ley, con infracción de la
ley deshonras á Dios?
24
Porque el nombre de Dios es blasfemado por causa de vosotros entre los
Gentiles, como está esctrito.
25
Porque la circuncisión en verdad aprovecha, si guardares la ley;
mas si eres rebelde á la ley, tu circuncisión es hecha incircuncisión.
26
De manera que, si el incircunciso guardare las justicias de la ley, ¿no
será tenida su incircuncisión por circuncisión?
27
Y lo que de su natural es incircunciso, guardando perfectamente la ley,
te juzgará á ti, que con la letra y con la circuncisión
eres rebelde á la ley.
28
Porque no es Judío el que lo es en manifiesto; ni la circuncisión
es la que es en manifiesto en la carne:
29
Mas es Judío el que lo es en lo interior; y la circuncisión
es la del corazón, en espíritu, no en letra; la alabanza
del cual no es de los hombres, sino de Dios.
Romanos 3
1
¿QUÉ, pues, tiene más el Judío? ¿ó
qué aprovecha la circuncisión?,
2
Mucho en todas maneras. Lo primero ciertamente, que la palabra de Dios
les ha sido confiada.
3
¿Pues qué si algunos de ellos han sido incrédulos?
¿la incredulidad de ellos habrá hecho vana la verdad de
Dios?
4
En ninguna manera; antes bien sea Dios verdadero, mas todo hombre mentiroso;
como está escrito: Para que seas justificado en tus dichos, Y venzas
cuando de ti se juzgare.
5
Y si nuestra iniquidad encarece la justicia de Dios, ¿qué
diremos? ¿Será injusto Dios que da castigo? (hablo como
hombre.)
6
En ninguna manera: de otra suerte ¿cómo juzgaría
Dios el mundo?
7
Empero si la verdad de Dios por mi mentira creció á gloria
suya, ¿por qué aun así yo soy juzgado como pecador?
8
¿Y por qué no decir (como somos blasfemados, y como algunos
dicen que nosotros decimos): Hagamos males para que vengan bienes? la
condenación de los cuales es justa.
9
¿Qué pues? ¿Somos mejores que ellos? En ninguna manera:
porque ya hemos acusado á Judíos y á Gentiles, que
todos están debajo de pecado.
10
Como está escrito: No hay justo, ni aun uno;
11
No hay quien entienda, No hay quien busque á Dios;
12
Todos se apartaron, á una fueron hechos inútiles; No hay
quien haga lo bueno, no hay ni aun uno:
13
Sepulcro abierto es su garganta; Con sus lenguas tratan engañosamente;
Veneno de áspides está debajo de sus labios;
14
Cuya boca está llena de maledicencia y de amargura;
15
Sus pies son ligeros á derramar sangre;
16
Quebrantamiento y desventura hay en sus caminos;
17
Y camino de paz no conocieron:
18
No hay temor de Dios delante de sus ojos.
19
Empero sabemos que todo lo que la ley dice, á los que están
en la ley lo dice, para que toda boca se tape, y que todo el mundo se
sujete á Dios:
20
Porque por las obras de la ley ninguna carne se justificará delante
de él; porque por la ley es el conocimiento del pecado.
21
Mas ahora, sin la ley, la justicia de Dios se ha manifestado, testificada
por la ley y por los profetas:
22
La justicia de Dios por la fe de Jesucristo, para todos los que creen
en él: porque no hay diferencia;
23
Por cuanto todos pecaron, y están distituídos de la gloria
de Dios;
24
Siendo justificados gratuitamente por su gracia por la redención
que es en Cristo Jesús;
25
Al cual Dios ha propuesto en propiciación por la fe en su sangre,
para manifestación de su justicia, atento á haber pasado
por alto, en su paciencia, los pecados pasados,
26
Con la mira de manifestar su justicia en este tiempo: para que él
sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús.
27
¿Dondé pues está la jactancia? Es excluída.
¿Por cuál ley? ¿de las obras? No; mas por la ley
de la fe.
28
Así que, concluímos ser el hombre justificado por fe sin
las obras de la ley.
29
¿Es Dios solamente Dios de los Judíos? ¿No es también
Dios de los Gentiles? Cierto, también de los Gentiles.
30
Porque uno es Dios, el cual justificará por la fe la circuncisión,
y por medio de la fe la incircuncisión.
31
¿Luego deshacemos la ley por la fe? En ninguna manera; antes establecemos
la ley.
Romanos 4
1
¿QUÉ, pues, diremos que halló Abraham nuestro padre
según la carne?
2
Que si Abraham fué justificado por la obras, tiene de qué
gloriarse; mas no para con Dios.
3
Porque ¿qué dice la Escritura? Y creyó Abraham á
Dios, y le fué atribuído á justicia.
4
Empero al que obra, no se le cuenta el salario por merced, sino por deuda.
5
Mas al que no obra, pero cree en aquél que justifica al impío,
la fe le es contada por justicia.
6
Como también David dice ser bienaventurado el hombre al cual Dios
atribuye justicia sin obras,
7
Diciendo: Bienaventurados aquellos cuyas iniquidades son perdonadas, Y
cuyos pecados son cubiertos.
8
Bienaventurado el varón al cual el Señor no imputó
pecado.
9
¿Es pues esta bienaventuranza solamente en la circuncisión
ó también en la incircuncisión? porque decimos que
á Abraham fué contada la fe por justicia.
10
¿Cómo pues le fué contada? ¿en la circuncisión,
ó en la incircuncisión? No en la circuncisión, sino
en la incircuncisión.
11
Y recibió la circuncisión por señal, por sello de
la justicia de la fe que tuvo en la incircuncisión: para que fuese
padre de todos los creyentes no circuncidados, para que también
á ellos les sea contado por justicia;
12
Y padre de la circuncisión, no solamente á los que son de
la circuncisión, más también á los que siguen
las pisadas de la fe que fué en nuestro padre Abraham antes de
ser circuncidado.
13
Porque no por la ley fué dada la promesa á Abraham ó
á su simiente, que sería heredero del mundo, sino por la
justicia de la fe.
14
Porque si los que son de la ley son los herederos, vana es la fe, y anulada
es la promesa.
15
Porque la ley obra ira; porque donde no hay ley, tampoco hay transgresión.
16
Por tanto es por la fe, para que sea por gracia; para que la promesa sea
firme á toda simiente, no solamente al que es de la ley, mas también
al que es de la fe de Abraham, el cual es padre de todos nosotros.
17
(Como está escrito: Que por padre de muchas gentes te he puesto)
delante de Dios, al cual creyó; el cual da vida á los muertos,
y llama las cosas que no son, como las que son.
18
El creyó en esperanza contra esperanza, para venir á ser
padre de muchas gentes, conforme á lo que le había sido
dicho: Así será tu simiente.
19
Y no se enflaqueció en la fe, ni consideró su cuerpo ya
muerto (siendo ya de casi cien años,) ni la matriz muerta de Sara;
20
Tampoco en la promesa de Dios dudó con desconfianza: antes fué
esforzado en fe, dando gloria á Dios,
21
Plenamente convencido de que todo lo que había prometido, era también
poderoso para hacerlo.
22
Por lo cual también le fué atribuído á justicia.
23
Y no solamente por él fué escrito que le haya sido imputado;
24
Sino también por nosotros, á quienes será imputado,
esto es, á los que creemos en el que levantó de los muertos
á Jesús Señor nuestro,
25
El cual fué entregado por nuestros delitos, y resucitado para nuestra
justificación
Romanos 5
1
JUSTIFICADOS pues por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro
Señor Jesucristo:
2
Por el cual también tenemos entrada por la fe á esta gracia
en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria
de Dios.
3
Y no sólo esto, mas aun nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo
que la tribulación produce paciencia;
4
Y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza;
5
Y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios está
derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos es
dado.
6
Porque Cristo, cuando aún éramos flacos, á su tiempo
murió por los impíos.
7
Ciertamente apenas muere algun por un justo: con todo podrá ser
que alguno osara morir por el bueno.
8
Mas Dios encarece su caridad para con nosotros, porque siendo aún
pecadores, Cristo murió por nosotros.
9
Luego mucho más ahora, justificados en su sangre, por él
seremos salvos de la ira.
10
Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliado con Dios por la muerte
de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por
su vida.
11
Y no sólo esto, mas aun nos gloriamos en Dios por el Señor
nuestro Jesucristo, por el cual hemos ahora recibido la reconciliación.
12
De consiguiente, vino la reconciliación por uno, así como
el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte,
y la muerte así pasó á todos los hombres, pues que
todos pecaron.
13
Porque hasta la ley, el pecado estaba en el mundo; pero no se imputa pecado
no habiendo ley.
14
No obstante, reinó la muerte desde Adam hasta Moisés, aun
en los que no pecaron á la manera de la rebelión de Adam;
el cual es figura del que había de venir.
15
Mas no como el delito, tal fué el don: porque si por el delito
de aquel uno murieron los muchos, mucho más abundó la gracia
de Dios á los muchos, y el don por la gracia de un hombre, Jesucristo.
16
Ni tampoco de la manera que por un pecado, así también el
don: porque el juicio á la verdad vino de un pecado para condenación,
mas la gracia vino de muchos delitos para justificación.
17
Porque, si por un delito reinó la muerte por uno, mucho más
reinarán en vida por un Jesucristo los que reciben la abundancia
de gracia, y del don de la justicia.
18
Así que, de la manera que por un delito vino la culpa á
todos los hombres para condenación, así por una justicia
vino la gracia á todos los hombres para justificación de
vida.
19
Porque como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituídos
pecadores, así por la obediencia de uno los muchos serán
constituídos justos.
20
La ley empero entró para que el pecado creciese; mas cuando el
pecado creció, sobrepujó la gracia;
21
Para que, de la manera que el pecado reinó para muerte, así
también la gracia reine por la justicia para vida eterna por Jesucristo
Señor nuestro.
Romanos 6
1
¿PUES qué diremos? Perseveraremos en pecado para que la
gracia crezca?
2
En ninguna manera. Porque los que somos muertos al pecado, ¿cómo
viviremos aún en él?
3
¿O no sabéis que todos los que somos bautizados en Cristo
Jesús, somos bautizados en su muerte?
4
Porque somos sepultados juntamente con él á muerte por el
bautismo; para que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria
del Padre, así también nosotros andemos en novedad de vida.
5
Porque si fuimos plantados juntamente en él á la semejanza
de su muerte, así también lo seremos á la de su resurrección:
6
Sabiendo esto, que nuestro viejo hombre juntamente fué crucificado
con él, para que el cuerpo del pecado sea deshecho, á fin
de que no sirvamos más al pecado.
7
Porque el que es muerto, justificado es del pecado.
8
Y si morimos con Cristo, creemos que también viviremos con él;
9
Sabiendo que Cristo, habiendo resucitado de entre los muertos, ya no muere:
la muerte no se enseñoreará más de él.
10
Porque el haber muerto, al pecado murió una vez; mas el vivir,
á Dios vive.
11
Así también vosotros, pensad que de cierto estáis
muertos al pecado, mas vivos á Dios en Cristo Jesús Señor
nuestro.
12
No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, para que le obedezcáis
en sus concupiscencias;
13
Ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado por instrumento
de iniquidad; antes presentaos á Dios como vivos de los muertos,
y vuestros miembros á Dios por instrumentos de justicia.
14
Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no
estáis bajo la ley, sino bajo la gracia.
15
¿Pues qué? ¿Pecaremos, porque no estamos bajo de
la ley, sino bajo de la gracia? En ninguna manera.
16
¿No sabéis que á quien os prestáis vosotros
mismos por siervos para obedecer le, sois siervos de aquel á quien
obedecéis, ó del pecado para muerte, ó de la obediencia
para justicia?
17
Empero gracias á Dios, que aunque fuistes siervos del pecado, habéis
obedecido de corazón á aquella forma de doctrina á
la cual sois entregados;
18
Y libertados del pecado, sois hechos siervos de la justicia.
19
Humana cosa digo, por la flaqueza de vuestra carne: que como para iniquidad
presentasteis vuestros miembros á servir á la inmundicia
y á la iniquidad, así ahora para santidad presentéis
vuestros miembros á servir á la justicia.
20
Porque cuando fuisteis siervos del pecado, erais libres acerca de la justicia.
21
¿Qué fruto, pues, teníais de aquellas cosas de las
cuales ahora os avergonzáis? porque el fin de ellas es muerte.
22
Mas ahora, librados del pecado, y hechos siervos á Dios, tenéis
por vuestro fruto la santificación, y por fin la vida eterna.
23
Porque la paga del pecado es muerte: mas la dádiva de Dios es vida
eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.
Romanos 7
1
¿IGNORAIS, hermanos, (porque hablo con los que saben la ley) que
la ley se enseñorea del hombre entre tanto que vive?
2
Porque la mujer que está sujeta á marido, mientras el marido
vive está obligada á la ley; mas muerto el marido, libre
es de la ley del marido.
3
Así que, viviendo el marido, se llamará adúltera
si fuere de otro varón; mas si su marido muriere, es libre de la
ley; de tal manera que no será adúltera si fuere de otro
marido.
4
Así también vosotros, hermanos míos, estáis
muertos á la ley por el cuerpo de Cristo, para que seáis
de otro, á saber, del que resucitó de los muertos, á
fin de que fructifiquemos á Dios.
5
Porque mientras estábamos en la carne, los afectos de los pecados
que eran por la ley, obraban en nuestros miembros fructificando para muerte.
6
Mas ahora estamos libres de la ley, habiendo muerto á aquella en
la cual estábamos detenidos, para que sirvamos en novedad de espíritu,
y no en vejez de letra.
7
¿Qué pues diremos? ¿La ley es pecado? En ninguna
manera. Empero yo no conocí el pecado sino por la ley: porque tampoco
conociera la concupiscencia, si la ley no dijera: No codiciarás.
8
Mas el pecado, tomando ocasión, obró en mí por el
mandamiento toda concupiscencia: porque sin la ley el pecado está
muerto.
9
Así que, yo sin la ley vivía por algún tiempo: mas
venido el mandamiento, el pecado revivió, y yo morí.
10
Y hallé que el mandamiento, á intimado para vida, para mí
era mortal:
11
Porque el pecado, tomando ocasión, me engañó por
el mandamiento, y por él me mató.
12
De manera que la ley á la verdad es santa, y el mandamiento santo,
y justo, y bueno.
13
¿Luego lo que es bueno, á mí me es hecho muerte?
No; sino que el pecado, para mostrarse pecado, por lo bueno me obró
la muerte, haciéndose pecado sobremanera pecante por el mandamiento.
14
Porque sabemos que la ley es espiritual; mas yo soy carnal, vendido á
sujeción del pecado.
15
Porque lo que hago, no lo entiendo; ni lo que quiero, hago; antes lo que
aborrezco, aquello hago.
16
Y si lo que no quiero, esto hago, apruebo que la ley es buena.
17
De manera que ya no obro aquello, sino el pecado que mora en mí.
18
Y yo sé que en mí (es á saber, en mi carne) no mora
el bien: porque tengo el querer, mas efectuar el bien no lo alcanzo.
19
Porque no hago el bien que quiero; mas el mal que no quiero, éste
hago.
20
Y si hago lo que no quiero, ya no obro yo, sino el mal que mora en mí.
21
Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: Que el mal
está en mí.
22
Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios:
23
Mas veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi espíritu,
y que me lleva cautivo á la ley del pecado que está en mis
miembros.
24
¡Miserable hombre de mí! ¿quién me librará
del cuerpo de esta muerte?
25
Gracias doy á Dios, por Jesucristo Señor nuestro. Así
que, yo mismo con la mente sirvo á la ley de Dios, mas con la carne
á la ley del pecado.
Romanos 8
1
AHORA pues, ninguna condenación hay para los que están en
Cristo Jesús, los que no andan conforme á la carne, mas
conforme al espíritu.
2
Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha
librado de la ley del pecado y de la muerte.
3
Porque lo que era imposible á la ley, por cuanto era débil
por la carne, Dios enviando á su Hijo en semejanza de carne de
pecado, y á causa del pecado, condenó al pecado en la carne;
4
Para que la justicia de la ley fuese cumplida en nosotros, que no andamos
conforme á la carne, mas conforme al espíritu.
5
Porque los que viven conforme á la carne, de las cosas que son
de la carne se ocupan; mas los que conforme al espíritu, de las
cosas del espíritu.
6
Porque la intención de la carne es muerte; mas la intención
del espíritu, vida y paz:
7
Por cuanto la intención de la carne es enemistad contra Dios; porque
no se sujeta á la ley de Dios, ni tampoco puede.
8
Así que, los que están en la carne no pueden agradar á
Dios.
9
Mas vosotros no estáis en la carne, sino en el espíritu,
si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no
tiene el Espíritu de Cristo, el tal no es de él.
10
Empero si Cristo está en vosotros, el cuerpo á la verdad
está muerto á causa del pecado; mas el espíritu vive
á causa de la justicia.
11
Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos á
Jesús mora en vosotros, el que levantó á Cristo Jesús
de los muertos, vivificará también vuestros cuerpos mortales
por su Espíritu que mora en vosotros.
12
Así que, hermanos, deudores somos, no á la carne, para que
vivamos conforme á la carne:
13
Porque si viviereis conforme á la carne, moriréis; mas si
por el espíritu mortificáis las obras de la carne, viviréis.
14
Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, los tales
son hijos de Dios.
15
Porque no habéis recibido el espíritu de servidumbre para
estar otra vez en temor; mas habéis recibido el espíritu
de adopción, por el cual clamamos, Abba, Padre.
16
Porque el mismo Espíritu da testimonio á nuestro espíritu
que somos hijos de Dios.
17
Y si hijos, también herederos; herederos de Dios, y coherederos
de Cristo; si empero padecemos juntamente con él, para que juntamente
con él seamos glorificados.
18
Porque tengo por cierto que lo que en este tiempo se padece, no es de
comparar con la gloria venidera que en nosotros ha de ser manifestada.
19
Porque el continuo anhelar de las criaturas espera la manifestación
de los hijos de Dios.
20
Porque las criaturas sujetas fueron á vanidad, no de grado, mas
por causa del que las sujetó con esperanza,
21
Que también las mismas criaturas serán libradas de la servidumbre
de corrupción en la libertad gloriosa de los hijos de Dios.
22
Porque sabemos que todas las criaturas gimen á una, y á
una están de parto hasta ahora.
23
Y no sólo ellas, mas también nosotros mismos, que tenemos
las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro
de nosotros mismos, esperando la adopción, es á saber, la
redención de nuestro cuerpo.
24
Porque en esperanza somos salvos; mas la esperanza que se ve, no es esperanza;
porque lo que alguno ve, ¿á qué esperarlo?
25
Empero si lo que no vemos esperamos, por paciencia esperamos.
26
Y asimismo también el Espíritu ayuda nuestra flaqueza: porque
qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos; sino que el mismo
Espíritu pide por nosotros con gemidos indecibles.
27
Mas el que escudriña los corazones, sabe cuál es el intento
del Espíritu, porque conforme á la voluntad de Dios, demanda
por los santos.
28
Y sabemos que á los que á Dios aman, todas las cosas les
ayudan á bien, es á saber, á los que conforme al
propósito son llamados.
29
Porque á los que antes conoció, también predestinó
para que fuesen hechos conformes á la imagen de su Hijo, para que
él sea el primogénito entre muchos hermanos;
30
Y á los que predestinó, á éstos también
llamó; y á los que llamó, á éstos también
justificó; y á los que justificó, á éstos
también glorificó.
31
¿Pues qué diremos á esto? Si Dios por nosotros, ¿quién
contra nosotros?
32
El que aun á su propio Hijo no perdonó, antes le entregó
por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también
con él todas las cosas?
33
¿Quién acusará á los escogidos de Dios? Dios
es el que justifica.
34
¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió;
más aún, el que también resucitó, quien además
está á la diestra de Dios, el que también intercede
por nosotros.
35
¿Quién nos apartará del amor de Cristo? tribulación?
ó angustia? ó persecución? ó hambre? ó
desnudez? ó peligro? ó cuchillo?
36
Como está escrito: Por causa de ti somos muertos todo el tiempo:
Somos estimados como ovejas de matadero.
37
Antes, en todas estas cosas hacemos más que vencer por medio de
aquel que nos amó.
38
Por lo cual estoy cierto que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles,
ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir,
39
Ni lo alto, ni lo bajo, ni ninguna criatura nos podrá apartar del
amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.