Lucas 1
1
HABIENDO muchos tentado á poner en orden la historia de las cosas
que entre nosotros han sido ciertísimas,
2
Como nos lo enseñaron los que desde el principio lo vieron por
sus ojos, y fueron ministros de la palabra;
3
Me ha parecido también á mí, después de haber
entendido todas las cosas desde el principio con diligencia, escribírtelas
por orden, oh muy buen Teófilo,
4
Para que conozcas la verdad de las cosas en las cuales has sido enseñado.
5
HUBO en los días de Herodes, rey de Judea, un sacerdote llamado
Zacarías, de la suerte de Abías; y su mujer, de las hijas
de Aarón, llamada Elisabet.
6
Y eran ambos justos delante de Dios, andando sin reprensión en
todos los mandamientos y estatutos del Señor.
7
Y no tenían hijo, porque Elisabet era estéril, y ambos eran
avanzados en días.
8
Y aconteció que ejerciendo Zacarías el sacerdocio delante
de Dios por el orden de su vez,
9
Conforme á la costumbre del sacerdocio, salió en suerte
á poner el incienso, entrando en el templo del Señor.
10
Y toda la multitud del pueblo estaba fuera orando á la hora del
incienso.
11
Y se le apareció el ángel del Señor puesto en pie
á la derecha del altar del incienso.
12
Y se turbó Zacarías viéndo le, y cayó temor
sobre él.
13
Mas el ángel le dijo: Zacarías, no temas; porque tu oración
ha sido oída, y tu mujer Elisabet te parirá un hijo, y llamarás
su nombre Juan.
14
Y tendrás gozo y alegría, y muchos se gozarán de
su nacimiento.
15
Porque será grande delante de Dios, y no beberá vino ni
sidra; y será lleno del Espíritu Santo, aun desde el seno
de su madre.
16
Y á muchos de los hijos de Israel convertirá al Señor
Dios de ellos.
17
Porque él irá delante de él con el espíritu
y virtud de Elías, para convertir los corazones de los padres á
los hijos, y los rebeldes á la prudencia de los justos, para aparejar
al Señor un pueblo apercibido.
18
Y dijo Zacarías al ángel: ¿En qué conoceré
esto? porque yo soy viejo, y mi mujer avanzada en días.
19
Y respondiendo el ángel le dijo: Yo soy Gabriel, que estoy delante
de Dios; y soy enviado á hablarte, y á darte estas buenas
nuevas.
20
Y he aquí estarás mudo y no podrás hablar, hasta
el día que esto sea hecho, por cuanto no creíste á
mis palabras, las cuales se cumplirán á su tiempo.
21
Y el pueblo estaba esperando á Zacarías, y se maravillaban
de que él se detuviese en el templo.
22
Y saliendo, no les podía hablar: y entendieron que había
visto visión en el templo: y él les hablaba por señas,
y quedó mudo.
23
Y fué, que cumplidos los días de su oficio, se vino á
su casa.
24
Y después de aquellos días concibió su mujer Elisabet,
y se encubrió por cinco meses, diciendo:
25
Porque el Señor me ha hecho así en los días en que
miró para quitar mi afrenta entre los hombres.
26
Y al sexto mes, el ángel Gabriel fué enviado de Dios á
una ciudad de Galilea, llamada Nazaret,
27
A una virgen desposada con un varón que se llamaba José,
de la casa de David: y el nombre de la virgen era María.
28
Y entrando el ángel á donde estaba, dijo, ¡Salve,
muy favorecida! el Señor es contigo: bendita tú entre las
mujeres.
29
Mas ella, cuando le vió, se turbó de sus palabras, y pensaba
qué salutación fuese ésta.
30
Entonces el ángel le dijo: María, no temas, porque has hallado
gracia cerca de Dios.
31
Y he aquí, concebirás en tu seno, y parirás un hijo,
y llamarás su nombre JESUS.
32
Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo:
y le dará el Señor Dios el trono de David su padre:
33
Y reinará en la casa de Jacob por siempre; y de su reino no habrá
fin.
34
Entonces María dijo al ángel: ¿Cómo será
esto? porque no conozco varón.
35
Y respondiendo el ángel le dijo: El Espíritu Santo vendrá
sobre ti, y la virtud del Altísimo te hará sombra; por lo
cual también lo Santo que nacerá, será llamado Hijo
de Dios.
36
Y he aquí, Elisabet tu parienta, también ella ha concebido
hijo en su vejez; y este es el sexto mes á ella que es llamada
la estéril:
37
Porque ninguna cosa es imposible para Dios.
38
Entonces María dijo: He aquí la sierva del Señor;
hágase á mí conforme á tu palabra. Y el ángel
partió de ella.
39
En aquellos días levantándose María, fué á
la montaña con priesa, á una ciudad de Judá;
40
Y entró en casa de Zacarías, y saludó á Elisabet.
41
Y aconteció, que como oyó Elisabet la salutación
de María, la criatura saltó en su vientre; y Elisabet fué
llena del Espíritu Santo,
42
Y exclamó á gran voz, y dijo. Bendita tú entre las
mujeres, y bendito el fruto de tu vientre.
43
¿Y de dónde esto á mí, que la madre de mi
Señor venga á mí?
44
Porque he aquí, como llegó la voz de tu salutación
á mis oídos, la criatura saltó de alegría
en mi vientre.
45
Y bienaventurada la que creyó, porque se cumplirán las cosas
que le fueron dichas de parte del Señor.
46
Entonces María dijo: engrandece mi alma al Señor;
47
Y mi espíritu se alegró en Dios mi Salvador,
48
Porque ha mirado á la bajeza de su criada; Porque he aquí,
desde ahora me dirán bienaventurada todas las generaciones.
49
Porque me ha hecho grandes cosas el Poderoso; Y santo es su nombre.
50
Y su misericordia de generación á generación A los
que le temen.
51
Hizo valentía con su brazo: Esparció los soberbios del pensamiento
de su corazón.
52
Quitó los poderosos de los tronos, Y levantó á los
humildes.
53
A los hambrientos hinchió de bienes; Y á los ricos envió
vacíos.
54
Recibió á Israel su siervo, Acordandose de la misericordia.
55
Como habló á nuestros padres A Abraham y á su simiente
para siempre.
56
Y se quedó María con ella como tres meses: después
se volvió á su casa.
57
Y á Elisabet se le cumplió el tiempo de parir, y parió
un hijo.
58
Y oyeron los vecinos y los parientes que Dios había hecho con ella
grande misericordia, y se alegraron con ella.
59
Y aconteció, que al octavo día vinieron para circuncidar
al niño; y le llamaban del nombre de su padre, Zacarías.
60
Y respondiendo su madre, dijo: No; sino Juan será llamado.
61
Y le dijeron: ¿Por qué? nadie hay en tu parentela que se
llame de este nombre.
62
Y hablaron por señas á su padre, cómo le quería
llamar.
63
Y demandando la tablilla, escribió, diciendo: Juan es su nombre.
Y todos se maravillaron.
64
Y luego fué abierta su boca y su lengua, y habló bendiciendo
á Dios.
65
Y fué un temor sobre todos los vecinos de ellos; y en todas las
montañas de Judea fueron divulgadas todas estas cosas.
66
Y todos los que las oían, las conservaban en su corazón,
diciendo: ¿Quién será este niño? Y la mano
del Señor estaba con él.
67
Y Zacarías su padre fué lleno de Espíritu Santo,
y profetizó, diciendo:
68
Bendito el Señor Dios de Israel, Que ha visitado y hecho redención
á su pueblo,
69
Y nos alzó un cuerno de salvación En la casa de David su
siervo,
70
Como habló por boca de sus santos profetas que fueron desde el
principio:
71
Salvación de nuestros enemigos, y de mano de todos los que nos
aborrecieron;
72
Para hacer misericordia con nuestros padres, Y acordándose de su
santo pacto;
73
Del juramento que juró á Abraham nuestro padre, Que nos
había de dar,
74
Que sin temor librados de nuestros enemigos, Le serviríamos
75
En santidad y en justicia delante de él, todos los días
nuestros.
76
Y tú, niño, profeta del Altísimo serás llamado;
Porque irás ante la faz del Señor, para aparejar sus caminos;
77
Dando conocimiento de salud á su pueblo, Para remisión de
sus pecados,
78
Por las entrañas de misericordia de nuestro Dios, Con que nos visitó
de lo alto el Oriente,
79
Para dar luz á los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte;
Para encaminar nuestros pies por camino de paz.
80
Y el niño crecía, y se fortalecía en espíritu:
y estuvo en los desiertos hasta el día que se mostró á
Israel.
Lucas 2
1
Y ACONTECIO en aquellos días que salió edicto de parte de
Augusto César, que toda la tierra fuese empadronada.
2
Este empadronamiento primero fué hecho siendo Cirenio gobernador
de la Siria.
3
E iban todos para ser empadronados, cada uno á su ciudad.
4
Y subió José de Galilea, de la ciudad de Nazaret, á
Judea, á la ciudad de David, que se llama Bethlehem, por cuanto
era de la casa y familia de David;
5
Para ser empadronado con María su mujer, desposada con él,
la cual estaba encinta.
6
Y aconteció que estando ellos allí, se cumplieron los días
en que ella había de parir.
7
Y parió á su hijo primogénito, y le envolvió
en pañales, y acostóle en un pesebre, porque no había
lugar para ellos en el mesón.
8
Y había pastores en la misma tierra, que velaban y guardaban las
vigilias de la noche sobre su ganado.
9
Y he aquí el ángel del Señor vino sobre ellos, y
la claridad de Dios los cercó de resplandor; y tuvieron gran temor.
10
Mas el ángel les dijo: No temáis; porque he aquí
os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo:
11
Que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO
el Señor.
12
Y esto os será por señal: hallaréis al niño
envuelto en pañales, echado en un pesebre.
13
Y repentinamente fué con el ángel una multitud de los ejércitos
celestiales, que alababan á Dios, y decían:
14
Gloria en las alturas á Dios, Y en la tierra paz, buena voluntad
para con los hombres.
15
Y aconteció que como los ángeles se fueron de ellos al cielo,
los pastores dijeron los unos á los otros: Pasemos pues hasta Bethlehem,
y veamos esto que ha sucedido, que el Señor nos ha manifestado.
16
Y vinieron apriesa, y hallaron á María, y á José,
y al niño acostado en el pesebre.
17
Y viéndolo, hicieron notorio lo que les había sido dicho
del niño.
18
Y todos los que oyeron, se maravillaron de lo que los pastores les decían.
19
Mas María guardaba todas estas cosas, confiriéndolas en
su corazón.
20
Y se volvieron los pastores glorificando y alabando á Dios de todas
las cosas que habían oído y visto, como les había
sido dicho.
21
Y pasados los ocho días para circuncidar al niño, llamaron
su nombre JESUS; el cual le fué puesto por el ángel antes
que él fuese concebido en el vientre.
22
Y como se cumplieron los días de la purificación de ella,
conforme á la ley de Moisés, le trajeron á Jerusalem
para presentarle al Señor,
23
(Como está escrito en la ley del Señor: Todo varón
que abriere la matriz, será llamado santo al Señor),
24
Y para dar la ofrenda, conforme á lo que está dicho en la
ley del Señor: un par de tórtolas, ó dos palominos.
25
Y he aquí, había un hombre en Jerusalem, llamado Simeón,
y este hombre, justo y pío, esperaba la consolación de Israel:
y el Espíritu Santo era sobre él.
26
Y había recibido respuesta del Espíritu Santo, que no vería
la muerte antes que viese al Cristo del Señor.
27
Y vino por Espíritu al templo. Y cuando metieron al niño
Jesús sus padres en el templo, para hacer por él conforme
á la costumbre de la ley.
28
Entonces él le tomó en sus brazos, y bendijo á Dios,
y dijo:
29
Ahora despides, Señor, á tu siervo, Conforme á tu
palabra, en paz;
30
Porque han visto mis ojos tu salvación,
31
La cual has aparejado en presencia de todos los pueblos;
32
Luz para ser revelada á los Gentiles, Y la gloria de tu pueblo
Israel.
33
Y José y su madre estaban maravillados de las cosas que se decían
de él.
34
Y los bendijo Simeón, y dijo á su madre María: He
aquí, éste es puesto para caída y para levantamiento
de muchos en Israel; y para señal á la que será contradicho;
35
Y una espada traspasará tu alma de ti misma, para que sean manifestados
los pensamientos de muchos corazones.
36
Estaba también allí Ana, profetisa, hija de Phanuel, de
la tribu de Aser; la cual había venido en grande edad, y había
vivido con su marido siete años desde su virginidad;
37
Y era viuda de hasta ochenta y cuatro años, que no se apartaba
del templo, sirviendo de noche y de día con ayunos y oraciones.
38
Y ésta, sobreviniendo en la misma hora, juntamente confesaba al
Señor, y hablaba de él á todos los que esperaban
la redención en Jerusalem.
39
Mas como cumplieron todas las cosas según la ley del Señor,
se volvieron á Galilea, á su ciudad de Nazaret.
40
Y el niño crecía, y fortalecíase, y se henchía
de sabiduría; y la gracia de Dios era sobre él.
41
E iban sus padres todos los años á Jerusalem en la fiesta
de la Pascua.
42
Y cuando fué de doce años, subieron ellos á Jerusalem
conforme á la costumbre del día de la fiesta.
43
Y acabados los días, volviendo ellos, se quedó el niño
Jesús en Jerusalem, sin saberlo José y su madre.
44
Y pensando que estaba en la compañía, anduvieron camino
de un día; y le buscaban entre los parientes y entre los conocidos:
45
Mas como no le hallasen, volvieron á Jerusalem buscándole.
46
Y aconteció, que tres días después le hallaron en
el templo, sentado en medio de los doctores, oyéndoles y preguntándoles.
47
Y todos los que le oían, se pasmaban de su entendimiento y de sus
respuestas.
48
Y cuando le vieron, se maravillaron; y díjole su madre: Hijo, ¿por
qué nos has hecho así? He aquí, tu padre y yo te
hemos buscado con dolor.
49
Entonces él les dice: ¿Qué hay? ¿por qué
me buscabais? ¿No sabíais que en los negocios de mi Padre
me conviene estar?
50
Mas ellos no entendieron las palabras que les habló.
51
Y descendió con ellos, y vino á Nazaret, y estaba sujeto
á ellos. Y su madre guardaba todas estas cosas en su corazón.
52
Y Jesús crecía en sabiduría, y en edad, y en gracia
para con Dios y los hombres.
Lucas 3
1
Y EN el año quince del imperio de Tiberio César, siendo
gobernador de Judea Poncio Pilato, y Herodes tetrarca de Galilea, y su
hermano Felipe tetrarca de Iturea y de la provincia de Traconite, y Lisanias
tetrarca de Abilinia,
2
Siendo sumos sacerdotes Anás y Caifás, vino palabra del
Señor sobre Juan, hijo de Zacarías, en el desierto.
3
Y él vino por toda la tierra al rededor del Jordán predicando
el bautismo del arrepentimiento para la remisión de pecados;
4
Como está escrito en el libro de las palabras del profeta Isaías
que dice: Voz del que clama en el desierto: Aparejad el camino del Señor,
Haced derechas sus sendas.
5
Todo valle se henchirá, Y bajaráse todo monte y collado;
Y los caminos torcidos serán enderezados, Y los caminos ásperos
allanados;
6
Y verá toda carne la salvación de Dios.
7
Y decía á las gentes que salían para ser bautizadas
de él: ¡Oh generación de víboras, quién
os enseñó á huir de la ira que vendrá?
8
Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento, y no comencéis á
decir en vosotros mismos: Tenemos á Abraham por padre: porque os
digo que puede Dios, aun de estas piedras, levantar hijos á Abraham.
9
Y ya también el hacha está puesta á la raíz
de los árboles: todo árbol pues que no hace buen fruto,
es cortado, y echado en el fuego.
10
Y las gentes le preguntaban, diciendo: ¿Pues qué haremos?
11
Y respondiendo, les dijo: El que tiene dos túnicas, dé al
que no tiene; y el que tiene qué comer, haga lo mismo.
12
Y vinieron también publicanos para ser bautizados, y le dijeron:
Maestro, ¿qué haremos?
13
Y él les dijo: No exijáis más de lo que os está
ordenado.
14
Y le preguntaron también los soldados, diciendo: Y nosotros, ¿qué
haremos? Y les dice: No hagáis extorsión á nadie,
ni calumniéis; y contentaos con vuestras pagas.
15
Y estando el pueblo esperando, y pensando todos de Juan en sus corazones,
si él fuese el Cristo,
16
Respondió Juan, diciendo á todos: Yo, á la verdad,
os bautizo en agua; mas viene quien es más poderoso que yo, de
quien no soy digno de desatar la correa de sus zapatos: él os bautizará
en Espíritu Santo y fuego;
17
Cuyo bieldo está en su mano, y limpiará su era, y juntará
el trigo en su alfolí, y la paja quemará en fuego que nunca
se apagará.
18
Y amonestando, otras muchas cosas también anunciaba al pueblo.
19
Entonces Herodes el tetrarca, siendo reprendido por él á
causa de Herodías, mujer de Felipe su hermano, y de todas las maldades
que había hecho Herodes,
20
Añadió también esto sobre todo, que encerró
á Juan en la cárcel.
21
Y aconteció que, como todo el pueblo se bautizaba, también
Jesús fué bautizado; y orando, el cielo se abrió,
22
Y descendió el Espíritu Santo sobre él en forma corporal,
como paloma, y fué hecha una voz del cielo que decía: Tú
eres mi Hijo amado, en ti me he complacido.
23
Y el mismo Jesús comenzaba á ser como de treinta años,
hijo de José, como se creía; que fué hijo de Elí,
24
Que fué de Mathat, que fué de Leví, que fué
Melchî, que fué de Janna, que fué de José,
25
Que fué de Mattathías, que fué de Amós, que
fué de Nahum, que fué de Esli,
26
Que fué de Naggai, que fué de Maat, que fué de Matthathías,
que fué de Semei, que fué de José, que fué
de Judá,
27
Que fué de Joanna, que fué de Rhesa, que fué de Zorobabel,
que fué de Salathiel,
28
Que fué de Neri, que fué de Melchî, que fué
de Abdi, que fué de Cosam, que fué de Elmodam, que fué
de Er,
29
Que fué de Josué, que fué de Eliezer, que fué
de Joreim, que fué de Mathat,
30
Que fué de Leví, que fué de Simeón, que fué
de Judá, que fué de José, que fué de Jonán,
que fué de Eliachîm,
31
Que fué de Melea, que fué de Mainán, que fué
de Mattatha, que fué de Nathán,
32
Que fué de David, que fué de Jessé, que fué
de Obed, que fué de Booz, que fué de Salmón, que
fué de Naassón,
33
Que fué de Aminadab, que fué de Aram, que fué de
Esrom, que fué de Phares,
34
Que fué de Judá, que fué de Jacob, que fué
de Isaac, que fué de Abraham, que fué de Thara, que fué
de Nachôr,
35
Que fué de Saruch, que fué de Ragau, que fué de Phalec,
que fué de Heber,
36
Que fué de Sala, que fué de Cainán, Arphaxad, que
fué de Sem, que fué de Noé, que fué de Lamech,
37
Que fué de Mathusala, que fué de Enoch, que fué de
Jared, que fué de Maleleel,
38
Que fué de Cainán, que fué de Enós, que fué
de Seth, que fué de Adam, que fué de Dios.
Lucas 4
1
Y JESUS, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán,
y fué llevado por el Espíritu al desierto
2
Por cuarenta días, y era tentado del diablo. Y no comió
cosa en aquellos días: los cuales pasados, tuvo hambre.
3
Entonces el diablo le dijo: Si eres Hijo de Dios, di á esta piedra
que se haga pan.
4
Y Jesús respondiéndole, dijo: Escrito está: Que no
con pan solo vivirá el hombre, mas con toda palabra de Dios.
5
Y le llevó el diablo á un alto monte, y le mostró
en un momento de tiempo todos los reinos de la tierra.
6
Y le dijo el diablo: A ti te daré toda esta potestad, y la gloria
de ellos; porque á mí es entregada, y á quien quiero
la doy:
7
Pues si tú adorares delante de mí, serán todos tuyos.
8
Y respondiendo Jesús, le dijo: Vete de mí, Satanás,
porque escrito está: A tu Señor Dios adorarás, y
á él solo servirás.
9
Y le llevó á Jerusalem, y púsole sobre las almenas
del templo, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate de aquí
abajo:
10
Porque escrito está: Que á sus ángeles mandará
de ti, que te guarden;
11
Y En las manos te llevarán, Porque no dañes tu pie en piedra.
12
Y respondiendo Jesús, le dijo: Dicho está: No tentarás
al Señor tu Dios.
13
Y acabada toda tentación, el diablo se fué de él
por un tiempo.
14
Y Jesús volvió en virtud del Espíritu á Galilea,
y salió la fama de él por toda la tierra de alrededor,
15
Y enseñaba en las sinagogas de ellos, y era glorificado de todos.
16
Y vino á Nazaret, donde había sido criado; y entró,
conforme á su costumbre, el día del sábado en la
sinagoga, y se levantó á leer.
17
Y fuéle dado el libro del profeta Isaías; y como abrió
el libro, halló el lugar donde estaba escrito:
18
El Espíritu del Señor es sobre mí, Por cuanto me
ha ungido para dar buenas nuevas á los pobres: Me ha enviado para
sanar á los quebrantados de corazón; Para pregonar á
los cautivos libertad, Y á los ciegos vista; Para poner en libertad
á los quebrantados:
19
Para predicar el año agradable del Señor.
20
Y rollando el libro, lo dió al ministro, y sentóse: y los
ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en él.
21
Y comenzó á decirles: Hoy se ha cumplido esta Escritura
en vuestros oídos.
22
Y todos le daban testimonio, y estaban maravillados de las palabras de
gracia que salían de su boca, y decían: ¿No es éste
el hijo de José?
23
Y les dijo: Sin duda me diréis este refrán: Médico,
cúrate á ti mismo: de tantas cosas que hemos oído
haber sido hechas en Capernaum, haz también aquí en tu tierra.
24
Y dijo: De cierto os digo, que ningún profeta es acepto en su tierra.
25
Mas en verdad os digo, que muchas viudas había en Israel en los
días de Elías, cuando el cielo fué cerrado por tres
años y seis meses, que hubo una grande hambre en toda la tierra;
26
Pero á ninguna de ellas fué enviado Elías, sino á
Sarepta de Sidón, á una mujer viuda.
27
Y muchos leprosos había en Israel en tiempo del profeta Eliseo;
mas ninguno de ellos fué limpio, sino Naamán el Siro.
28
Entonces todos en la sinagoga fueron llenos de ira, oyendo estas cosas;
29
Y levantándose, le echaron fuera de la ciudad, y le llevaron hasta
la cumbre del monte sobre el cual la ciudad de ellos estaba edificada,
para despeñarle.
30
Mas él, pasando por medio de ellos, se fué.
31
Y descendió á Capernaum, ciudad de Galilea. Y los enseñaba
en los sábados.
32
Y se maravillaban de su doctrina, porque su palabra era con potestad.
33
Y estaba en la sinagoga un hombre que tenía un espíritu
de un demonio inmundo, el cual exclamó á gran voz,
34
Diciendo: Déjanos, ¿qué tenemos contigo Jesús
Nazareno? ¿has venido á destruirnos? Yo te conozco quién
eres, el Santo de Dios.
35
Y Jesús le increpó, diciendo: Enmudece, y sal de él.
Entonces el demonio, derribándole en medio, salió de él,
y no le hizo daño alguno.
36
Y hubo espanto en todos, y hablaban unos á otros, diciendo: ¿Qué
palabra es ésta, que con autoridad y potencia manda á los
espíritus inmundos, y salen?
37
Y la fama de él se divulgaba de todas partes por todos los lugares
de la comarca.
38
Y levantándose Jesús de la sinagoga, entró en casa
de Simón: y la suegra de Simón estaba con una grande fiebre;
y le rogaron por ella.
39
E inclinándose hacia ella, riñó á la fiebre;
y la fiebre la dejó; y ella levantándose luego, les servía.
40
Y poniéndose el sol, todos los que tenían enfermos de diversas
enfermedades, los traían á él; y él poniendo
las manos sobre cada uno de ellos, los sanaba.
41
Y salían también demonios de muchos, dando voces, y diciendo:
Tú eres el Hijo de Dios. Mas riñéndolos no les dejaba
hablar; porque sabían que él era el Cristo.
42
Y siendo ya de día salió, y se fué á un lugar
desierto: y las gentes le buscaban, y vinieron hasta él; y le detenían
para que no se apartase de ellos.
43
Mas él les dijo: Que también á otras ciudades es
necesario que anuncie el evangelio del reino de Dios; porque para esto
soy enviado.
44
Y predicaba en las sinagogas de Galilea.