Juan 1
1
EN el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era
Dios.
2
Este era en el principio con Dios.
3
Todas las cosas por él fueron hechas; y sin él nada de lo
que es hecho, fué hecho.
4
En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.
5
Y la luz en las tinieblas resplandece; mas las tinieblas no la comprendieron.
6
Fué un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba Juan.
7
Este vino por testimonio, para que diese testimonio de la luz, para que
todos creyesen por él.
8
No era él la luz, sino para que diese testimonio de la luz.
9
Aquel era la luz verdadera, que alumbra á todo hombre que viene
á este mundo.
10
En el mundo estaba, y el mundo fué hecho por él; y el mundo
no le conoció.
11
A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron.
12
Mas á todos los que le recibieron, dióles potestad de ser
hechos hijos de Dios, á los que creen en su nombre:
13
Los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de
voluntad de varón, mas de Dios.
14
Y aquel Verbo fué hecho carne, y habitó entre nosotros (y
vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de
gracia y de verdad.
15
Juan dió testimonio de él, y clamó diciendo: Este
es del que yo decía: El que viene tras mí, es antes de mí:
porque es primero que yo.
16
Porque de su plenitud tomamos todos, y gracia por gracia.
17
Porque la ley por Moisés fué dada: mas la gracia y la verdad
por Jesucristo fué hecha.
18
A Dios nadie le vió jamás: el unigénito Hijo, que
está en el seno del Padre, él le declaró.
19
Y éste es el testimonio de Juan, cuando los Judíos enviaron
de Jerusalem sacerdotes y Levitas, que le preguntasen: ¿Tú,
quién eres?
20
Y confesó, y no negó; mas declaró: No soy yo el Cristo.
21
Y le preguntaron: ¿Qué pues? ¿Eres tú Elías?
Dijo: No soy. ¿Eres tú el profeta? Y respondió: No.
22
Dijéronle: ¿Pues quién eres? para que demos respuesta
á los que nos enviaron. ¿Qué dices de ti mismo?
23
Dijo: Yo soy la voz del que clama en el desierto: Enderezad el camino
del Señor, como dijo Isaías profeta.
24
Y los que habían sido enviados eran de los Fariseos.
25
Y preguntáronle, y dijéronle: ¿Por qué pues
bautizas, si tú no eres el Cristo, ni Elías, ni el profeta?
26
Y Juan les respondió, diciendo: Yo bautizo con agua; mas en medio
de vosotros ha estado á quien vosotros no conocéis.
27
Este es el que ha de venir tras mí, el cual es antes de mí:
del cual yo no soy digno de desatar la correa del zapato.
28
Estas cosas acontecieron en Betábara, de la otra parte del Jordán,
donde Juan bautizaba.
29
El siguiente día ve Juan á Jesús que venía
á él, y dice: He aquí el Cordero de Dios, que quita
el pecado del mundo.
30
Este es del que dije: Tras mí viene un varón, el cual es
antes de mí: porque era primero que yo.
31
Y yo no le conocía; más para que fuese manifestado á
Israel, por eso vine yo bautizando con agua.
32
Y Juan dió testimonio, diciendo: Vi al Espíritu que descendía
del cielo como paloma, y reposó sobre él.
33
Y yo no le conocía; mas el que me envió á bautizar
con agua, aquél me dijo: Sobre quien vieres descender el Espíritu,
y que reposa sobre él, éste es el que bautiza con Espíritu
Santo.
34
Y yo le vi, y he dado testimonio que éste es el Hijo de Dios.
35
El siguiente día otra vez estaba Juan, y dos de sus discípulos.
36
Y mirando á Jesús que andaba por allí, dijo: He aquí
el Cordero de Dios.
37
Y oyéronle los dos discípulos hablar, y siguieron á
Jesús.
38
Y volviéndose Jesús, y viéndolos seguir le, díceles:
¿Qué buscáis? Y ellos le dijeron: Rabbí (que
declarado quiere decir Maestro) ¿dónde moras?
39
Díceles: Venid y ved. Vinieron, y vieron donde moraba, y quedáronse
con él aquel día: porque era como la hora de las diez.
40
Era Andrés, hermano de Simón Pedro, uno de los dos que habían
oído de Juan, y le habían seguido.
41
Este halló primero á su hermano Simón, y díjole:
Hemos hallado al Mesías (que declarado es, el Cristo).
42
Y le trajo á Jesús. Y mirándole Jesús, dijo:
Tú eres Simón, hijo de Jonás: tú serás
llamado Cephas (que quiere decir, Piedra).
43
El siguiente día quiso Jesús ir á Galilea, y halla
á Felipe, al cual dijo: Sígueme.
44
Y era Felipe de Bethsaida, la ciudad de Andrés y de Pedro.
45
Felipe halló á Natanael, y dícele: Hemos hallado
á aquel de quien escribió Moisés en la ley, y los
profetas: á Jesús, el hijo de José, de Nazaret.
46
Y díjole Natanael: ¿De Nazaret puede haber algo de bueno?
Dícele Felipe: Ven y ve.
47
Jesús vió venir á sí á Natanael, y
dijo de él: He aquí un verdadero Israelita, en el cual no
hay engaño.
48
Dícele Natanael: ¿De dónde me conoces? Respondió
Jesús, y díjole: Antes que Felipe te llamara, cuando estabas
debajo de la higuera te vi.
49
Respondió Natanael, y díjole: Rabbí, tú eres
el Hijo de Dios; tú eres el Rey de Israel.
50
Respondió Jesús y díjole: ¿Porque te dije,
te vi debajo de la higuera, crees? cosas mayores que éstas verás.
51
Y dícele: De cierto, de cierto os digo: De aquí adelante
veréis el cielo abierto, y los ángeles de Dios que suben
y descienden sobre el Hijo del hombre.
Juan 2
1
Y AL tercer día hiciéronse unas bodas en Caná de
Galilea; y estaba allí la madre de Jesús.
2
Y fué también llamado Jesús y sus discípulos
á las bodas.
3
Y faltando el vino, la madre de Jesús le dijo: Vino no tienen.
4
Y dícele Jesús: ¿Qué tengo yo contigo, mujer?
aun no ha venido mi hora.
5
Su madre dice á los que servían: Haced todo lo que os dijere.
6
Y estaban allí seis tinajuelas de piedra para agua, conforme á
la purificación de los Judíos, que cabían en cada
una dos ó tres cántaros.
7
Díceles Jesús: Henchid estas tinajuelas de agua. E hinchiéronlas
hasta arriba.
8
Y díceles: Sacad ahora, y presentad al maestresala. Y presentáron
le.
9
Y como el maestresala gustó el agua hecha vino, que no sabía
de dónde era (mas lo sabían los sirvientes que habían
sacado el agua), el maestresala llama al esposo,
10
Y dícele: Todo hombre pone primero el buen vino, y cuando están
satisfechos, entonces lo que es peor; mas tú has guardado el buen
vino hasta ahora.
11
Este principio de señales hizo Jesús en Caná de Galilea,
y manifestó su gloria; y sus discípulos creyeron en él.
12
Después de esto descendió á Capernaun, él,
y su madre, y hermanos, y discípulos; y estuvieron allí
no muchos días.
13
Y estaba cerca la Pascua de los Judíos; y subió Jesús
á Jerusalem.
14
Y halló en el templo á los que vendían bueyes, y
ovejas, y palomas, y á los cambiadores sentados.
15
Y hecho un azote de cuerdas, echólos á todos del templo,
y las ovejas, y los bueyes; y derramó los dineros de los cambiadores,
y trastornó las mesas;
16
Y á los que vendían las palomas, dijo: Quitad de aquí
esto, y no hagáis la casa de mi Padre casa de mercado.
17
Entonces se acordaron sus discípulos que está escrito: El
celo de tu casa me comió.
18
Y los Judíos respondieron, y dijéronle: ¿Qué
señal nos muestras de que haces esto?
19
Respondió Jesús, y díjoles: Destruid este templo,
y en tres días lo levantaré.
20
Dijeron luego los Judíos: En cuarenta y seis años fue este
templo edificado, ¿y tú en tres días lo levantarás?
21
Mas él hablaba del templo de su cuerpo.
22
Por tanto, cuando resucitó de los muertos, sus discípulos
se acordaron que había dicho esto; y creyeron á la Escritura,
y á la palabra que Jesús había dicho.
23
Y estando en Jerusalem en la Pascua, en el día de la fiesta, muchos
creyeron en su nombre, viendo las señales que hacía.
24
Mas el mismo Jesús no se confiaba á sí mismo de ellos,
porque él conocía á todos,
25
Y no tenía necesidad que alguien le diese testimonio del hombre;
porque él sabía lo que había en el hombre.
Juan 3
1
Y HABIA un hombre de los Fariseos que se llamaba Nicodemo, príncipe
de los Judíos.
2
Este vino á Jesús de noche, y díjole: Rabbí,
sabemos que has venido de Dios por maestro; porque nadie puede hacer estas
señales que tú haces, si no fuere Dios con él.
3
Respondió Jesús, y díjole: De cierto, de cierto te
digo, que el que no naciere otra vez, no puede ver el reino de Dios.
4
Dícele Nicodemo: ¿Cómo puede el hombre nacer siendo
viejo? ¿puede entrar otra vez en el vientre de su madre, y nacer?
5
Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que
no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino
de Dios.
6
Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu,
espíritu es.
7
No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer otra vez.
8
El viento de donde quiere sopla, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde
viene, ni á dónde vaya: así es todo aquel que es
nacido del Espíritu.
9
Respondió Nicodemo, y díjole: ¿Cómo puede
esto hacerse?
10
Respondió Jesús, y díjole: ¿Tú eres
el maestro de Israel, y no sabes esto?
11
De cierto, de cierto te digo, que lo que sabemos hablamos, y lo que hemos
visto, testificamos; y no recibís nuestro testimonio.
12
Si os he dicho cosas terrenas, y no creéis, ¿cómo
creeréis si os dijere las celestiales?
13
Y nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo,
el Hijo del hombre, que está en el cielo.
14
Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así
es necesario que el Hijo del hombre sea levantado;
15
Para que todo aquel que en él creyere, no se pierda, sino que tenga
vida eterna.
16
Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado á su
Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se
pierda, mas tenga vida eterna.
17
Porque no envió Dios á su Hijo al mundo, para que condene
al mundo, mas para que el mundo sea salvo por él.
18
El que en él cree, no es condenado; mas el que no cree, ya es condenado,
porque no creyó en el nombre del unigénito Hijo de Dios.
19
Y esta es la condenación: porque la luz vino al mundo, y los hombres
amaron más las tinieblas que la luz; porque sus obras eran malas.
20
Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene á
la luz, porque sus obras no sean redargüidas.
21
Mas el que obra verdad, viene á la luz, para que sus obras sean
manifestadas que son hechas en Dios.
22
Pasado esto, vino Jesús con sus discípulos á la tierra
de Judea; y estaba allí con ellos, y bautizaba.
23
Y bautizaba también Juan en Enón junto á Salim, porque
había allí muchas aguas; y venían, y eran bautizados.
24
Porque Juan, no había sido aún puesto en la carcel.
25
Y hubo cuestión entre los discípulos de Juan y los Judíos
acerca de la purificación.
26
Y vinieron á Juan, y dijéronle: Rabbí, el que estaba
contigo de la otra parte del Jordán, del cual tú diste testimonio,
he aquí bautiza, y todos vienen á él.
27
Respondió Juan, y dijo: No puede el hombre recibir algo, si no
le fuere dado del cielo.
28
Vosotros mismos me sois testigos que dije: Yo no soy el Cristo, sino que
soy enviado delante de él.
29
El que tiene la esposa, es el esposo; mas el amigo del esposo, que está
en pie y le oye, se goza grandemente de la voz del esposo; así
pues, este mi gozo es cumplido.
30
A él conviene crecer, mas á mí menguar.
31
El que de arriba viene, sobre todos es: el que es de la tierra, terreno
es, y cosas terrenas habla: el que viene del cielo, sobre todos es.
32
Y lo que vió y oyó, esto testifica: y nadie recibe su testimonio.
33
El que recibe su testimonio, éste signó que Dios es verdadero.
34
Porque el que Dios envió, las palabras de Dios habla: porque no
da Dios el Espíritu por medida.
35
El Padre ama al Hijo, y todas las cosas dió en su mano.
36
El que cree en el Hijo, tiene vida eterna; mas el que es incrédulo
al Hijo, no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre
él.
Juan 4
1
DE manera que como Jesús entendió que los Fariseos habían
oído que Jesús hacía y bautizaba más discípulos
que Juan,
2
(Aunque Jesús no bautizaba, sino sus discípulos),
3
Dejó á Judea, y fuése otra vez á Galilea.
4
Y era menester que pasase por Samaria.
5
Vino, pues, á una ciudad de Samaria que se llamaba Sichâr,
junto á la heredad que Jacob dió á José su
hijo.
6
Y estaba allí la fuente de Jacob. Pues Jesús, cansado del
camino, así se sentó á la fuente. Era como la hora
de sexta.
7
Vino una mujer de Samaria á sacar agua: y Jesús le dice:
Dame de beber.
8
(Porque sus discípulos habían ido á la ciudad á
comprar de comer.)
9
Y la mujer Samaritana le dice: ¿Cómo tú, siendo Judío,
me pides á mí de beber, que soy mujer Samaritana? porque
los Judíos no se tratan con los Samaritanos.
10
Respondió Jesús y díjole: Si conocieses el don de
Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber: tú pedirías
de él, y él te daría agua viva.
11
La mujer le dice: Señor, no tienes con qué sacar la, y el
pozo es hondo: ¿de dónde, pues, tienes el agua viva?
12
¿Eres tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dió
este pozo, del cual él bebió, y sus hijos, y sus ganados?
13
Respondió Jesús y díjole: Cualquiera que bebiere
de esta agua, volverá á tener sed;
14
Mas el que bebiere del agua que yo le daré, para siempre no tendrá
sed: mas el agua que yo le daré, será en él una fuente
de agua que salte para vida eterna.
15
La mujer le dice: Señor, dame esta agua, para que no tenga sed,
ni venga acá á sacar la.
16
Jesús le dice: Ve, llama á tu marido, y ven acá.
17
Respondió la mujer, y dijo: No tengo marido. Dícele Jesús:
Bien has dicho, No tengo marido;
18
Porque cinco maridos has tenido: y el que ahora tienes no es tu marido;
esto has dicho con verdad.
19
Dícele la mujer: Señor, paréceme que tú eres
profeta.
20
Nuestros padres adoraron en este monte, y vosotros decís que en
Jerusalem es el lugar donde es necesario adorar.
21
Dícele Jesús: Mujer, créeme, que la hora viene, cuando
ni en este monte, ni en Jerusalem adoraréis al Padre.
22
Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo
que sabemos: porque la salud viene de los Judíos.
23
Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán
al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre
tales adoradores busca que adoren.
24
Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en
verdad es necesario que adoren.
25
Dícele la mujer: Sé que el Mesías ha de venir, el
cual se dice el Cristo: cuando él viniere nos declarará
todas las cosas.
26
Dícele Jesús: Yo soy, que hablo contigo.
27
Y en esto vinieron sus discípulos, y maravilláronse de que
hablaba con mujer; mas ninguno dijo: ¿Qué preguntas? ó,
¿Qué hablas con ella?
28
Entonces la mujer dejó su cántaro, y fué á
la ciudad, y dijo á aquellos hombres:
29
Venid, ved un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho: ¿si
quizás es éste el Cristo?
30
Entonces salieron de la ciudad, y vinieron á él.
31
Entre tanto los discípulos le rogaban, diciendo: Rabbí,
come.
32
Y él les dijo: Yo tengo una comida que comer, que vosotros no sabéis.
33
Entonces los discípulos decían el uno al otro: ¿Si
le habrá traído alguien de comer?
34
Díceles Jesús: Mi comida es que haga la voluntad del que
me envió, y que acabe su obra.
35
¿No decís vosotros: Aun hay cuatro meses hasta que llegue
la siega? He aquí os digo: Alzad vuestros ojos, y mirad las regiones,
porque ya están blancas para la siega.
36
Y el que siega, recibe salario, y allega fruto para vida eterna; para
que el que siembra también goce, y el que siega.
37
Porque en esto es el dicho verdadero: Que uno es el que siembra, y otro
es el que siega.
38
Yo os he enviado á segar lo que vosotros no labrasteis: otros labraron,
y vosotros habéis entrado en sus labores.
39
Y muchos de los Samaritanos de aquella ciudad creyeron en él por
la palabra de la mujer, que daba testimonio, diciendo: Que me dijo todo
lo que he hecho.
40
Viniendo pues los Samaritanos á él, rogáronle que
se quedase allí: y se quedó allí dos días.
41
Y creyeron muchos más por la palabra de él.
42
Y decían á la mujer: Ya no creemos por tu dicho; porque
nosotros mismos hemos oído, y sabemos que verdaderamente éste
es el Salvador del mundo, el Cristo.
43
Y dos días después, salió de allí, y fuése
á Galilea.
44
Porque el mismo Jesús dió testimonio de que el profeta en
su tierra no tiene honra.
45
Y como vino á Galilea, los Galileos le recibieron, vistas todas
las cosas que había hecho en Jerusalem en el día de la fiesta:
porque también ellos habían ido á la fiesta.
46
Vino pues Jesús otra vez á Caná de Galilea, donde
había hecho el vino del agua. Y había en Capernaum uno del
rey, cuyo hijo estaba enfermo.
47
Este, como oyó que Jesús venía de Judea á
Galilea, fué á él, y rogábale que descendiese,
y sanase á su hijo, porque se comenzaba á morir.
48
Entonces Jesús le dijo: Si no viereis señales y milagros
no creeréis.
49
El del rey le dijo: Señor, desciende antes que mi hijo muera.
50
Dícele Jesús: Ve, tu hijo vive. Y el hombre creyó
á la palabra que Jesús le dijo, y se fué.
51
Y cuando ya él descendía, los siervos le salieron á
recibir, y le dieron nuevas, diciendo: Tu hijo vive.
52
Entonces él les preguntó á qué hora comenzó
á estar mejor. Y dijéronle: Ayer á las siete le dejó
la fiebre.
53
El padre entonces entendió, que aquella hora era cuando Jesús
le dijo: Tu hijo vive; y creyó él y toda su casa.
54
Esta segunda señal volvió Jesús á hacer, cuando
vino de Judea á Galilea.
Juan 5
1
DESPUÉS de estas cosas, era un día de fiesta de los Judíos,
y subió Jesús á Jerusalem.
2
Y hay en Jerusalem á la puerta del ganado un estanque, que en hebraico
es llamado Bethesda, el cual tiene cinco portales.
3
En éstos yacía multitud de enfermos, ciegos, cojos, secos,
que estaban esperando el movimiento del agua.
4
Porque un ángel descendía á cierto tiempo al estanque,
y revolvía el agua; y el que primero descendía en el estanque
después del movimiento del agua, era sano de cualquier enfermedad
que tuviese.
5
Y estaba allí un hombre que había treinta y ocho años
que estaba enfermo.
6
Como Jesús vió á éste echado, y entendió
que ya había mucho tiempo, dícele: ¿Quieres ser sano?
7
Señor, le respondió el enfermo, no tengo hombre que me meta
en el estánque cuando el agua fuere revuelta; porque entre tanto
que yo vengo, otro antes de mí ha descendido.
8
Dícele Jesús: Levántate, toma tu lecho, y anda.
9
Y luego aquel hombre fué sano, y tomó su lecho, é
íbase. Y era sábado aquel día.
10
Entonces los Judíos decían á aquel que había
sido sanado: Sábado es: no te es lícito llevar tu lecho.
11
Respondióles: El que me sanó, él mismo me dijo: Toma
tu lecho y anda.
12
Preguntáronle entonces: ¿Quién es el que te dijo:
Toma tu lecho y anda?
13
Y el que había sido sanado, no sabía quién fuese;
porque Jesús se había apartado de la gente que estaba en
aquel lugar.
14
Después le halló Jesús en el templo, y díjole:
He aquí, has sido sanado; no peques más, porque no te venga
alguna cosa peor.
15
El se fué, y dió aviso á los Judíos, que Jesús
era el que le había sanado.
16
Y por esta causa los Judíos perseguían á Jesús,
y procuraban matarle, porque hacía estas cosas en sábado.
17
Y Jesús les respondió: Mi Padre hasta ahora obra, y yo obro.
18
Entonces, por tanto, más procuraban los Judíos matarle,
porque no sólo quebrantaba el sábado, sino que también
á su Padre llamaba Dios, haciéndose igual á Dios.
19
Respondió entonces Jesús, y díjoles: De cierto, de
cierto os digo: No puede el Hijo hacer nada de sí mismo, sino lo
que viere hacer al Padre: porque todo lo que él hace, esto también
hace el Hijo juntamente.
20
Porque el Padre ama al Hijo, y le muestra todas las cosas que él
hace; y mayores obras que éstas le mostrará, de suerte que
vosotros os maravilléis.
21
Porque como el Padre levanta los muertos, y les da vida, así también
el Hijo á los que quiere da vida.
22
Porque el Padre á nadie juzga, mas todo el juicio dió al
Hijo;
23
Para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al
Hijo, no honra al Padre que le envió.
24
De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me
ha enviado, tiene vida eterna; y no vendrá á condenación,
mas pasó de muerte á vida.
25
De cierto, de cierto os digo: Vendrá hora, y ahora es, cuando los
muertos oirán la voz del Hijo de Dios: y los que oyeren vivirán.
26
Porque como el Padre tiene vida en sí mismo, así dió
también al Hijo que tuviese vida en sí mismo:
27
Y también le dió poder de hacer juicio, en cuanto es el
Hijo del hombre.
28
No os maravilléis de esto; porque vendrá hora, cuando todos
los que están en los sepulcros oirán su voz;
29
Y los que hicieron bien, saldrán á resurrección de
vida; mas los que hicieron mal, á resurrección de condenación.
30
No puedo yo de mí mismo hacer nada: como oigo, juzgo: y mi juicio
es justo; porque no busco mi voluntad, mas la voluntad del que me envió,
del Padre.
31
Si yo doy testimonio de mí mismo, mi testimonio no es verdadero.
32
Otro es el que da testimonio de mí; y sé que el testimonio
que da de mí, es verdadero.
33
Vosotros enviasteis á Juan, y él dió testimonio á
la verdad.
34
Empero yo no tomo el testimonio de hombre; mas digo esto, para que vosotros
seáis salvos.
35
El era antorcha que ardía y alumbraba: y vosotros quisisteis recrearos
por un poco á su luz.
36
Mas yo tengo mayor testimonio que el de Juan: porque las obras que el
Padre me dió que cumpliese, las mismas obras que yo hago, dan testimonio
de mí, que el Padre me haya enviado.
37
Y el que me envió, el Padre, él ha dado testimonio de mí.
Ni nunca habéis oído su voz, ni habéis visto su parecer.
38
Ni tenéis su palabra permanente en vosotros; porque al que él
envió, á éste vosotros no creéis.
39
Escudriñad las Escrituras, porque á vosotros os parece que
en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio
de mí.
40
Y no queréis venir á mí, para que tengáis
vida.
41
Gloria de los hombres no recibo.
42
Mas yo os conozco, que no tenéis amor de Dios en vosotros.
43
Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibís: si otro viniere
en su propio nombre, á aquél recibiréis.
44
¿Cómo podéis vosotros creer, pues tomáis la
gloria los unos de los otros, y no buscáis la gloria que de sólo
Dios viene?
45
No penséis que yo os tengo de acusar delante del Padre; hay quien
os acusa, Moisés, en quien vosotros esperáis.
46
Porque si vosotros creyeseis á Moisés, creeríais
á mí; porque de mí escribió él.
47
Y si á sus escritos no creéis, ¿cómo creeréis
á mis palabras?