Marcos 1
1
PRINCIPIO del evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios.
2
Como está escrito en Isaías el profeta: He aquí yo
envío á mi mensajero delante de tu faz, Que apareje tu camino
delante de ti.
3
Voz del que clama en el desierto: Aparejad el camino del Señor;
Enderezad sus veredas.
4
Bautizaba Juan en el desierto, y predicaba el bautismo del arrepentimiento
para remisión de pecados.
5
Y salía á él toda la provincia de Judea, y los de
Jerusalem; y eran todos, bautizados por él en el río de
Jordán, confesando sus pecados.
6
Y Juan andaba vestido de pelos de camello, y con un cinto de cuero alrededor
de sus lomos; y comía langostas y miel silvestre.
7
Y predicaba, diciendo: Viene tras mí el que es más poderoso
que yo, al cual no soy digno de desatar encorvado la correa de sus zapatos.
8
Yo á la verdad os he bautizado con agua; mas él os bautizará
con Espíritu Santo.
9
Y aconteció en aquellos días, que Jesús vino de Nazaret
de Galilea, y fué bautizado por Juan en el Jordán.
10
Y luego, subiendo del agua, vió abrirse los cielos, y al Espíritu
como paloma, que descendía sobre él.
11
Y hubo una voz de los cielos que decía: Tú eres mi Hijo
amado; en ti tomo contentamiento.
12
Y luego el Espíritu le impele al desierto.
13
Y estuvo allí en el desierto cuarenta días, y era tentado
de Satanás; y estaba con las fieras; y los ángeles le servían.
14
Mas después que Juan fué encarcelado, Jesús vino
á Galilea predicando el evangelio del reino de Dios,
15
Y diciendo: El tiempo es cumplido, y el reino de Dios está cerca:
arrepentíos, y creed al evangelio.
16
Y pasando junto á la mar de Galilea, vió á Simón,
y á Andrés su hermano, que echaban la red en la mar; porque
eran pescadores.
17
Y les dijo Jesús: Venid en pos de mí, y haré que
seáis pescadores de hombres.
18
Y luego, dejadas sus redes, le siguieron.
19
Y pasando de allí un poco más adelante, vió á
Jacobo, hijo de Zebedeo, y á Juan su hermano, también ellos
en el navío, que aderezaban las redes.
20
Y luego los llamó: y dejando á su padre Zebedeo en el barco
con los jornaleros, fueron en pos de él.
21
Y entraron en Capernaum; y luego los sábados, entrando en la sinagoga,
enseñaba.
22
Y se admiraban de su doctrina; porque les enseñaba como quien tiene
potestad, y no como los escribas.
23
Y había en la sinagoga de ellos un hombre con espíritu inmundo,
el cual dió voces,
24
Diciendo: ¡Ah! ¿qué tienes con nosotros, Jesús
Nazareno? ¿Has venido á destruirnos? Sé quién
eres, el Santo de Dios.
25
Y Jesús le riñó, diciendo: Enmudece, y sal de él.
26
Y el espíritu inmundo, haciéndole pedazos, y clamando á
gran voz, salió de él.
27
Y todos se maravillaron, de tal manera que inquirían entre sí,
diciendo: ¿Qué es esto? ¿Qué nueva doctrina
es ésta, que con potestad aun á los espíritus inmundos
manda, y le obedecen?
28
Y vino luego su fama por toda la provincia alrededor de Galilea.
29
Y luego saliendo de la sinagoga, vinieron á casa de Simón
y de Andrés, con Jacobo y Juan.
30
Y la suegra de Simón estaba acostada con calentura; y le hablaron
luego de ella.
31
Entonces llegando él, la tomó de su mano y la levantó;
y luego la dejó la calentura, y les servía.
32
Y cuando fué la tarde, luego que el sol se puso, traían
á él todos los que tenían mal, y endemoniados;
33
Y toda la ciudad se juntó á la puerta.
34
Y sanó á muchos que estaban enfermos de diversas enfermedades,
y echó fuera muchos demonios; y no dejaba decir á los demonios
que le conocían.
35
Y levantándose muy de mañana, aun muy de noche, salió
y se fué á un lugar desierto, y allí oraba.
36
Y le siguió Simón, y los que estaban con él;
37
Y hallándole, le dicen: Todos te buscan.
38
Y les dice: Vamos á los lugares vecinos, para que predique también
allí; porque para esto he venido.
39
Y predicaba en las sinagogas de ellos en toda Galilea, y echaba fuera
los demonios.
40
Y un leproso vino á él, rogándole; é hincada
la rodilla, le dice: Si quieres, puedes limpiarme.
41
Y Jesús, teniendo misericordia de él, extendió su
mano, y le tocó, y le dice: Quiero, sé limpio.
42
Y así que hubo él hablado, la lepra se fué luego
de aquél, y fué limpio.
43
Entonces le apercibió, y despidióle luego,
44
Y le dice: Mira, no digas á nadie nada; sino ve, muéstrate
al sacerdote, y ofrece por tu limpieza lo que Moisés mandó,
para testimonio á ellos.
45
Mas él salido, comenzó á publicarlo mucho, y á
divulgar el hecho, de manera que ya Jesús no podía entrar
manifiestamente en la ciudad, sino que estaba fuera en los lugares desiertos;
y venían á él de todas partes.
Marcos 2
1
Y ENTRO otra vez en Capernaum después de algunos días, y
se oyó que estaba en casa.
2
Y luego se juntaron á él muchos, que ya no cabían
ni aun á la puerta; y les predicaba la palabra.
3
Entonces vinieron á él unos trayendo un paralítico,
que era traído por cuatro.
4
Y como no podían llegar á él á causa del gentío,
descubrieron el techo de donde estaba, y haciendo abertura, bajaron el
lecho en que yacía el paralítico.
5
Y viendo Jesús la fe de ellos, dice al paralítico: Hijo,
tus pecados te son perdonados.
6
Y estaban allí sentados algunos de los escribas, los cuales pensando
en sus corazones,
7
Decían: ¿Por qué habla éste así? Blasfemias
dice. ¿Quién puede perdonar pecados, sino solo Dios?
8
Y conociendo luego Jesús en su espíritu que pensaban así
dentro de sí mismos, les dijo: ¿Por qué pensáis
estas cosas en vuestros corazones?
9
¿Qué es más fácil, decir al paralítico:
Tus pecados te son perdonados, ó decirle: Levántate, y toma
tu lecho y anda?
10
Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la
tierra de perdonar los pecados, (dice al paralítico):
11
A ti te digo: Levántate, y toma tu lecho, y vete á tu casa.
12
Entonces él se levantó luego, y tomando su lecho, se salió
delante de todos, de manera que todos se asombraron, y glorificaron á
Dios, diciendo: Nunca tal hemos visto.
13
Y volvió á salir á la mar, y toda la gente venía
á él, y los enseñaba.
14
Y pasando, vió á Leví, hijo de Alfeo, sentado al
banco de los públicos tributos, y le dice: Sígueme. Y levantándose
le siguió.
15
Y aconteció que estando Jesús á la mesa en casa de
él, muchos publicanos y pecadores estaban también á
la mesa juntamente con Jesús y con sus discípulos: porque
había muchos, y le habían seguido.
16
Y los escribas y los Fariseos, viéndole comer con los publicanos
y con los pecadores, dijeron á sus discípulos: ¿Qué
es esto, que él come y bebe con los publicanos y con los pecadores?
17
Y oyéndolo Jesús, les dice: Los sanos no tienen necesidad
de médico, mas los que tienen mal. No he venido á llamar
á los justos, sino á los pecadores.
18
Y los discípulos de Juan, y de los Fariseos ayunaban; y vienen,
y le dicen: ¿Por qué los discípulos de Juan y los
de los Fariseos ayunan, y tus discípulos no ayunan?
19
Y Jesús les dice: ¿Pueden ayunar los que están de
bodas, cuando el esposo está con ellos? Entre tanto que tienen
consigo al esposo no pueden ayunar.
20
Mas vendrán días, cuando el esposo les será quitado,
y entonces en aquellos días ayunarán.
21
Nadie echa remiendo de paño recio en vestido viejo; de otra manera
el mismo remiendo nuevo tira del viejo, y la rotura se hace peor.
22
Ni nadie echa vino nuevo en odres viejos; de otra manera, el vino nuevo
rompe los odres, y se derrama el vino, y los odres se pierden; mas el
vino nuevo en odres nuevos se ha de echar.
23
Y aconteció que pasando él por los sembrados en sábado,
sus discípulos andando comenzaron á arrancar espigas.
24
Entonces los Fariseos le dijeron: He aquí, ¿por qué
hacen en sábado lo que no es lícito?
25
Y él les dijo: ¿Nunca leísteis qué hizo David
cuando tuvo necesidad, y tuvo hambre, él y los que con él
estaban:
26
Cómo entró en la casa de Dios, siendo Abiathar sumo pontífice,
y comió los panes de la proposición, de los cuales no es
lícito comer sino á los sacerdotes, y aun dió á
los que con él estaban?
27
También les dijo: El sábado por causa del hombre es hecho;
no el hombre por causa del sábado.
28
Así que el Hijo del hombre es Señor aun del sábado.
Marcos 3
1
Y OTRA vez entró en la sinagoga; y había allí un
hombre que tenía una mano seca.
2
Y le acechaban si en sábado le sanaría, para acusarle.
3
Entonces dijo al hombre que tenía la mano seca: Levántate
en medio.
4
Y les dice: ¿Es lícito hacer bien en sábado, ó
hacer mal? ¿salvar la vida, ó quitarla? Mas ellos callaban.
5
Y mirándolos alrededor con enojo, condoleciéndose de la
ceguedad de su corazón, dice al hombre: Extiende tu mano. Y la
extendió, y su mano fué restituída sana.
6
Entonces saliendo los Fariseos, tomaron consejo con los Herodianos contra
él, para matarle.
7
Mas Jesús se apartó á la mar con sus discípulos:
y le siguió gran multitud de Galilea, y de Judea.
8
Y de Jerusalem, y de Idumea, y de la otra parte del Jordán. Y los
de alrededor de Tiro y de Sidón, grande multitud, oyendo cuán
grandes cosas hacía, vinieron á él.
9
Y dijo á sus discípulos que le estuviese siempre apercibida
la barquilla, por causa del gentío, para que no le oprimiesen.
10
Porque había sanado á muchos; de manera que caían
sobre él cuantos tenían plagas, por tocarle.
11
Y los espíritus inmundos, al verle, se postraban delante de él,
y daban voces, diciendo: Tú eres el Hijo de Dios.
12
Mas él les reñía mucho que no le manifestasen.
13
Y subió al monte, y llamó á sí á los
que él quiso; y vinieron á él.
14
Y estableció doce, para que estuviesen con él, y para enviarlos
á predicar.
15
Y que tuviesen potestad de sanar enfermedades, y de echar fuera demonios:
16
A Simón, al cual puso por nombre Pedro;
17
Y á Jacobo, hijo de Zebedeo, y á Juan hermano de Jacobo;
y les apellidó Boanerges, que es, Hijos del trueno;
18
Y á Andrés, y á Felipe, y á Bartolomé,
y á Mateo, y á Tomas, y á Jacobo hijo de Alfeo, y
á Tadeo, y á Simón el Cananita,
19
Y á Judas Iscariote, el que le entregó. Y vinieron á
casa.
20
Y agolpóse de nuevo la gente, de modo que ellos ni aun podían
comer pan.
21
Y como lo oyeron los suyos, vinieron para prenderle: porque decían:
Está fuera de sí.
22
Y los escribas que habían venido de Jerusalem, decían que
tenía á Beelzebub, y que por el príncipe de los demonios
echaba fuera los demonios.
23
Y habiéndolos llamado, les decía en parábolas: ¿Cómo
puede Satanás echar fuera á Satanás?
24
Y si algún reino contra sí mismo fuere dividido, no puede
permanecer el tal reino.
25
Y si alguna casa fuere dividida contra sí misma, no puede permanecer
la tal casa.
26
Y si Satanás se levantare contra sí mismo, y fuere dividido,
no puede permanecer; antes tiene fin.
27
Nadie puede saquear las alhajas del valiente entrando en su casa, si antes
no atare al valiente y entonces saqueará su casa.
28
De cierto os digo que todos los pecados serán perdonados á
los hijos de los hombres, y las blasfemias cualesquiera con que blasfemaren;
29
Mas cualquiera que blasfemare contra el Espíritu Santo, no tiene
jamás perdón, mas está expuesto á eterno juicio.
30
Porque decían: Tiene espíritu inmundo.
31
Vienen después sus hermanos y su madre, y estando fuera, enviaron
á él llamándole.
32
Y la gente estaba sentada alrededor de él, y le dijeron: He aquí,
tu madre y tus hermanos te buscan fuera.
33
Y él les respondió, diciendo: ¿Quién es mi
madre y mis hermanos?
34
Y mirando á los que estaban sentados alrededor de él, dijo:
He aquí mi madre y hermanos.
35
Porque cualquiera que hiciere la voluntad de Dios, éste es mi hermano,
y mi hermana, y mi madre.
Marcos 4
1
Y OTRA vez comenzó á enseñar junto á la mar,
y se juntó á él mucha gente; tanto, que entrándose
él en un barco, se sentó en la mar: y toda la gente estaba
en tierra junto á la mar.
2
Y les enseñaba por parábolas muchas cosas, y les decía
en su doctrina:
3
Oid: He aquí, el sembrador salió á sembrar.
4
Y aconteció sembrando, que una parte cayó junto al camino;
y vinieron las aves del cielo, y la tragaron.
5
Y otra parte cayó en pedregales, donde no tenía mucha tierra;
y luego salió, porque no tenía la tierra profunda:
6
Mas salido el sol, se quemó; y por cuanto no tenía raíz,
se secó.
7
Y otra parte cayó en espinas; y subieron las espinas, y la ahogaron,
y no dió fruto.
8
Y otra parte cayó en buena tierra, y dió fruto, que subió
y creció: y llevó uno á treinta, y otro á
sesenta, y otro á ciento.
9
Entonces les dijo: El que tiene oídos para oir, oiga.
10
Y cuando estuvo solo, le preguntaron los que estaban cerca de él
con los doce, sobre la parábola.
11
Y les dijo: A vosotros es dado saber el misterio del reino de Dios; mas
á los que están fuera, por parábolas todas las cosas;
12
Para que viendo, vean y no echen de ver; y oyendo, oigan y no entiendan:
porque no se conviertan, y les sean perdonados los pecados.
13
Y les dijo: ¿No sabéis esta parábola? ¿Cómo,
pues, entenderéis todas las parábolas?
14
El que siembra es el que siembra la palabra.
15
Y éstos son los de junto al camino: en los que la palabra es sembrada:
mas después que la oyeron, luego viene Satanás, y quita
la palabra que fué sembrada en sus corazones.
16
Y asimismo éstos son los que son sembrados en pedregales: los que
cuando han oído la palabra, luego la toman con gozo;
17
Mas no tienen raíz en sí, antes son temporales, que en levantándose
la tribulación ó la persecución por causa de la palabra,
luego se escandalizan.
18
Y éstos son los que son sembrados entre espinas: los que oyen la
palabra;
19
Mas los cuidados de este siglo, y el engaño de las riquezas, y
las codicias que hay en las otras cosas, entrando, ahogan la palabra,
y se hace infructuosa.
20
Y éstos son los que fueron sembrados en buena tierra: los que oyen
la palabra, y la reciben, y hacen fruto, uno á treinta, otro á
sesenta, y otro á ciento.
21
También les dijo: ¿Tráese la antorcha para ser puesta
debajo del almud, ó debajo de la cama? ¿No es para ser puesta
en el candelero?
22
Porque no hay nada oculto que no haya de ser manifestado, ni secreto que
no haya de descubrirse.
23
Si alguno tiene oídos para oir, oiga.
24
Les dijo también: Mirad lo que oís: con la medida que medís,
os medirán otros, y será añadido á vosotros
los que oís.
25
Porque al que tiene, le será dado; y al que no tiene, aun lo que
tiene le será quitado.
26
Decía más: Así es el reino de Dios, como si un hombre
echa simiente en la tierra;
27
Y duerme, y se levanta de noche y de día, y la simiente brota y
crece como él no sabe.
28
Porque de suyo fructifica la tierra, primero hierba, luego espiga, después
grano lleno en la espiga;
29
Y cuando el fruto fuere producido, luego se mete la hoz, porque la siega
es llegada.
30
Y decía: ¿A qué haremos semejante el reino de Dios?
¿ó con qué parábola le compararemos?
31
Es como el grano de mostaza, que, cuando se siembra en tierra, es la más
pequeña de todas las simientes que hay en la tierra;
32
Mas después de sembrado, sube, y se hace la mayor de todas las
legumbres, y echa grandes ramas, de tal manera que las aves del cielo
puedan morar bajo su sombra.
33
Y con muchas tales parábolas les hablaba la palabra, conforme á
lo que podían oir.
34
Y sin parábola no les hablaba; mas á sus discípulos
en particular declaraba todo.
35
Y les dijo aquel día cuando fué tarde: Pasemos de la otra
parte.
36
Y despachando la multitud, le tomaron como estaba, en el barco; y había
también con él otros barquitos.
37
Y se levantó una grande tempestad de viento, y echaba las olas
en el barco, de tal manera que ya se henchía.
38
Y él estaba en la popa, durmiendo sobre un cabezal, y le despertaron,
y le dicen: ¿Maestro, no tienes cuidado que perecemos?
39
Y levantándose, increpó al viento, y dijo á la mar:
Calla, enmudece. Y cesó el viento, y fué hecha grande bonanza.
40
Y á ellos dijo: ¿Por qué estáis así
amedrentados? ¿Cómo no tenéis fe?
41
Y temieron con gran temor, y decían el uno al otro. ¿Quién
es éste, que aun el viento y la mar le obedecen?
Marcos 5
1
Y VINIERON de la otra parte de la mar á la provincia de los Gadarenos.
2
Y salido él del barco, luego le salió al encuentro, de los
sepulcros, un hombre con un espíritu inmundo,
3
Que tenía domicilio en los sepulcros, y ni aun con cadenas le podía
alguien atar;
4
Porque muchas veces había sido atado con grillos y cadenas, mas
las cadenas habían sido hechas pedazos por él, y los grillos
desmenuzados; y nadie le podía domar.
5
Y siempre, de día y de noche, andaba dando voces en los montes
y en los sepulcros, é hiriéndose con las piedras.
6
Y como vió á Jesús de lejos, corrió, y le
adoró.
7
Y clamando á gran voz, dijo: ¿Qué tienes conmigo,
Jesús, Hijo del Dios Altísimo? Te conjuro por Dios que no
me atormentes.
8
Porque le decía: Sal de este hombre, espíritu inmundo.
9
Y le preguntó: ¿Cómo te llamas? Y respondió
diciendo: Legión me llamo; porque somos muchos.
10
Y le rogaba mucho que no le enviase fuera de aquella provincia.
11
Y estaba allí cerca del monte una grande manada de puercos paciendo.
12
Y le rogaron todos los demonios, diciendo: Envíanos á los
puercos para que entremos en ellos.
13
Y luego Jesús se lo permitió. Y saliendo aquellos espíritus
inmundos, entraron en los puercos, y la manada cayó por un despeñadero
en la mar; los cuales eran como dos mil; y en la mar se ahogaron.
14
Y los que apacentaban los puercos huyeron, y dieron aviso en la ciudad
y en los campos. Y salieron para ver qué era aquello que había
acontecido.
15
Y vienen á Jesús, y ven al que había sido atormentado
del demonio, y que había tenido la legión, sentado y vestido,
y en su juicio cabal; y tuvieron miedo.
16
Y les contaron los que lo habían visto, cómo había
acontecido al que había tenido el demonio, y lo de los puercos.
17
Y comenzaron á rogarle que se fuese de los términos de ellos.
18
Y entrando él en el barco, le rogaba el que había sido fatigado
del demonio, para estar con él.
19
Mas Jesús no le permitió, sino le dijo: Vete á tu
casa, á los tuyos, y cuéntales cuán grandes cosas
el Señor ha hecho contigo, y cómo ha tenido misericordia
de ti.
20
Y se fué, y comenzó á publicar en Decápolis
cuan grandes cosas Jesús había hecho con él: y todos
se maravillaban.
21
Y pasando otra vez Jesús en un barco á la otra parte, se
juntó á él gran compañía; y estaba
junto á la mar.
22
Y vino uno de los príncipes de la sinagoga, llamado Jairo; y luego
que le vió, se postró á sus pies,
23
Y le rogaba mucho, diciendo: Mi hija está á la muerte: ven
y pondrás las manos sobre ella para que sea salva, y vivirá.
24
Y fué con él, y le seguía gran compañía,
y le apretaban.
25
Y una mujer que estaba con flujo de sangre doce años hacía,
26
Y había sufrido mucho de muchos médicos, y había
gastado todo lo que tenía, y nada había aprovechado, antes
le iba peor,
27
Como oyó hablar de Jesús, llegó por detrás
entre la compañía, y tocó su vestido.
28
Porque decía: Si tocare tan solamente su vestido, seré salva.
29
Y luego la fuente de su sangre se secó; y sintió en el cuerpo
que estaba sana de aquel azote.
30
Y luego Jesús, conociendo en sí mismo la virtud que había
salido de él, volviéndose á la compañía,
dijo: ¿Quién ha tocado mis vestidos?
31
Y le dijeron sus discípulos: Ves que la multitud te aprieta, y
dices: ¿Quién me ha tocado?
32
Y él miraba alrededor para ver á la que había hecho
esto.
33
Entonces la mujer, temiendo y temblando, sabiendo lo que en sí
había sido hecho, vino y se postró delante de él,
y le dijo toda la verdad.
34
Y él le dijo: Hija, tu fe te ha hecho salva: ve en paz, y queda
sana de tu azote.
35
Hablando aún él, vinieron de casa del príncipe de
la sinagoga, diciendo: Tu hija es muerta; ¿para qué fatigas
más al Maestro?
36
Mas luego Jesús, oyendo esta razón que se decía,
dijo al príncipe de la sinagoga: No temas, cree solamente.
37
Y no permitió que alguno viniese tras él sino Pedro, y Jacobo,
y Juan hermano de Jacobo.
38
Y vino á casa del príncipe de la sinagoga, y vió
el alboroto, los que lloraban y gemían mucho.
39
Y entrando, les dice: ¿Por qué alborotáis y lloráis?
La muchacha no es muerta, mas duerme.
40
Y hacían burla de él: mas él, echados fuera todos,
toma al padre y á la madre de la muchacha, y á los que estaban
con él, y entra donde la muchacha estaba.
41
Y tomando la mano de la muchacha, le dice: Talitha cumi; que es, si lo
interpretares: Muchacha, á ti digo, levántate.
42
Y luego la muchacha se levantó, y andaba; porque tenía doce
años. Y se espantaron de grande espanto.
43
Mas él les mandó mucho que nadie lo supiese, y dijo que
le diesen de comer.
Marcos 6
1
Y SALIO de allí, y vino á su tierra, y le siguieron sus
discípulos.
2
Y llegado el sábado, comenzó á enseñar en
la sinagoga; y muchos oyéndole, estaban atónitos, diciendo:
¿De dónde tiene éste estas cosas? ¿Y qué
sabiduría es ésta que le es dada, y tales maravillas que
por sus manos son hechas?
3
¿No es éste el carpintero, hijo de María, hermano
de Jacobo, y de José, y de Judas, y de Simón? ¿No
están también aquí con nosotros, sus hermanas? Y
se escandalizaban en él.
4
Mas Jesús les decía: No hay profeta deshonrado sino en su
tierra, y entre sus parientes, y en su casa.
5
Y no pudo hacer allí alguna maravilla; solamente sanó unos
pocos enfermos, poniendo sobre ellos las manos.
6
Y estaba maravillado de la incredulidad de ellos. Y rodeaba las aldeas
de alrededor, enseñando.
7
Y llamó á los doce, y comenzó á enviarlos
de dos en dos: y les dió potestad sobre los espíritus inmundos.
8
Y les mandó que no llevasen nada para el camino, sino solamente
báculo; no alforja, ni pan, ni dinero en la bolsa;
9
Mas que calzasen sandalias, y no vistiesen dos túnicas.
10
Y les decía: Donde quiera que entréis en una casa, posad
en ella hasta que salgáis de allí.
11
Y todos aquellos que no os recibieren ni os oyeren, saliendo de allí,
sacudid el polvo que está debajo de vuestros pies, en testimonio
á ellos. De cierto os digo que más tolerable será
el castigo de los de Sodoma y Gomorra el día del juicio, que el
de aquella ciudad.
12
Y saliendo, predicaban que los hombres se arrepintiesen.
13
Y echaban fuera muchos demonios, y ungían con aceite á muchos
enfermos, y sanaban.
14
Y oyó el rey Herodes la fama de Jesús, porque su nombre
se había hecho notorio; y dijo: Juan el que bautizaba, ha resucitado
de los muertos, y por tanto, virtudes obran en él.
15
Otros decían: Elías es. Y otros decían: Profeta es,
ó alguno de los profetas.
16
Y oyéndo lo Herodes, dijo: Este es Juan el que yo degollé:
él ha resucitado de los muertos.
17
Porque el mismo Herodes había enviado, y prendido á Juan,
y le había aprisionado en la cárcel á causa de Herodías,
mujer de Felipe su hermano; pues la había tomado por mujer.
18
Porque Juan decía á Herodes: No te es lícito tener
la mujer de tu hermano.
19
Mas Herodías le acechaba, y deseaba matarle, y no podía:
20
Porque Herodes temía á Juan, sabiendo que era varón
justo y santo, y le tenía respeto: y oyéndole, hacía
muchas cosas; y le oía de buena gana.
21
Y venido un día oportuno, en que Herodes, en la fiesta de su nacimiento,
daba una cena á sus príncipes y tribunos, y á los
principales de Galilea;
22
Y entrando la hija de Herodías, y danzando, y agradando á
Herodes y á los que estaban con él á la mesa, el
rey dijo á la muchacha: Pídeme lo que quisieres, que yo
te lo daré.
23
Y le juró: Todo lo que me pidieres te daré, hasta la mitad
de mi reino.
24
Y saliendo ella, dijo á su madre: ¿Qué pediré?
Y ella dijo: La cabeza de Juan Bautista.
25
Entonces ella entró prestamente al rey, y pidió, diciendo:
Quiero que ahora mismo me des en un plato la cabeza de Juan Bautista.
26
Y el rey se entristeció mucho; mas á causa del juramento,
y de los que estaban con él á la mesa, no quiso desecharla.
27
Y luego el rey, enviando uno de la guardia, mandó que fuese traída
su cabeza;
28
El cual fué, y le degolló en la cárcel, y trajó
su cabeza en un plato, y la dió á la muchacha, y la muchacha
la dió á su madre.
29
Y oyéndo lo sus discípulos, vinieron y tomaron su cuerpo,
y le pusieron en un sepulcro.
30
Y los apóstoles se juntaron con Jesús, y le contaron todo
lo que habían hecho, y lo que habían enseñado.
31
Y él les dijo: Venid vosotros aparte al lugar desierto, y reposad
un poco. Porque eran muchos los que iban y venían, que ni aun tenían
lugar de comer.
32
Y se fueron en un barco al lugar desierto aparte.
33
Y los vieron ir muchos, y le conocieron; y concurrieron allá muchos
á pie de las ciudades, y llegaron antes que ellos, y se juntaron
á él.
34
Y saliendo Jesús vió grande multitud, y tuvo compasión
de ellos, porque eran como ovejas que no tenían pastor; y les comenzó
á enseñar muchas cosas.
35
Y como ya fuese el día muy entrado, sus discípulos llegaron
á él, diciendo: El lugar es desierto, y el día ya
muy entrado;
36
Envíalos para que vayan á los cortijos y aldeas de alrededor,
y compren para sí pan; porque no tienen qué comer.
37
Y respondiendo él, les dijo: Dadles de comer vosotros. Y le dijeron:
¿Que vayamos y compremos pan por doscientos denarios, y les demos
de comer?
38
Y él les dice: ¿Cuántos panes tenéis? Id,
y vedlo. Y sabiéndolo, dijeron: Cinco, y dos peces.
39
Y les mandó que hiciesen recostar á todos por partidas sobre
la hierba verde.
40
Y se recostaron por partidas, de ciento en ciento, y de cincuenta en cincuenta.
41
Y tomados los cinco panes y los dos peces, mirando al cielo, bendijo,
y partió los panes, y dió á sus discípulos
para que los pusiesen delante: y repartió á todos los dos
peces.
42
Y comieron todos, y se hartaron.
43
Y alzaron de los pedazos doce cofines llenos, y de los peces.
44
Y los que comieron eran cinco mil hombres.
45
Y luego dió priesa á sus discípulos á subir
en el barco, é ir delante de él á Bethsaida de la
otra parte, entre tanto que él despedía la multitud.
46
Y después que los hubo despedido, se fué al monte á
orar.
47
Y como fué la tarde, el barco estaba en medio de la mar, y él
solo en tierra.
48
Y los vió fatigados bogando, porque el viento les era contrario:
y cerca de la cuarta vigilia de la noche, vino á ellos andando
sobre la mar, y quería precederlos.
49
Y viéndole ellos, que andaba sobre la mar, pensaron que era fantasma,
y dieron voces;
50
Porque todos le veían, y se turbaron. Mas luego habló con
ellos, y les dijo: Alentaos; yo soy, no temáis.
51
Y subió á ellos en el barco, y calmó el viento: y
ellos en gran manera estaban fuera de sí, y se maravillaban:
52
Porque aun no habían considerado lo de los panes, por cuanto estaban
ofuscados sus corazones.
53
Y cuando estuvieron de la otra parte, vinieron á tierra de Genezaret,
y tomaron puerto.
54
Y saliendo ellos del barco, luego le conocieron.
55
Y recorriendo toda la tierra de alrededor, comenzaron á traer de
todas partes enfermos en lechos, á donde oían que estaba.
56
Y donde quiera que entraba, en aldeas, ó ciudades, ó heredades,
ponían en las calles á los que estaban enfermos, y le rogaban
que tocasen siquiera el borde de su vestido; y todos los que le tocaban
quedaban sanos.