El Santo Evangelio Según
SAN MATEO
Genealogía de Jesucristo
Mateo 1
1
LIBRO de la generación de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham.
2
Abraham engendró á Isaac: é Isaac engendró
á Jacob: y Jacob engendró á Judas y á sus
hermanos:
3
Y Judas engendró de Thamar á Phares y á Zara: y Phares
engendró á Esrom: y Esrom engendró á Aram:
4
Y Aram engendró á Aminadab: y Aminadab engendró á
Naassón: y Naassón engendró á Salmón:
5
Y Salmón engendró de Rachâb á Booz, y Booz
engendró de Ruth á Obed y Obed engendró á
Jessé:
6
Y Jessé engendró al rey David: y el rey David engendró
á Salomón de la que fué mujer de Urías:
7
Y Salomón engendró á Roboam: y Roboam engendró
á Abía: y Abía engendró á Asa:
8
Y Asa engendró á Josaphat: y Josaphat engendró á
Joram: y Joram engendró á Ozías:
9
Y Ozías engendró á Joatam: y Joatam engendró
á Achâz: y Achâz engendró á Ezechîas:
10
Y Ezechîas engendró á Manasés: y Manasés
engendró á Amón: y Amón engendró á
Josías:
11
Y Josías engendró á Jechônías y á
sus hermanos, en la transmigración de Babilonia.
12
Y después de la transmigración de Babilonia, Jechônías
engendró á Salathiel: y Salathiel engendró á
Zorobabel:
13
Y Zorobabel engendró á Abiud: y Abiud engendró á
Eliachîm: y Eliachîm engendró á Azor:
14
Y Azor engendró á Sadoc: y Sadoc engendró á
Achîm: y Achîm engendró á Eliud:
15
Y Eliud engendró á Eleazar: y Eleazar engendró á
Mathán: y Mathán engendró á Jacob:
16
Y Jacob engendró á José, marido de María,
de la cual nació Jesús, el cual es llamado el Cristo.
17
De manera que todas las generaciones desde Abraham hasta David son catorce
generaciones: y desde David hasta la transmigración de Babilonia,
catorce generaciones: y desde la transmigración de Babilonia hasta
Cristo, catorce generaciones.
18
Y el nacimiento de Jesucristo fué así: Que siendo María
su madre desposada con José, antes que se juntasen, se halló
haber concebido del Espíritu Santo.
19
Y José su marido, como era justo, y no quisiese infamarla, quiso
dejarla secretamente.
20
Y pensando él en esto, he aquí el ángel del Señor
le aparece en sueños, diciendo: José, hijo de David, no
temas de recibir á María tu mujer, porque lo que en ella
es engendrado, del Espíritu Santo es.
21
Y parirá un hijo, y llamarás su nombre JESUS, porque él
salvará á su pueblo de sus pecados.
22
Todo esto aconteció para que se cumpliese lo que fué dicho
por el Señor, por el profeta que dijo:
23
He aquí la virgen concebirá y parirá un hijo, Y llamarás
su nombre Emmanuel, que declarado, es: Con nosotros Dios.
24
Y despertando José del sueño, hizo como el ángel
del Señor le había mandado, y recibió á su
mujer.
25
Y no la conoció hasta que parió á su hijo primogénito:
y llamó su nombre JESUS.
Mateo 2
1
Y COMO fué nacido Jesús en Bethlehem de Judea en días
del rey Herodes, he aquí unos magos vinieron del oriente á
Jerusalem,
2
Diciendo: ¿Dónde está el Rey de los Judíos,
que ha nacido? porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos
á adorarle.
3
Y oyendo esto el rey Herodes, se turbó, y toda Jerusalem con él.
4
Y convocados todos los príncipes de los sacerdotes, y los escribas
del pueblo, les preguntó dónde había de nacer el
Cristo.
5
Y ellos le dijeron: En Bethlehem de Judea; porque así está
escrito por el profeta:
6
Y tú, Bethlehem, de tierra de Judá, No eres muy pequeña
entre los príncipes de Judá; Porque de ti saldrá
un guiador, Que apacentará á mi pueblo Israel.
7
Entonces Herodes, llamando en secreto á los magos, entendió
de ellos diligentemente el tiempo del aparecimiento de la estrella;
8
Y enviándolos á Bethlehem, dijo: Andad allá, y preguntad
con diligencia por el niño; y después que le hallareis,
hacédmelo saber, para que yo también vaya y le adore.
9
Y ellos, habiendo oído al rey, se fueron: y he aquí la estrella
que habían visto en el oriente, iba delante de ellos, hasta que
llegando, se puso sobre donde estaba el niño.
10
Y vista la estrella, se regocijaron con muy grande gozo.
11
Y entrando en la casa, vieron al niño con su madre María,
y postrándose, le adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron
dones, oro, é incienso y mirra.
12
Y siendo avisados por revelación en sueños que no volviesen
á Herodes, se volvieron á su tierra por otro camino.
13
Y partidos ellos, he aquí el ángel del Señor aparece
en sueños á José, diciendo: Levántate, y toma
al niño y á su madre, y huye á Egipto, y estáte
allá hasta que yo te lo diga; porque ha de acontecer, que Herodes
buscará al niño para matarlo.
14
Y él despertando, tomó al niño y á su madre
de noche, y se fué á Egipto;
15
Y estuvo allá hasta la muerte de Herodes: para que se cumpliese
lo que fué dicho por el Señor, por el profeta que dijo:
De Egipto llamé á mi Hijo.
16
Herodes entonces, como se vió burlado de los magos, se enojó
mucho, y envió, y mató á todos los niños que
había en Bethlehem y en todos sus términos, de edad de dos
años abajo, conforme al tiempo que había entendido de los
magos.
17
Entonces fué cumplido lo que se había dicho por el profeta
Jeremías, que dijo:
18
Voz fué oída en Ramá, Grande lamentación,
lloro y gemido: Rachêl que llora sus hijos, Y no quiso ser consolada,
porque perecieron.
19
Mas muerto Herodes, he aquí el ángel del Señor aparece
en sueños á José en Egipto,
20
Diciendo: Levántate, y toma al niño y á su madre,
y vete á tierra de Israel; que muertos son los que procuraban la
muerte del niño.
21
Entonces él se levantó, y tomó al niño y á
su madre, y se vino á tierra de Israel.
22
Y oyendo que Archelao reinaba en Judea en lugar de Herodes su padre, temió
ir allá: mas amonestado por revelación en sueños,
se fué á las partes de Galilea.
23
Y vino, y habitó en la ciudad que se llama Nazaret: para que se
cumpliese lo que fué dicho por los profetas, que había de
ser llamado Nazareno.
Mateo 3
1
Y EN aquellos días vino Juan el Bautista predicando en el desierto
de Judea,
2
Y diciendo: Arrepentíos, que el reino de los cielos se ha acercado.
3
Porque éste es aquel del cual fué dicho por el profeta Isaías,
que dijo: Voz de uno que clama en el desierto: Aparejad el camino del
Señor, Enderezad sus veredas.
4
Y tenía Juan su vestido de pelos de camellos, y una cinta de cuero
alrededor de sus lomos; y su comida era langostas y miel silvestre.
5
Entonces salía á él Jerusalem, y toda Judea, y toda
la provincia de alrededor del Jordán;
6
Y eran bautizados de él en el Jordán, confesando sus pecados.
7
Y viendo él muchos de los Fariseos y de los Saduceos, que venían
á su bautismo, decíales: Generación de víboras,
¿quién os ha enseñado á huir de la ira que
vendrá?
8
Haced pues frutos dignos de arrepentimiento,
9
Y no penséis decir dentro de vosotros: á Abraham tenemos
por padre: porque yo os digo, que puede Dios despertar hijos á
Abraham aun de estas piedras.
10
Ahora, ya también la segur está puesta á la raíz
de los árboles; y todo árbol que no hace buen fruto, es
cortado y echado en el fuego.
11
Yo á la verdad os bautizo en agua para arrepentimiento; mas el
que viene tras mí, más poderoso es que yo; los zapatos del
cual yo no soy digno de llevar; él os bautizará en Espíritu
Santo y en fuego
12
Su aventador en su mano está, y aventará su era: y allegará
su trigo en el alfolí, y quemará la paja en fuego que nunca
se apagará.
13
Entonces Jesús vino de Galilea á Juan al Jordán,
para ser bautizado de él.
14
Mas Juan lo resistía mucho, diciendo: Yo he menester ser bautizado
de ti, ¿y tú vienes á mí?
15
Empero respondiendo Jesús le dijo: Deja ahora; porque así
nos conviene cumplir toda justicia. Entonces le dejó.
16
Y Jesús, después que fué bautizado, subió
luego del agua; y he aquí los cielos le fueron abiertos, y vió
al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía
sobre él.
17
Y he aquí una voz de los cielos que decía: Este es mi Hijo
amado, en el cual tengo contentamiento.
Mateo 4
1
ENTONCES Jesús fué llevado del Espíritu al desierto,
para ser tentado del diablo.
2
Y habiendo ayunado cuarenta días y cuarenta noches, después
tuvo hambre.
3
Y llegándose á él el tentador, dijo: Si eres Hijo
de Dios, di que estas piedras se hagan pan.
4
Mas él respondiendo, dijo: Escrito está: No con solo el
pan vivirá el hombre, mas con toda palabra que sale de la boca
de Dios.
5
Entonces el diablo le pasa á la santa ciudad, y le pone sobre las
almenas del templo,
6
Y le dice: Si eres Hijo de Dios, échate abajo; que escrito está:
A sus ángeles mandará por ti, Y te alzarán en las
manos, Para que nunca tropieces con tu pie en piedra.
7
Jesús le dijo: Escrito está además: No tentarás
al Señor tu Dios.
8
Otra vez le pasa el diablo á un monte muy alto, y le muestra todos
los reinos del mundo, y su gloria,
9
Y dícele: Todo esto te daré, si postrado me adorares.
10
Entonces Jesús le dice: Vete, Satanás, que escrito está:
Al Señor tu Dios adorarás y á él solo servirás.
11
El diablo entonces le dejó: y he aquí los ángeles
llegaron y le servían.
12
Mas oyendo Jesús que Juan era preso, se volvió á
Galilea;
13
Y dejando á Nazaret, vino y habitó en Capernaum, ciudad
marítima, en los confines de Zabulón y de Nephtalim:
14
Para que se cumpliese lo que fué dicho por el profeta Isaías,
que dijo:
15
La tierra de Zabulón, y la tierra de Nephtalim, Camino de la mar,
de la otra parte del Jordán, Galilea de los Gentiles;
16
El pueblo asentado en tinieblas, Vió gran luz; Y á los sentados
en región y sombra de muerte, Luz les esclareció.
17
Desde entonces comenzó Jesús á predicar, y á
decir: Arrepentíos, que el reino de los cielos se ha acercado.
18
Y andando Jesús junto á la mar de Galilea, vió á
dos hermanos, Simón, que es llamado Pedro, y Andrés su hermano,
que echaban la red en la mar; porque eran pescadores.
19
Y díceles: Venid en pos de mí, y os haré pescadores
de hombres.
20
Ellos entonces, dejando luego las redes, le siguieron.
21
Y pasando de allí vió otros dos hermanos, Jacobo, hijo de
Zebedeo, y Juan su hermano, en el barco con Zebedeo, su padre, que remendaban
sus redes; y los llamó.
22
Y ellos, dejando luego el barco y á su padre, le siguieron.
23
Y rodeó Jesús toda Galilea, enseñando en las sinagogas
de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad
y toda dolencia en el pueblo.
24
Y corría su fama por toda la Siria; y le trajeron todos los que
tenían mal: los tomados de diversas enfermedades y tormentos, y
los endemoniados, y lunáticos, y paralíticos, y los sanó.
25
Y le siguieron muchas gentes de Galilea y de Decápolis y de Jerusalem
y de Judea y de la otra parte del Jordán.
Mateo 5
1
Y VIENDO las gentes, subió al monte; y sentándose, se llegaron
á él sus discípulos.
2
Y abriendo su boca, les enseñaba, diciendo:
3
Bienaventurados los pobres en espíritu: porque de ellos es el reino
de los cielos.
4
Bienaventurados los que lloran: porque ellos recibirán consolación.
5
Bienaventurados los mansos: porque ellos recibirán la tierra por
heredad.
6
Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia: porque ellos
serán hartos.
7
Bienaventurados los misericordiosos: porque ellos alcanzarán misericordia.
8
Bienaventurados los de limpio corazón: porque ellos verán
á Dios.
9
Bienaventurados los pacificadores: porque ellos serán llamados
hijos de Dios.
10
Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia:
porque de ellos es el reino de los cielos.
11
Bienaventurados sois cuando os vituperaren y os persiguieren, y dijeren
de vosotros todo mal por mi causa, mintiendo.
12
Gozaos y alegraos; porque vuestra merced es grande en los cielos: que
así persiguieron á los profetas que fueron antes de vosotros.
13
Vosotros sois la sal de la tierra: y si la sal se desvaneciere ¿con
qué será salada? no vale más para nada, sino para
ser echada fuera y hollada de los hombres.
14
Vosotros sois la luz del mundo: una ciudad asentada sobre un monte no
se puede esconder.
15
Ni se enciende una lámpara y se pone debajo de un almud, mas sobre
el candelero, y alumbra á todos los que están en casa.
16
Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras
obras buenas, y glorifiquen á vuestro Padre que está en
los cielos.
17
No penséis que he venido para abrogar la ley ó los profetas:
no he venido para abrogar, sino á cumplir.
18
Porque de cierto os digo, que hasta que perezca el cielo y la tierra,
ni una jota ni un tilde perecerá de la ley, hasta que todas las
cosas sean hechas.
19
De manera que cualquiera que infringiere uno de estos mandamientos muy
pequeños, y así enseñare á los hombres, muy
pequeño será llamado en el reino de los cielos: mas cualquiera
que hiciere y enseñare, éste será llamado grande
en el reino de los cielos.
20
Porque os digo, que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas
y de los Fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.
21
Oísteis que fué dicho á los antiguos: No matarás;
mas cualquiera que matare, será culpado del juicio.
22
Mas yo os digo, que cualquiera que se enojare locamente con su hermano,
será culpado del juicio; y cualquiera que dijere á su hermano,
Raca, será culpado del concejo; y cualquiera que dijere, Fatuo,
será culpado del infierno del fuego.
23
Por tanto, si trajeres tu presente al altar, y allí te acordares
de que tu hermano tiene algo contra ti,
24
Deja allí tu presente delante del altar, y vete, vuelve primero
en amistad con tu hermano, y entonces ven y ofrece tu presente.
25
Concíliate con tu adversario presto, entre tanto que estás
con él en el camino; porque no acontezca que el adversario te entregue
al juez, y el juez te entregue al alguacil, y seas echado en prisión.
26
De cierto te digo, que no saldrás de allí, hasta que pagues
el último cuadrante.
27
Oísteis que fué dicho: No adulterarás:
28
Mas yo os digo, que cualquiera que mira á una mujer para codiciarla,
ya adulteró con ella en su corazón.
29
Por tanto, si tu ojo derecho te fuere ocasión de caer, sácalo,
y échalo de ti: que mejor te es que se pierda uno de tus miembros,
que no que todo tu cuerpo sea echado al infierno.
30
Y si tu mano derecha te fuere ocasión de caer, córtala,
y échala de ti: que mejor te es que se pierda uno de tus miembros,
que no que todo tu cuerpo sea echado al infierno.
31
También fué dicho: Cualquiera que repudiare á su
mujer, déle carta de divorcio:
32
Mas yo os digo, que el que repudiare á su mujer, fuera de causa
de fornicación, hace que ella adultere; y el que se casare con
la repudiada, comete adulterio.
33
Además habéis oído que fué dicho á
los antiguos: No te perjurarás; mas pagarás al Señor
tus juramentos.
34
Mas yo os digo: No juréis en ninguna manera: ni por el cielo, porque
es el trono de Dios;
35
Ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalem,
porque es la ciudad del gran Rey.
36
Ni por tu cabeza jurarás, porque no puedes hacer un cabello blanco
ó negro.
37
Mas sea vuestro hablar: Sí, sí; No, no; porque lo que es
más de esto, de mal procede.
38
Oísteis que fué dicho á los antiguos: Ojo por ojo,
y diente por diente.
39
Mas yo os digo: No resistáis al mal; antes á cualquiera
que te hiriere en tu mejilla diestra, vuélvele también la
otra;
40
Y al que quisiere ponerte á pleito y tomarte tu ropa, déjale
también la capa;
41
Y á cualquiera que te cargare por una milla, ve con él dos.
42
Al que te pidiere, dale; y al que quisiere tomar de ti prestado, no se
lo rehuses.
43
Oísteis que fué dicho: Amarás á tu prójimo,
y aborrecerás á tu enemigo.
44
Mas yo os digo: Amad á vuestros enemigos, bendecid á los
que os maldicen, haced bien á los que os aborrecen, y orad por
los que os ultrajan y os persiguen;
45
Para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos:
que hace que su sol salga sobre malos y buenos, y llueve sobre justos
é injustos.
46
Porque si amareis á los que os aman, ¿qué recompensa
tendréis? ¿no hacen también lo mismo los publicanos?
47
Y si abrazareis á vuestros hermanos solamente, ¿qué
hacéis de más? ¿no hacen también así
los Gentiles?
48
Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los
cielos es perfecto.
Mateo 6
1
MIRAD que no hagáis vuestra justicia delante de los hombres, para
ser vistos de ellos: de otra manera no tendréis merced de vuestro
Padre que está en los cielos.
2
Cuando pues haces limosna, no hagas tocar trompeta delante de ti, como
hacen los hipócritas en las sinagogas y en las plazas, para ser
estimados de los hombres: de cierto os digo, que ya tienen su recompensa.
3
Mas cuando tú haces limosna, no sepa tu izquierda lo que hace tu
derecha;
4
Para que sea tu limosna en secreto: y tu Padre que ve en secreto, él
te recompensará en público.
5
Y cuando oras, no seas como los hipócritas; porque ellos aman el
orar en las sinagogas, y en los cantones de las calles en pie, para ser
vistos de los hombres: de cierto os digo, que ya tienen su pago.
6
Mas tú, cuando oras, éntrate en tu cámara, y cerrada
tu puerta, ora á tu Padre que está en secreto; y tu Padre
que ve en secreto, te recompensará en público.
7
Y orando, no seáis prolijos, como los Gentiles; que piensan que
por su parlería serán oídos.
8
No os hagáis, pues, semejantes á ellos; porque vuestro Padre
sabe de qué cosas tenéis necesidad, antes que vosotros le
pidáis.
9
Vosotros pues, oraréis así: Padre nuestro que estás
en los cielos, santificado sea tu nombre.
10
Venga tu reino. Sea hecha tu voluntad, como en el cielo, así también
en la tierra.
11
Danos hoy nuestro pan cotidiano.
12
Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos
á nuestros deudores.
13
Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal: porque
tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén.
14
Porque si perdonareis á los hombres sus ofensas, os perdonará
también á vosotros vuestro Padre celestial.
15
Mas si no perdonareis á los hombres sus ofensas, tampoco vuestro
Padre os perdonará vuestras ofensas.
16
Y cuando ayunáis, no seáis como los hipócritas, austeros;
porque ellos demudan sus rostros para parecer á los hombres que
ayunan: de cierto os digo, que ya tienen su pago.
17
Mas tú, cuando ayunas, unge tu cabeza y lava tu rostro;
18
Para no parecer á los hombres que ayunas, sino á tu Padre
que está en secreto: y tu Padre que ve en secreto, te recompensará
en público.
19
No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín
corrompe, y donde ladronas minan y hurtan;
20
Mas haceos tesoros en el cielo, donde ni polilla ni orín corrompe,
y donde ladrones no minan ni hurtan:
21
Porque donde estuviere vuestro tesoro, allí estará vuestro
corazón.
22
La lámpara del cuerpo es el ojo: así que, si tu ojo fuere
sincero, todo tu cuerpo será luminoso:
23
Mas si tu ojo fuere malo, todo tu cuerpo será tenebroso. Así
que, si la lumbre que en ti hay son tinieblas, ¿cuántas
serán las mismas tinieblas?
24
Ninguno puede servir á dos señores; porque ó aborrecerá
al uno y amará al otro, ó se llegará al uno y menospreciará
al otro: no podéis servir á Dios y á Mammón.
25
Por tanto os digo: No os congojéis por vuestra vida, qué
habéis de comer, ó que habéis de beber; ni por vuestro
cuerpo, qué habéis de vestir: ¿no es la vida más
que el alimento, y el cuerpo que el vestido?
26
Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni allegan en alfolíes;
y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No sois vosotros mucho
mejores que ellas?.
27
Mas ¿quién de vosotros podrá, congojándose,
añadir á su estatura un codo?
28
Y por el vestido ¿por qué os congojáis? Reparad los
lirios del campo, cómo crecen; no trabajan ni hilan;
29
Mas os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria fué vestido
así como uno de ellos.
30
Y si la hierba del campo que hoy es, y mañana es echada en el horno,
Dios la viste así, ¿no hará mucho más á
vosotros, hombres de poca fe?
31
No os congojéis pues, diciendo: ¿Qué comeremos, ó
qué beberemos, ó con qué nos cubriremos?
32
Porque los Gentiles buscan todas estas cosas: que vuestro Padre celestial
sabe que de todas estas cosas habéis menester.
33
Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas
cosas os serán añadidas.
34
Así que, no os congojéis por el día de mañana;
que el día de mañana traerá su fatiga: basta al día
su afán.
Mateo 7
1
NO juzguéis, para que no seáis juzgados.
2
Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados; y
con la medida con que medís, os volverán á medir.
3
Y ¿por qué miras la mota que está en el ojo de tu
hermano, y no echas de ver la viga que está en tu ojo?
4
O ¿cómo dirás á tu hermano: Espera, echaré
de tu ojo la mota, y he aquí la viga en tu ojo?
5
¡Hipócrita! echa primero la viga de tu ojo, y entonces mirarás
en echar la mota del ojo de tu hermano.
6
No deis lo santo á los perros, ni echéis vuestras perlas
delante de los puercos; porque no las rehuellen con sus pies, y vuelvan
y os despedacen.
7
Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os
abrirá.
8
Porque cualquiera que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama,
se abrirá.
9
¿Qué hombre hay de vosotros, á quien si su hijo pidiere
pan, le dará una piedra?
10
¿Y si le pidiere un pez, le dará una serpiente?
11
Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas
á vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre
que está en los cielos, dará buenas cosas á los que
le piden?
12
Así que, todas las cosas que quisierais que los hombres hiciesen
con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque
esta es la ley y los profetas.
13
Entrad por la puerta estrecha: porque ancha es la puerta, y espacioso
el camino que lleva á perdición, y muchos son los que entran
por ella.
14
Porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva á la
vida, y pocos son los que la hallan.
15
Y guardaos de los falsos profetas, que vienen á vosotros con vestidos
de ovejas, mas de dentro son lobos rapaces.
16
Por sus frutos los conoceréis. ¿Cógense uvas de los
espinos, ó higos de los abrojos?
17
Así, todo buen árbol lleva buenos frutos; mas el árbol
maleado lleva malos frutos.
18
No puede el buen árbol llevar malos frutos, ni el árbol
maleado llevar frutos buenos.
19
Todo árbol que no lleva buen fruto, córtase y échase
en el fuego.
20
Así que, por sus frutos los conoceréis.
21
No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en
el reino de los cielos: mas el que hiciere la voluntad de mi Padre que
está en los cielos.
22
Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor,
¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre lanzamos demonios,
y en tu nombre hicimos mucho milagros?
23
Y entonces les protestaré: Nunca os conocí; apartaos de
mí, obradores de maldad.
24
Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé
á un hombre prudente, que edificó su casa sobre la peña;
25
Y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos,
y combatieron aquella casa; y no cayó: porque estaba fundada sobre
la peña.
26
Y cualquiera que me oye estas palabras, y no las hace, le compararé
á un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena;
27
Y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos,
é hicieron ímpetu en aquella casa; y cayó, y fué
grande su ruina.
28
Y fué que, como Jesús acabó estas palabras, las gentes
se admiraban de su doctrina;
29
Porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas.